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ARIADNA-RC
20 ANIVERSARIO


Ana Martínez Mongay

CASA ARIADNA

Entro en la casa y subo al despacho grande, el del ventanal. Pedro, me ofrece un cuchillo y tres platos con alimentos: una rodaja de algo negro y silbante, una fruta ligera, una porción de sopa sutilmente dulce. Me dice son tuyos: uno sirve para la astucia y otro para caminar entre los hombres. Los otros dos jamás los he usado. No sé qué grita ahora mismo en el bosque. No sé quién va encajando piedras en la boca de las serpientes. No sé por qué los nombres de los animales son distintos. Ven.

Afuera, junto al muro, envuelto en el abrigo viejo de todas sus primaveras, Álvaro cultiva las rosas. Las va sacando una a una de un cartapacio azul. Me ofrece unas gafas rotas y un libro para conjurar la desidia, me ofrece también la culata de un viejo fusil de montaña, la caja de puros con que aprendió a esconder las minas de los pinturines rotos y su mano marcada por la tierra sangrante. Me dice: ven a cenar esta noche.

David, el africano, a lo lejos corre entre los árboles. Estoy aquí, dice, estoy aquí, estoy junto al caldero donde hierven las cosas nobles, estoy bajo la encina que anuda mi tristeza, estoy saltando sobre piedras puntiagudas. Ven, sonríe al verme, canta conmigo. Yo soy la prisa del caracol, la longitud exacta de la palabra invierno, quienes viajan conmigo ya han conocido el rostro de los manantiales. La alondra avanza entre las olas, el erizo es el rey del zodiaco. Ven.

A la mesa del otoño, en el huerto, sentado, Rafael corta con los dedos los frutos rojos. La cereza con su hueso de cián, la grosella con su canto de vieja dormida, la granada y su orgía de sílabas, el tomate con su ventilación de vientre materno. Como con él, venturoso de oídos para la celebración y damos golpes en la madera, y conversamos sobre las marcas que dejan algunos hombres y algunos gusanos en las aceras y en las hamacas. Ven hacia las doce -me dice.

Vuelvo a entrar en la casa y veo a Sebastián en la cocina, calentando leche para el desayuno, minando con sus dedos de equilibrista el pan y el azúcar, llorando la cara triste de las cebollas con ramitas de perejil y hierba mate. Sabes, una noche vi a mi abuela de joven bailando jazz, sola, entre los muebles de una casa antigua, sabes soñé que me rompía los brazos cruzando un río, que todos los precipicios tienen forma de bicicleta. Que los ojos de las mujeres no conocen la ternura. Solo la enmarcan. Ven.

Camino por el pasillo y me encuentro al sonámbulo, el que atraviesa los ojos de la infancia con agujas de madreselva, el que no viene viniendo, quien una vez agotó el significado de todas las palabras y anda ahora recomponiendo sus sonidos, el que porta el fuego. No soy ese –me dice- yo fui quien no he sido. Doy cuenta de las muchedumbres que miran a un punto fijo en la oscuridad, conozco a la humanidad por sus despojos, tan solo el mar sabe traer árboles a la orilla. Me llamo Antonio, ven a la mesa y siéntate cerca de mí.

Hay otro Antonio haciendo ruido en el trastero. Es el cuarto de la necesidad. Cabe desde un alfiler hasta la proa arrancada de cuajo a un ballenero. Sus manos entran en cajas, agitan estanterías, abren puertas llenas de botones, pértigas, botellas de vino de Padua o grandes trozos de bacalao en salmuera. Ya me lo dijo mi abuelo, no sepas nunca donde dejas nada, si aparcas bien el coche que sea en un laberinto, si te enamoras hazlo descuidadamente pues es la única firmeza que concede el amor. La rosa de los vientos es un nenúfar, un hijo es una venganza contra los dioses, las cosas que gritan en el bosque no saben que el terror es transparente. Ven.

Juanma me invita a un trago en el salón. Ha encendido un fuego grande y crepuscular con hojas de acanto, con restos de papeles y escrituras turbias y aceleradas, ha arrancado con sabiduría las portadas de todos los libros futuros. En sus manos se deshacen las manos de las mujeres, en sus ojos se achican hasta la redundancia los ojos de las mujeres, en los círculos de su nuca las mujeres han dejado una marca melancólica. Quedan los niños –me dice- son la única niebla que no perece, en ellos conocemos lo que fuimos. Ven esta noche a brindar con mi copa.

Arriba, en el desván, la sombra de David cruza la casa. Su reflejo se mueve  en las vitrinas, se perfila en la claraboya, convoca destellos en la transparencia de un cristal. La sombra está de pie pero él, sigiloso, repta por el suelo. Tiéndete conmigo, Jesús, ésta es la geografía del esfuerzo. Observa en qué lugar permanece la termita, analiza conmigo la ocultación de la tarántula: desde aquí, el ángulo es admirable: el polvo se suicida con notas de colores, la música es un golpear pausado del dedo corazón, hemos de llegar hasta el dintel de la puerta antes que aquella araña nos invite a un combate mortal. Ven.

Dejo entonces de gritar, de manchar con mi sangre los pasamanos, dejo que mi ropa se refresque en los manantiales. Pienso en la paternidad de los hombres buenos y en el jazz aromático de las palabras de amor, el fuego que redime a los santos y la hermosa desidia de los que han comido bien. Por mi boca se vierte el licor de la ternura y el generoso recostarse de la última hora del crepúsculo. Es hora de cenar.

Ya estoy en casa —me digo—, la única casa de la que nunca he querido salir.

 

 


Jesús Urceloy. Enero 2018

 

En este número XX aniversario contamos con textos, imágenes y música de un gran número de asíduos colaboradores a los cuales damos las gracias de corazón por sus textos, imágenes y el cariñoso soporte brindado durante todos este tiempo:  

Adriana Serlik
Alejandra Coca
Alfonso  Ortuño Aguado
Amparo Baliño
Ana Martínez Mongay
Antonia María Carrascal
Antonio Delgado
Antonio López Mijares
Aurora Banks
Axel del Amo
Axel Vite Navarrete
C. A. Campos
Carlos Asensio
Carmen Teijeiro
Chelo de la Torre
David Collazo
Eduardo Escalante
Ezequías Blanco

Felipe Fernández
Félix Luis Viera
Franz Montaraz
Gema Albornoz
Ivana Zambrano
Jone Miren Asteinza
José Cercas
José Manuelo Alfaro Basilio
Julia Pérez de Manuel
Lizzet Pérez Castro y Omar Antonio Ponce Carrillo
Lourdes Gil
Manolo Moya
Manuel A. Puga
Manuel del Pino
Manuel Quiroga Clérigo
Mari Carmen Moreno
Michela Zanarella

Miguel Ángel Zamora
Nuria Ruiz de Viñaspre
Olga Guadalupe
Patricia Luque Pavón
Pilar García Orgaz
Rafael Haro
Raul Ortega Afonso
Raúl Quintana
Remei Manzanero
Rolando Revagliatti
Sergio Ortiz
Silvia N.Occorso
Sofía de Juan y Raúl Mainer
Tomás Sánchez Hidalgo
Vicente Araguas
Vicente Luis Mora
Xavier Llamas

Este especial cuenta además con las obras de los componentes de ariadna-rc:


Rafael Pérez Castells — Hace 20 años
Antonio Polo — Volver
David Torres — Shackleton abandona el Endurance
Sebastián Fiorilli — 20 años...
Álvaro Muñoz Robledano — Palabras repetidas
Juan Manuel Navas — Y serás preñada hasta diez mil veces
David Foronda — La primera se llama viento...
Antonio Polo — Calles que matan
Jesús Urceloy — Viaje de vuelta en la Nao Ariadna
Pedro Díaz Del Castillo — Laberinto habitado
Jesús Urceloy — Casa Ariadna
Sebastián Fiorilli — Y ahí están vuestros pies

Acompañamos lo textos con ilustraciones de
Pedro Díaz Del Castillo, Nacho Díaz Miyar, Julia Pérez de Manuel y Sebastián Fiorilli

 

 


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