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La edad que no cesa/Surcos del tiempo entre valles
y cerros, vejez cansada

por José Manuel Alfaro

 

 

A los ancianos y su “mapa de la vida”
Nenchō-sha ya karera no `jinsei no chizu'

 

Los árboles de la plaza no dejaban de embellecerla sin pedirles nada a cambio. Los jardines repletos de flores perfumaban el entorno y alegraban los ojos de los paseantes. Las abejas disfrutaban de la jornada libando graciosamente. En todo el recorrido de la plaza, los bancos se mantenían apostados en sus anclajes, y sin faltar un solo día, los ancianos ocupaban los asientos en un mirar, a veces atento a veces perdido, a la vida de inocentes arrebatos y voces blancas que les rondaban.

Los niños jugaban con sus globos de colores. Alguno lloraba al ver el propio desinflado y por los suelos. Otros, se tiraban por los toboganes arrugando sus trajes planchados de casa, y sus madres observadoras, se levantaban riñéndoles en una cariñosa comprensión y un beso de complicidad. Hartos de chupar, tiraban al suelo los cartuchos vacíos y plegados de sus golosinas.

Quejidos y risotadas entre carrerillas y sentadillas,…

Y a pocos metros, porque la vista no da para más, los ancianos miraban, medio presentes o medio ausentes, con las manos puestas de viseras.

Bajo las sombras de sus negras boinas y los rayos de la vida circundante lucían sus costuras, sus rugosidades sin esconderlas, sin despreciarlas, mientras la memoria se perdía entre la tersa piel de los niños,… y aquella lejana infancia con pantalones cortos y sin heridas.

 

 

Surcos del tiempo
entre valles y cerros,
vejez cansada

 

年長者や彼らの「人生の地図」

 

El rostro envejecido de los ancianos muestran las arrugas del paso del tiempo como resultado de la alternancia de las penas y las alegrías, siendo la vida como un fluctuar continuo de buenos y malos momentos que acaba irremisiblemente en el cansancio vital.

 

(Haibun del libro “Hoy es todo lo que tengo” -2014)

 

 


© José Manuel Alfaro

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