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La primera se llama viento...

por David Foronda

 

 

A Pedro Díaz del Castillo
A Sebastián Fiorilli
A Álvaro Muñoz-Robledano
A Juanma Navas
A Rafael P. Castells
A Antonio Polo
A Antonio Rómar
A David Torres
A Jesús Urceloy

Sin vosotros, no hay

 

La primera se llama viento.

La cosa viento golpea y deshace, se abre paso
como un estilete de sombra,

nadie pronuncia “viento” sin llevar semillas de amapolas en los pulmones,
donde la palabra se hace jadeo, grito,
sin llevar
un puñado de tierra escondido en el bolsillo,
Ite, missa est.

La segunda tiene los nombres que se dicen en voz baja
para no perturbar al mar, tan azaroso:

flujo lunar de las cosechas,
clepsidra,
azalea roja de los muertos
y otros nombres que ya no significan nada
y dan miedo.

La tercera de las cosas es el amor;

no diremos nada de las ventanas
   de los patios,
de la piedad oscura de las mordazas

nada diremos del trono sagrado,
           de los hoteles, de cómo los cristales devuelven la penumbra,
de lo incompatible en el pecaminoso ejercicio
           de la bondad.

Ni una palabra más, porque no cambiará nada.

La cuarta es esta esfera armilar, la aventura
todavía,

el descenso de un dios a las entrañas de sí mismo,
oh míranos
aquí
como si fuera posible aún el viaje a las estrellas

o al menos

que al mirar de nuevo atrás
esta vez no hubiera empezado todo

míranos
hermanados en la espera, en la pasión
en el vuelo de la mariposa enferma, en las ruinas
de la torre asediada,
míranos

sabiendo.

 

La cuarta cosa que aprendí todavía no tiene nombre.

 

Imagen a cargo de ignacio díaz miyar


© David Foronda


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