Y ahí están vuestros pies,
como aparece el sol,
como está la herrumbre,
las gargantas tajantes,
la sed.
Y ahí las flores mordidas por dios,
una noche de vergüenzas,
el mundo que asiste,
todo este rocío,
lo sereno.
Y así regresan los amantes,
y ahí los ángulos rectos del rincón,
su suciedad,
los átomos,
todos los castigos.
Y aquí está la muerte,
presunta,
con señas corregibles,
bajo el agua.
Podría estar el hombre,
sus ganas de asomarse,
su costumbre de ladrar,
toda la rabia.
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