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Hay calles que matan (1)

por Antonio Polo

 

Que hay calles que matan es un hecho evidente. Hace unos días murió un hombre de color como resultado de ello, al menos la policía de Arrecife (Lanzarote) afirma que “a Antonio Fonseca lo mató el retrovisor de un coche aparcado en la calle”.

Aquel día, el negro Fonseca, paseaba tranquilamente por la calle De La Igualdad cuando fue reducido por las fuerzas del orden. Lejos de amedrantarse ante lo significativo de aquella calle, la policía lo metió en un portal y se produjo una refriega de la que no tenemos conocimiento. Fonseca ¾suponemos¾ trataría de explicarse; argumentaría que él era un ciudadano con residencia legal en España, sacaría a relucir la Carta Magna, la Declaración de los Derechos del Hombre y todas las demás igualdades que nos asisten en un Estado  democrático. Pero al parecer Fonseca no resultó convincente y por eso al zafarse de los guardias huyó calle abajo. Acosado por sus captores tuvo la mala fortuna de iniciar la huida por la calle De la Porra. Sin duda, aquel no era un buen sitio para huir estando bajo la amenazadora sombra de los agentes y del peso de aquella inquietante calle. Por eso Fonseca decidió recortar su carrera y desandar de nuevo los pasos. Un hombre como él, acostumbrado a dar explicaciones hasta por su sola presencia en el mundo, estaba mejor dotado que sus perseguidores, así que reinició la huida por la calle De La Igualdad. Pero evidentemente Fonseca nunca fue un hombre afortunado, porque al llegar a la Avenida de lo que él creía era la Gran Avenida de la Libertad, giró a la izquierda en una vieja y angosta calle: la Del 18 de Julio. No sabemos lo que le hubiera deparado el futuro si al llegar a esa calle hubiera girado a la derecha, pero en su alocada carrera Fonseca, agobiado, exhausto e imprudente tuvo la osadía de girar a la izquierda en aquel oscuro callejón del pasado. Si al menos el hostigamiento hubiera tenido lugar en París, durante el 18 del Brumario, tal vez hubiera tenido alguna oportunidad, pero no, sucedió en Canarias, en verano, casi al final del segundo milenio, durante la mayor oleada de inmigrantes registrada en la Historia, en la calle Del 18 de Julio. Era, por tanto, éste,  un final  previsible.

¡Si hubiera girado a la derecha!  Si hubiera girado a la derecha hubiera llegado a la Avenida de José Antonio, donde hubiese encontrado por fin el orden restablecido, y en todo caso, un poco más adelante, girando de nuevo a la derecha, hubiera podido contemplar a las marciales huestes del coronel Bens desfilando por su calle. Sólo entonces hubiera comprendido porqué a  veces no hay placas en los cruces de caminos.

 


     Gráfico aparecido en el Diario El País (6/9/00)


Palos de la Frontera, 6 de septiembre de 2000

(1) Aparecido en el número 3 de Ariadna-rc en Otoño de 2000

 

Hay calles que matan (Canción)

Un hombre corre la calle abajo
no tiene nada y busca trabajo
de lo que sea, en un bar de locas
para que nadie le reconozca.

Tras de sus pasos dos policías
a la carrera, pistola en mano
le dicen alto por la Gran Vía
de la igualdad del género humano.

Negro Fonseca, hoy no es tu día
y tu palmaste en comisaría.

Pero aquel hombre que no se fía
de la intención de la policía,
cruza la calle y cambia de acera,
entra en un antro y le gritan ¡fuera!

La gente huye por los portales,
cierran sus puertas todos los bares,
sólo un borracho le ofrece un trago
y una mujer su amor previo pago.

Negro Fonseca, hoy no es tu día
y tu palmaste en comisaría.

Cansado sigue la calle abajo
de la igualdad buscando un atajo,
un coche zeta sigue sus pasos
mientras la gente apura sus vasos.

Llegó a la esquina y giró a la izquierda
manos arriba “negro de mierda”,
tienes derecho a guardar silencio ...
no dijo nada y fin de este cuento.

© Sentido Común. César García Rincón.

 


© Antonio Polo 2000


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