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Calle Ryesgade, Aarhus, Dinamarca

por Vicente Luis Mora

 

Es terrible este frío. Nunca imaginé que a las cinco de la mañana pudiera ser la temperatura tan gélida en la calle. El aire que exhalo se astilla en copos crujientes nada más abandonar mi boca. El viento helado se me cuela por algún sitio; por más que me arropo y me tapo con estas viejas mantas y el abrigo, debe haber un agujero por el que penetra la helada. Me giro dentro de la ropa para que ésta se pliegue herméticamente en torno a mi cuerpo y no deje ningún espacio al aire. Qué duro es dormir a la intemperie. Los que están en esos edificios de alrededor, durmiendo calientes en sus lechos, no pueden imaginarse los temblores y tiritonas de frío que nos sacuden a los que dormimos al raso, ovillándonos, buscando la posición fetal y dispuestos a cubrirnos con cartones o con lo que sea necesario para resistir. Estoy solo, es posible que no haya nadie más ahora mismo en las calles del centro de Aarhus. Quizá debería moverme un poco a la derecha y resguardarme en la puerta de la iglesia, pero debo permanecer aquí. Justo aquí. El cielo es hermoso de madrugada, comienza a amanecer aunque los coágulos de hielo que se forman en mis párpados me impiden verlo con claridad. El vapor de mi respiración es la única cosa caliente en manzanas a la redonda. Qué duro es esto. Qué salvaje la intemperie. Ahora mismo estoy solo pero pronto llegarán los otros, con sus prisas y sus preguntas. Sólo que esta vez seré yo el primero. En mi bolsillo derecho percibo el bulto de las siete mil coronas danesas que me costará el primer iPhone 7 vendido en Dinamarca. Puede que venga la prensa a cubrir la apertura de la tienda. Y todo entonces habrá valido la pena.

 


© Vicente Luis Mora

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