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el relato del bombero

 

PARADOR DEL FUEGO

 

 

Ser bombero en el país del agua es ser fiel y obsesivo a un pensamiento: Oir como todo esto arde. Las bibliotecas, los barcos, las casas de madera, los nenúfares. Aquí, en la torreta nodriza donde vivo ésta única idea me mantiene despierto para que cuando llegue pueda olerlo. Hace cientos de años que desapareció el fuego por un golpe de estado fluvial. Yo soy el último, el elegido por ellos para hacer frente a las desterradas llamas a su regreso. Siempre atento, vigilante, al acecho minucioso de un columna de humo, a un golpe de luz intenso…., sólo escucho el ruido de las chimeneas y el de las luces en el horizonte que parecen hermosos fuegos. Cambiaría de lugar, de ciudad, de destino. Estoy a punto de ser vencido por el tiempo, en todos estos inviernos no he podido transmitir mi enseñanza a nadie. Los niños no quieren ser bombero. Las mangeras, las lanchas, las tuberias y cisternas están oxidadas, llenas y tristes. Recuerdo Farenhait 541 y me siento Montag: un hombre una causa. Mi tristeza morir. Flotar al fin en la corriente con una última sensación, nadie me sustituirá después. Quien quiere un oficio destinado al olvido. Soy ciego, un bombero ciego en el país de Aqua.

 

 

José Ignacio Fernández Vázquez es bombero en Armilla

 


 

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