PARADOR
DEL FUEGO
Ser
bombero en el país del agua es ser fiel y obsesivo a un
pensamiento: Oir como todo esto arde. Las bibliotecas, los barcos,
las casas de madera, los nenúfares. Aquí, en la
torreta nodriza donde vivo ésta única idea me mantiene
despierto para que cuando llegue pueda olerlo. Hace cientos de
años que desapareció el fuego por un golpe de estado
fluvial. Yo soy el último, el elegido por ellos para hacer
frente a las desterradas llamas a su regreso. Siempre atento,
vigilante, al acecho minucioso de un columna de humo, a un golpe
de luz intenso…., sólo escucho el ruido de las chimeneas
y el de las luces en el horizonte que parecen hermosos fuegos.
Cambiaría de lugar, de ciudad, de destino. Estoy a punto
de ser vencido por el tiempo, en todos estos inviernos no he podido
transmitir mi enseñanza a nadie. Los niños no quieren
ser bombero. Las mangeras, las lanchas, las tuberias y cisternas
están oxidadas, llenas y tristes. Recuerdo Farenhait 541
y me siento Montag: un hombre una causa. Mi tristeza morir. Flotar
al fin en la corriente con una última sensación,
nadie me sustituirá después. Quien quiere un oficio
destinado al olvido. Soy ciego, un bombero ciego en el país
de Aqua.