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técnicos en Armilla         

 

el relato del anestesista

 

SALVADOR, EL DE LOS PUROS

 

 

Después de aquel bendito coma por agua; cuando emergí, mi padre Phlebas el fenicio, ya me esperaba con su recién puesta caja de puros Cohiba con sabor a láudano. Me la regaló. Sin cargo. Con cariño.

Era verano. La peor época para emerger de un río con poca profundidad .El dolor y el agua podrían crearme adicción. Tras la esperanza, cumplir la promesa.

Bajo el cielo anaranjado y los cirros abatidos, mi padre:

-Acude a Armilla. Allí la gente sabe amar de verdad, pero dicen que los deshielos producidos por el cambio climático han hecho que sufran mucho. ¡Sédales sus cañerías! ¡Cálmales su constante humedad malsana!, pues tú bien sabes que a veces no es tan productiva como nuestros pozos negros en los Emiratos.

A varios pasos hacia el Norte más contundente, se debía atisbar Armilla, ciudad donde las miradas se confunden entre el H y el O porque la estructura de su ámbito es el agua y tanta agua a veces duele. Y el dolor hay que tratarlo.

Atravesé los cuatro puentes hasta la mítica Armilla. Los cuatro sobre el mismo río. Caprichos del camino. Faltando nada, la que yo ansiaba desde niño: Memphis Contreras, ninfa superviviente de la separación de los cursos del Tigris y el Eufrates, guardiana de la puerta de la ciudad, por supuesto amurallada:

-Pasa. Aquí hay gente que ama mucho, pero sufre muchas enfermedades, sobre todo de piel blanda. Alguien tendrá que hacer algo.

Paseé por las calles y las instalaciones. Por todas. Lo que yo pensaba. Dioses de otras civilizaciones antiguas, por eso tan olvidados, habían dejado permanentemente abierto el grifo general del agua caliente. Las parejas de hombres y mujeres, con papeles y sin papeles, se despojaban acompasadamente de su dolor sordo aunque no mudo. Y he aquí que la más hermosa de las ninfas novicias, portavoz definitiva de la ciudad, se dirige a mí, el extranjero:

-¿Eres tú el anestesista que estaba avisado desde hace años?

-Debo ser yo. La pereza y el coma por agua de río me han retrasado. ¿Qué queréis láudano o cloroformo para aliviar vuestras quemaduras de tercer grado?

-Abre el grifo del agua fría y vivamos enamorados durante otra glaciación. Hubo antes otros muchos anestesistas que también nos dieron a elegir entre el láudano y el cloroformo, incluso la morfina, pero ninguno, ninguno olía tanto a puro como tú. Salvador.

 

 

Julio Soler Izquierdo es anestesista en Armilla

 

 

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