-12 GMT -11 GMT -10 GMT -9 GMT -8 GMT -7 GMT -6 GMT -5 GMT -4 GMT -3 GMT -2 GMT -1 GMT 0
GMT
+1 GMT +2 GMT +3 GMT +4 GMT +5 GMT +6 GMT +7 GMT +8 GMT +9 GMT + 10 GMT +11 GMT + 12 GMT
                                                 
                                                 

Aeropuerto de Madrid Barajas (España) (I)
Aeropuerto de El Altet, Alicante (España) (I)
Aeropuerto de El Prat, Barcelona (España) (I)
Aeropuerto de Berlín (Alemania) (I)
Aeropuerto de Cuatro Vientos, Madrid (España)
Aeropuerto de El Altet, Alicante (España) (II)
Aeropuerto de La Coruña-A Coruña (España)
Aeropuerto de Nápoles (Italia)
Aeropuerto de Madrid Barajas (España) (II)

Aeropuerto de El Prat, Barcelona (España) (II)
Aeropuerto de Foronda, Vitoria-Gasteiz  (España)
Aeropuerto de Frankfurt am Main (Alemania)
Aeropuerto de Berlín (Alemania) (II)
Aeropuerto Marco Polo, Venecia (Italia)
Aeropuerto de Madrid Barajas (España) (III)
Aeropuerto de Monflorite, Huesca (España)
Aeropuerto de Badajoz (España)

 
Hacia el Norte
La Tierra a las 0:00 GMT. Inicio. Hacia el Este
Hacia el Sur

 

  

Aeropuerto de Madrid Barajas (España)
01:00:00 (+1 GMT, 01.11.00)


Los pasajeros del vuelo 4302 de Iberia con destino a Viena, se arremolinaban en torno al monitor de indicaciones horarias: cincuenta pares de ojos escudriñaban, entorpeciéndose, la hora de salida prevista, fijada de antemano para la medianoche.

-¿Qué hora tienes Mercedes? -interrogó el Sr. Portillo.
-Creo que pasadas las doce, Gregorio.

El Sr. Portillo no daba crédito. La agencia de viajes que había contratado su empresa, siempre le aseguraba un mínimo de puntualidad y diligencia en el servicio, a pesar de que tal y como estaban los tiempos -pensó- nadie estaba a salvo de semejantes infortunios: de nuevo tendría que soportar el contratiempo e inventar cualquier argucia para matar el tiempo.

El vuelo se retrasaba. Por megafonía una encantadora fémina les daba la bienvenida al maravilloso mundo de la agónica espera, y así sin mas se lavaba las manos sin sugerir que podían hacer para sobrellevar con dignidad su aburrimiento.

Gregorio intento no perder la calma: no quería convertirse en uno de esos individuos que amenazan a las azafatas de embarque con un genocidio masivo; tampoco quería chalar con los afectados amigablemente sobre la poca seriedad de las compañías aéreas, ni decir cosas como: ¡hay que ver que poca vergüenza!, o frases manidas del tipo: ¡esto es intolerable, no estamos protegidos contra estos malhechores!.
Nada de eso, prefería desaparecer en el cuarto de baño, y echar un vistazo a la novela de Estefanía que seguía intacta en el interior de su abrigo.

Se aseguro que su mujer andaba por ahí. Intuyo que, como de costumbre, estaría intentando entablar conversación con alguna señora predispuesta con rostro y maneras de exagerada indignación.
Gregorio suspiró aliviado cuando la localizo entre el gentío erigiéndose en la abanderada de la reclamación, en la diosa Artemisa del usuario enarbolando su bolso en señal de desafío.
Pensó en que lo mejor en esos casos era desaparecer antes de que su eficaz dispositivo de búsqueda se pusiese en funcionamiento. Con toda seguridad, si eso sucedía, le tocaría secundar como un vulgar sicario cada uno de los improperios de su mujer y sonreír forzadamente, aunque sin estridencias, a todos los allí congregados.

Definitivamente debía escapar de un futuro tan predecible.

Se dirigió con cautela hacia el aseo de caballeros, con la única disposición de pasar un buen rato en compañía de su novela y un cigarrillo que había escondido aquella tarde en uno de los escasos deslices perceptivos de su mujer.

Se parapetó en el interior de uno de los compartimentos. Cuando se supo dentro y a salvo, dedico unos minutos a la simple contemplación del entorno, al mero disfrute de un momento tan glorioso; poco después, sus manos buscaban apresuradamente un bolígrafo en el interior del bolsillo de su chaqueta.

Deseaba compartir ese momento.

Aquel 1 de Noviembre Gregorio Portillo de 52 años de edad, profano por primera vez la inmaculada superficie de la puerta de un retrete, y comprendió que aquella falta contra el decoro había sido su única escaramuza en los últimos años. Su mente se entretuvo en recordar otros instantes de exultante felicidad, en perfilarlos, en dibujarlos, en saborearlos

 

María Sánchez

mapa · autores · creditos · ariadna rc

··· cerrar ventana ···