EL
ICONOCLASTA EN LA CIUDAD DE ARMILLA
No
se había construido ciudad mas hermosa en Latinoamérica
que aquella que rodeaba al río Dedios. Precisamente ese
brazo de agua, que desembocaba directamente en un mar del océano
Atlántico, tenia todas las virtudes que la naturaleza pudo
darle.
Sus
aguas claras, sus peces abundantes, al alcance de cualquier ojo
detenido a la vera del río.
El
agua Dedios subía a las costas, de día el sol bebía
de ella, de noche soplaba lluvia sobre todo el paisaje. Podría
asegurarse que todos los matices del color verde que se conocen
en el mundo, habían nacido en ese lugar. El aroma de la
clorofila acompañaba al paso por el camino, se alzaba por
los marcos de las ventanas, entraba por las puertas y se instalaba
en los cuartos.
El
pueblo amaba ese río, y le rendía su culto. Cada
jardín de una casa, cada paseo publico tenia una fuente
que directamente recibía su agua en estado virgen y la
mostraba a borbotones. No existía una forma única,
a veces la fuente tenia la imagen de un pez , a veces la de un
jarrón inclinado hacia la tierra , infinidad de formas,
tantas como vecinos, lo venerado era el agua. Las plazas y otros
paseos populares mostraban, para ese mismo fin, obras esculturales
mas complejas, de elevado nivel artístico, pero todas tenían
la misma fuerza, el mismo valor en el momento de alabar al río
Dedios y de humedecerse la frente para pedirle el milagro de los
deseos mas profundos.
Cuando
un puñado de guerreros, de una secta de iconoclastas, marcharon
vencedores sobre el pueblo y vieron a sus habitantes arrodillarse
ante estatuas de distintas características, se horrorizaron,
debatieron en secreto el destino religioso de aquel lugar como
primera medida de organización.
Así
ordenaron que todo lugareño se encerrara en su casa, por
veinticuatro horas, bajo pena de muerte y empezaron la tarea que
consideraron mas efectiva, destruir a golpes cuanta fuente encontraran
a su paso, sin razonar sobre el agua que de ella emanaba.
Resulto
así que la cañería era una compleja red,
absolutamente interconectada, de tal manera que cada tubo respondía
a otro y a otro y a otro mas, y los cortes se hacían infinitos
y cuando ya habían destruido casi el cincuenta por ciento,
no pudieron contener el agua que emanaba libre por todos los rincones
y las calles comenzaron a inundarse, y la tierra se hizo barro
resbaladizo y los destructores, que a esa altura pretendieron
asirse de cualquier elemento, aun de las fuentes que quedaban
en pie, fueron finalmente vencidos por la fuerza de cada explosión
que en forma sincronizada se iba produciendo ininterrumpidamente
y así rodando por los caminos del pueblo, todos conducían
al río Dedios, se perdieron en la historia, cuyos habitantes
volvieron a reconstruir en un esfuerzo que nos les dejo tiempo
para el recuerdo del desgraciado suceso
Ángela
Isabel Camerano es iconoclasta en Armilla