"...si
hay detrás un hechizo o sólo un capricho, lo ignoro"
Italo Calvino
Si
no te hubieras marchado de Armilla nada más nacer por allá
por Güira de Melena o Santiago de las Vegas, habrías
sabido que con el agua no se juega ni se arman todas esas fantasías
tan bonitas y sublimes que sólo se lee la gente que tiene
agua. ¿O tú te crees que yo tengo tiempo para tales boberías?
No, hermoso, no. Aquí, en esta Armilla de mierda, racionaron
el agua a principios de los sesenta con el pretexto o la intención
(yo qué cojones sé lo que va primero) de hacerla
llegar a todo el mundo y lo que de inmediato pasó es que
no llegó a nadie. No llega a nadie. Todavía. Eso
es lo que se llama "desvestir a un santo para vestir otro".
No, mira, si yo tengo un trapito cubriendo mis partes pudendas,
pues déjame el trapito, y si el de más allá
tiene un tuxedo, ya sea robado o comprado moneda a moneda
déjaselo, qué más da, si al final el del
trapito termina robándose el frac porque somos así,
la especie humana es así, pero no esta cosa de ¡¡¡¡¡¡¡hala!!!!!!!
todo el mundo en cueros. Como si estuviéramos en el Paraíso
Terrenal, con Adán y Eva... Y tú, venga a hablar
de Armilla con esa nostalgia babosa... No. No. Como dice la canción:
"bájate de esa nube y ven aquí a la realidad".
Y la realidad es que el agua llega después de las once
de la noche y se va a la una, y no siempre, pero nunca sabes bien
cuando es ese "no siempre". O sea, que si quieres salir a tomar
el fresco, emborracharte, escribir una de esas mariconerías
frías sobre Armilla, comer con unos amigos, singar... ¡zas!
¡coito interruptus! ¡quédate con la leche en la punta de
la pinga y jódete porque a las once... a las once toca
el agua! Así que si vas a suicidarte, que sea por la mañana.
Ni eso.
Y
no olvides los preparativos:
1.
EL BARRIL Recipiente de madera en forma de tonel
donde viene envasada la (supuesta) manteca de cerdo que llega
de alguna parte ignota del planeta. Para adquirir uno de ellos
tienes que coincidir con el día "bueno" del bodeguero,
o si tienes tetas enseñárselas, o si tienes un
buen culo ponerlo en pompa, o chupar o darla a chupar (depende
de la "orientación" sexual del compañero colocado
por la Oficoda para atender el suministro de los alimentos básicos),
o simplemente pagar en metálico por las cuatro tablas
que, además de todo, se pudren como a los tres meses
y que en definitivo es el método más digno, si
todavía nos queda algo de dignidad.Llevarlo
rodando desde la bodega hasta tu casa por toda la calzada, bajando
la vista ante la mirada de los que miran y piensan qué
habrá tenido que hacer éste para hacerse con el
barril.Llegar
a casa y darle una buena fregada (o limpieza, por si se te ha
olvidado el sinónimo por el tiempo que llevas fuera de
Armilla) y si se ha terminado el detergente, darle ceniza de
carbón vegetal que también quita bien la grasa.
Y finalmente intentar mantenerlo varios días lleno de
agua para que la madera se hinche y selle los intersticios por
donde se cuela y desaparece fácilmente el apreciado líquido
(¿me quedó bien esto último?)
2.
LAS MANGUERAS Hay que abrir el grifo, dejarlo abierto y enroscar
la boquilla de la manguera. Si la manguera no tiene boquilla con
su rosca correspondiente, natural y lógica, apáñatela
con con trapos, trozos de tela, cuerdas, el copón divino,
para dejar colocada, o semi-colocada, la goma al tubo por donde
llegará el agua clara y serena que de la sierra bajando
va (eufemismo piadoso: viene de algo que llaman dudosamente depuradora
y que está camino de la vía del tren en dirección
a La Habana, por ahí mismo, por donde tantas veces he follado).
3.
SOMBRERO Y CAPA DE AGUA VIEJA COLOCADOS EN LA ÚLTIMA
BUTACA DEL JUEGO DE COMEDOR, LO MÁS A MANO POSIBLE DE
LA PUERTA DEL PATIO. (ESTO ES PRÁCTICAMENTE MÁS
IMPORTANTE QUE TODO EL RESTO DE LA OPERACIÓN). Esperar
pacientemente las 11, las 12, o la santa hora a la que el cabrón
del agua se le ocurra proveernos. Mientras, puedes leer "Las
dos mitades del Vizconde" (así fue como tradujeron
tu libro en Armilla) a la luz de un quinqué antiguo (lo
que denota cierto poderío) o de una "chismosa", que es
una lata con una mecha metida en keroseno y que mancha todo
lo que le quede cerca, hasta el alma. De las velas no me acuerdo.
De
pronto, los sonidos profundos de las entrañas de las cañerías
y desagües te anuncian por fin que algo inminente puede estar
por suceder. A veces es una falsa alarma y tienes que volver a
la última página en donde dejaste la mitad del vizconde.
Pero otras veces no, ellos son buenos y el sueño se hace
realidad: llega el agua.
Y
entonces corre, por nunca puedes estar totalmente seguro de cuánto
va a durar el milagro.
Primero
espera a que salga todo el aire acumulado en las cañerías
y cuando veas brotar el líquido, ponte en marcha.
Vete
al comedor (recuerda que en Armilla, el comedor suele estar al
lado de la cocina e inmediato anterior al patio), da la luz (que
es algo parecido a "dar a luz", pero como dice Silvio, otro armillero
que vivía en la calle Zanja, "no es lo mismo pero es
igual"), pero no enciendas todavía la del patio. ¡Mucho
cuidado con no equivocarte en esto porque la puedes pasar NEGRA!
Cálate el sombrero y tírate por encima del todo
la capa de agua intentando que te cubra totalmente, dejando espacio
solamente para los ojos que como eres miope por suerte llevas
gafas (o espejuelos, como se les llama en Armilla) y que te protegen
esa mirada tuya que a veces parece extraviada. ¡Y AHORA, TODO
A UN TIEMPO: ENCIENDE LA LUZ DEL PATIO, ABRE LA PUERTA, SAL (SIEMPRE
CUIDANDO EL DISFRAZ, que casi recuerda "la mantellina"
sobre "la maschere veneziane"), CORRE, VUELA, COGE LA MANGUERA,
MÉTELA HASTA EL FONDO DEL BARRIL...
Y
HAZ COMO SI NO SIENTIERAS PARA NADA LA LLUVIA DE CUCARACHAS VOLADORAS
QUE CHOCAN CONTRA TU ARMADURA VIZCONDAL (LAS MÁS ASQUEROSAS
SON LAS ALBINAS, QUE SON TRANSPARENTES Y PUEDES VERLES TODOS LOS
ÓRGANOS ―mi amiga Marisa tiene un teléfono
de lo más bonito que cuando suena se ilumina todo y se
ven todos los cablecitos y las cositas de distintos colores, pero
ella no sabe que a mí lo que me produce es asco y miedo―),
Y CORRE CORRE CORRE, DA TRES PATADAS EN EL SUELO PARA QUE SE DESPRENDAN
LAS QUE SUBEN POR TUS PANTALONES, SACÚDETE VIOLENTAMENTE
ANTES DE DISPONERTE A ABRIR LA PUERTA Y ENTRAR AL INTERIOR ABRUPTAMENTE,
HÁZLO COMO SI SE TRATARA DE UN DESPOJO DE SINCRETISMO RELIGIOSO
(casi lo es). Y ENTRA, CIERRA LA PUERTA, DESPÓJATE DEL
ATUENDO VENECIANO, SACÚDELO BIEN PARA QUE CAIGAN TODOS
LOS BICHARRACOS QUE HAYAN PODIDO QUEDARSE ADHERIDOS A LA TELA
O A TI MISMO. Apaga la luz del patio, la de la cocina, vuelve
a la penumbra romántica del quinqué o la chismosa
e intenta empalmar la otra mitad del noble (aunque la cosa no
termina aquí, porque luego tienes que volver a salir para
sacar la manguera del barril antes de que corten de nuevo el agua
y la cañería absorba todo tu trabajo de llenador
de barriles).
Y
esta historia no es imaginación, no son las mariposas de
Macondo, y por supuesto en el lujoso barrio residencial de El
Pedregal, donde Gabo tiene su mansión, habrá siempre
aguas que broten de duchas y fuentes y nunca cucarachas (y menos
las albinas, que son las peores, te lo juro). Esta "histoire",
quizá posiblemente ni siquiera se le habría ocurrido
contártela tu tata Marta Toca, antes o después de
salir de Armilla, en Santiago de las Vegas o en Florencia o en
Roma. Porque la realidad muchas veces supera la cuentística.
Igual
hasta te interesa saber lo que se experimenta al ser despertado
en mitad de la noche por las patas casi metálicas de una
cucaracha caminando por tu espalda, a pesar de todo el cuidado
y dedicación ―casi hasta “amor”― que has puesto
en pillar cada milímetro del mosquitero por debajo del
colchón. Pero te lo ahorro. Descansa en paz. Espero que
alguna vez me llegue a mí (la paz, quiero decir).
David
Lago es llenador de barriles en Armilla
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