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proletarios en Armilla         ama de casa · barquero · cocinera · llenador de barriles · talabartero · vaciador

 

el relato del barquero

 

Comenzaré presentándome, mi nombre es Juan Martínez y mi oficio aquí en Armilla es de barquero. Ya mi abuelo y mí padre lo fueron antes, y ahora yo y mi hijo Tomás también lo somos. Es un oficio bonito. Mi padre siempre me solía decir que de todos los oficios que tiene el hombre uno de los mas singulares es el de barquero. Es un oficio donde la naturaleza está en intimo contacto con el hombre y éste en lugar de someterla la respeta y se adapta. Quiero decir con ello que el puente no respeta al río, lo somete a su forma, lo obliga a pasar por debajo (¿qué sentido tendría un puente sin un río debajo?). En cambio una barca navega sobre un río y fluye con sus aguas, es por eso que a uno la sangre también se le acostumbra a fluir de esa manera y hay días que la siente mansa y calma, y otros excitada y alterada como si fuese fango.

Gracias a mi oficio he podio gozar de privilegios a casi nadie concedidos de manera conjunta y desinteresada. Controlar la entrada por tierra de todos los visitantes de Armilla, que me solicitan que les lleve a la otra orilla del río, a ellos, a sus compañeros y a sus equipajes. Y a su vez me proporciona ocasiones muy buenas de charla con lo viajeros para conocer los eventos mas importantes que han acontecido en sus lugares de procedencia. Esto, no cabe duda me proporciona una información verídica y de primera mano, que en este tiempo está muy escasa y muy manipulada. De esta manera uno va conociendo mundo sin apenas salir de una barcaza, que viaja siempre haciendo el mismo recorrido de una orilla a la otra del río, una y otra vez de aquí a allí. Y como la barca es grande, en la época de buen tiempo nunca me faltan amigos de Armilla, que vienen un rato a la mañana, ó bien un rato a la tarde, para hacerme compañía y para hablar con los viajeros que nos vistan.

El río ahora parece calmado pero yo a lo largo de mi vida lo he visto de todos los colores –como se dice coloquialmente- quiero decir que lo he visto así de manso y mucho más enfadado. Cuando llueve durante varios días, parece que me lo estoy imaginando, baja lleno de ramas, troncos y arrastra todo lo que encuentra por delante. Pero eso no pasa siempre, solo algunas veces especiales. La que yo mejor recuerdo fue la de 1940, esa vez el agua llegó hasta la plaza del pueblo hasta la altura del cuarto escalón de la escalera que sube hacia la Iglesia. La verdad es que aquella vez por poco nos pilla desprevenidos, el agua subió de una manera rápida y repentina. Pero uno conoce el agua casi mejor que así mismo y cuando nota la sangre espesa como el fango que arrastra piedras, árboles, animales,... es que el río quiere volver a sus entrañas, al ombligo de su madre la tierra y entonces enloquecido, baja con mucha fuerza.

 

 

Juan Martínez es barquero en Armilla

 

 

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