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Cómicos en Armilla        acróbata ·funambulista ·guitarrista · músico I · músico II · rapsoda

 

el relato del músico (2)

 

LAS CIUDADES Y LOS EMBAUCADORES, 1

 

 

 

Sr. Editor:

Debo, dada mi condición de jubilado y por lo tanto en modo natural inscrito por defecto si no entre los sabios de la ciudad sí al menos entre a los que debe prestarse respeto, hacerle llegar esta queja.

Nosotros, los eméritos, que tanto hemos luchado por el engrandecimiento, por el bienestar de Armilla, que hemos dado con gusto el sacrificio de nuestra existencia, que hemos acogido con los brazos abiertos a cuanto sin patria ha querido quedarse entre nosotros, que hemos velado en suma por la paz de esta hermosa urbe, vemos cómo la decadencia ha llegado a nuestros canales, como la podredumbre habita nuestros aljibes y la desidia campa entre nuestros gobernantes y hasta la mala ortografía ha llegado a enraizar entre las páginas de los que –como usted- debieran velar por el buen uso del armillano.

Esto no puede seguir así. Hay zonas de la ciudad y no precisamente las más pobres, llenas de bandas de jovenzuelos, pijos y ridículos, vestidos con ropajes que nuestros mismos abuelos darían por antiguallas, usando una jerga incomprensible a fuerza de remarcar eses sin cuento: gentes que gastan en un día lo que ganaría uno en un mes, que conducen motoras del más atrevido diseño, y presumen de relojes sumergibles y teléfonos móviles anticorrosión... Y que fuman cigarrillos afrutados. Y que mascan golosinas impronunciables. Y que beben licores imprudentes... Y, he aquí lo peor, que presumen de una educación ecuménica...

En fin, no quiero perderme. Estos hijos de sus padres, y a lo peor usted es uno de ellos, están destrozando nuestra grata Armilla. En mi barrio, por ejemplo, que es uno de los afectados, no hay día que la Brigada de Desinfección de Cañerías no tenga que hacer horas extras. Miles, millones de colillas, preservativos, envoltorios diversos y flemas de horrísono burbujeo, se agolpan en los recodos, tapan los diques, obturan las depuradoras. Sin ir más lejos, ayer jueves, tuve que limpiar yo mismo la pala de mi góndola, pues esta quedó enganchada al fondo del Canalillo de Damaso, que es donde vivo. Y no quiero contarle qué vuelcos me daba el estómago al intentar descifrar aquella materia.

Esto es un asco. Vivimos un tiempo depravado y cruel.. . MI vecino, Don Álvaro Encina, el gran erudito, no sale siquiera de su casa. Se ha vuelto un eremita... Antes, él y yo, solíamos navegar hasta el Acueducto Bajo y desde allí, paseando, nos llegábamos hasta el Parque de Pero Días. ¡Qué noches de perfumada conversación, al airecillo de los madroños, contándonos nuestras aventuras y amoríos, nuestros libros leídos y por leer! ¡Y cuántas veces sosegamos nuestra sed en los alegres caños de la Fontana di Nava, bajo las forondas, los robles y las cuestas! Hoy ese lugar es un estercolero, un basural que esos tristes han destrozado y abandonado en busca de otra presa apetitosa, como ese último reducto de sabiduría que es la Torre Nanga, nuestra Biblioteca General.

Los vecinos dicen que Encinar está loco, que no sé qué dolor familiar le confunde, pero yo sé bien que no es así. Y que si no se ducha...

Entiendo que es un rumor, una comidilla, y que va a dejar de tomarme en serio pero... entre nosotros, los viejos, se viene contando últimamente que al abrir los grifos, al vaciar las cisternas, al volcarse los desagües, se ha percibido un extraño sonido. Algo así como –le repito que pensará que mi edad me torna ya torpe- la voz hermosa de una mujercita joven... Y Álvaro, mi viejo Álvaro, que dice que no lava su ropa, que no se ducha, que no sale de su casa, que ya no viene a festejarme las tardes porque se pasa el día sentado en la bañera, con el teléfono de la ducha en una oreja, escuchando una bellísima y extraña canción... Incluso yo, esta mañana, cuando quise lavarme las manos...

Haga usted, Sr. Editor, algo por nosotros, por mi amigo, por mí. Por esta Armilla que fue muchas Armillas, como pocas ciudades en el mundo. Abra una campaña de concienciación pública. Libérenos de estos espejismos. Usted aún es joven, señor, y algo podrá hacer antes que se le caiga la cera de los oídos, la venda de los ojos y como Edipo tenga que arrancárselos para no ver la solución a un enigma que nunca ni supo ni quiso contestar.

Suyo affmo.

J. G. Lorenzzo,

 

 

tuba solista emérito de la Banda Municipal de Armilla.

 

 

 

 

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