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Cómicos en Armilla             acróbata ·funambulista ·guitarrista · músico I · músico II · rapsoda

 

el relato del guitarrista

 

FULGOR ABISAL

 

 

Lo único triste de esta vida bajo el agua es que nunca llueve. Pero compensa, una vez te has acostumbrado a los labios de las oceánidas. No recordamos nada del otro lado, y debe ser porque aquella realidad no era más que una sombra perversa. ¡Cómo brillaba bajo el sol, con su viento y su relieve silbando en cada poro! Allí temíamos morir ahogados, por el polvo o el gas, por el agua de un glaciar, pero nos dejábamos perder por un beso. El amor era lo único que nos acercaba a la verdad, aunque tan brevemente que luchábamos por volver a la superficie a respirar las sombras.

Y cómo ignorábamos que el aire nos abría en la carne heridas, igual que una tormenta se lleva del acantilado siglos de podredumbre. Y el sudor, y la sed, cómo sufríamos, cómo el corazón se desbocaba y la boca se nos rompía para no perder aire, y ganábamos así batallas de supervivencia. Pero eran cruentas. La sangre, creíamos, era la vida, y no fue sino la más brillante de las sombras.Que nunca nadie supiera explicarnos de dónde veníamos ni a dónde iríamos. Que ni siquiera ese fluido mágico del beso, que nos hacía serpientes, nos abriese los ojos. No haber intuido en las lenguas, en las lágrimas, en las espaldas del sexo que éramos agua. Que nadie hubiese intuido la bondad de la luz que aquí abajo recibimos como perlas, porque la luz es bella sólo cuando titila por sorpresa.

Dicen que hay un prado de hielo inquebrantable conteniendo las aguas. Al otro lado ya no hay luz, ni silbidos, ni sombras, ni estrellas. Los vivos miraron hacia el infinito demasiado tiempo, y mientras desaparecieron los bosques y las sierras. Nadie más puede entrar ni salir de nuestra inmensa bola líquida. Los besos no nos cansan, y cuando nos rozamos se ilumina la piel con fulgor abisal.

 

 

Román Piña Valls, es guitarrista en Armilla

 

 

 

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