El
asfalto líquido de una ruta perdida me conduce a un lugar muy
extraño. El tiempo se detiene en una hora universal, sólo faltan
algunos minutos para el vuelo, para llegar a la medianoche del primero
de noviembre de un año muy especial; el año 2000. Año de mágicas
presencias en el éter de la totalidad. El Sol no figura sobre la
noche pero sin embargo vigila desde la oscuridad, acecha silencioso.
El
camino hacia al aeropuerto esta tapizado de hiedras, una ruta vegetal,
hacia el costado de esa ruta perdida se observan pequeños bosques de
árboles grises. Algunas máquinas antiguas han quedado enredadas por
el paso del tiempo.
El
vuelo me espera en una hora donde los seres nocturnos comienzan a
vagar. El cartel sobre el camino resalta la cantidad de minutos que me
faltan para alcanzar el Aeropuerto Internacional de Jeppenner, más
conocido como el lugar donde solo despegan aviones sin alas. Se trata
de otra clase de vuelos; algunos son vuelos emocionales, otros
pasionales. Pero mi vuelo es muy especial, me dirijo al lugar donde
germinan las metáforas.
Media
hora antes de la salida del avión, pude llegar al lugar de embarco.
Un señor extraño de pelo negro como la misma noche me mira de manera
amistosa y me entrega el pasaje. Pero al mirar el papel comprendo que
no se trata de un vuelo normal, las letras del mismo habían logrado
escapar hacia donde nadie sabe nada. No le dije palabra alguna, me
senté a esperar la partida. Mi corazón serenó sus latidos y justo
en ese momento, el Sol que estaba oculto en la nada de la noche,
aparece como una explosión de luces rojas iluminando el alma de los
pocos seres que esperan en este lugar de magia. Jeppener, el
aeropuerto de los extraños designios. El Sol, gigante masa de vida,
brilla en la noche como un antiguo ser. El tiempo se ha transformado,
algunos comentan que se trata de la última tormenta solar del siglo
que expira. Mi mente no piensa, sólo mira los reflejos sobre las
hierbas que comienzan a crecer en la luz de esta noche, no logra
comprender.
Una
voz en el altoparlante, una voz como de otro lugar, nos informa que el
vuelo especial se ha cancelado. Pero mi alma sólo quiere volar el
vuelo donde todos salen del cuerpo y viajan hacia otros paisajes. No
tengo otra alternativa que esperar. Cierro los ojos y en este momento
comprendo que mi vida esta destinada a viajar a pesar del capricho del
Sol en medio de esta noche oscura. Nunca antes había visto un Sol tan
maravilloso. Se halla en el centro de mi corazón. El aeropuerto ya no
esta. Sólo queda el sueño de mi viaje.
Juan
Carlos Pomponio (Humbra León)