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Aeropuerto de Kao-Hsiunhg (Taiwan)

 
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El río Amarillo también pasa por Kao-Hsiung

Aeropuerto de Kao-Hsiung (Taiwan)
08:00:00 (+8 GMT, 01.11.00)


¡Pues también era mala suerte! Allí, varado, esta vez en Kaohsiung, al sur de Taiwan. En su aeropuerto, pequeño y manejable, había una inmensa sala con techos catedralicios y decoración de gran almacén, en donde se anunciaban todos los vuelos.

Al menos, tenía un bar. En una esquina acristalada, frontera con la noche y los aviones ociosos, se refugiaban los viajeros. Afuera llovía calor. Pedí un brebaje de gingseng y cerezas en un intento vano por paliar la dolorosa percepción del tiempo.

- No es agradable sentirlo pasar - la voz enmarcada entre dos paréntesis negros, nacía de unos labios más deseables que las cerezas que anunciaban mi bebida. Su inglés era perfecto, lo supe más tarde, pero en ese momento sólo los veía moverse invitándome a algo distinto de lo que escuchaba.
- ¿Perdón? - La interrogué con voz entrecortada, no quería espantar a esa gacela de las riberas del Tan-ta Hsi.
- No importa. Creí que usted estaba pensando en el tiempo - y repitió - ¿no le agrada sentir cómo pasa?
- No, en absoluto.

Ella poseía una sorprendente técnica para entrar al personal. La invité a lucir su cintura sobre mi banqueta, cosa que rechazó, pero aceptó una bebida.

- Té helado, por favor.
- ¡Camarero! Té helado para la señorita y … que sean dos.

Se llamaba Luna sobre las nieves del Yü y yo sólo Nicolás.

- ¿Qué es lo que más le molesta? - sus ojos seguían hablándome de otras cosas, pero ella insistía - ¿El transcurrir o cuando la espera termina?
- Creo que el paso de cada minuto es lo peor - no me quedó más remedio que contestar -, me deja en suspenso, como si no tuviera sentido y me voy quedando hueco. Me desespera. ¿Y a usted?

Los ojos de Luna sobre las nieves del Yü fingían, como los de una serpiente que inocula el veneno a su presa mientras le canta espirales de sueños con la mirada.

- ¡Oh! A mí no me molesta la espera. Sería como tirar el arroz que nos sobra - y añadió - ¿conoce los versos de Lao Tse?

Después, durante aquel vuelo de madrugada, los repetí más de una vez en silencio.

¿No ves, amigo mío
que las aguas del río Amarillo,
fluyendo del firmamento,
se precipitan hacia el mar para no volver?

 

Rafael Pérez Castells

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