el laberintoel laberinto  

    seis   invierno  tres

PORTADA :: MÚSICA PARA AEROPUERTOS :: EL LABERINTO

 

Todas la claves y el símbolo 

VersO
Anuncio por palabras
Juan Emilio Aragonés
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Acaso no la fiebre, sino el vuelo indefinible
David Foronda
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Los gusanos (parte I)
César Muñoz Gómez
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Yo no luché
Alvaro Muñoz Robledano
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Las brujas enseñan a los perros...
Alvaro Muñoz Robledano
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A veces siento pudor cuando escribo dominado
Rafael Pérez Castells
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Los plagiadores del cielo
Iván Silén
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Vuelo 422
Angel Maldonado
(Mención Especial del II Premio de Poesía Ariadna)
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Por qué del agua al agua hay...
Pablo Jiménez
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Por qué del agua al agua hay...
Pablo Jiménez
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Como un Gato
Kike Silva
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Leyenda
Francisco de Molina

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Hijo de albañil
Salvador Moreno
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Apuntes
Epitafio de un suicida

José Ángel Calatayud

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Asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez 22.II.2000
Alberto Porlan
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El hombre que llamaba a Teresa
Italo Calvino

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Amar pronto
Anónimo

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Vida y obra de Reichwemmburger
Jesús Urceloy
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Diccionario para manejarse entre tiburones
Antonio Polo

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Persistencia
Adriano Perticone

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Sin título
Sonia García

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Tres años luz
Vicente Rosales Cuny
(Mención Especial del II Premio de Relato Ariadna)

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El emigrante
Ricardo Martínez Cantú
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La servidora
Deirdre Maultsaid y Pilar Sánchez Lapeña
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Las partículas elementales
Michel de Houllebecq
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Milenio (Antología de la poesía ultimísima en España)
Basilio Rodríguez Cañada (Ed.)
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Generación del 99
José Luis García Martín
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El inquilino incómodo
Carlos Sánchez

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Tokio no nos quiere
Ray Loriga
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El mágico aprendiz
Luis Landero
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Palabras entre dos fotografías
Inundaciones en Venezuela. Diciembre de 1999

Antonio Polo
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El hombre que llamaba a Teresa
por Italo Calvino

Bajé de la acera, di unos pasos hacia atrás mirando para arriba y, al llegar a la mitad de la calzada, me llevé las manos a la boca, como un megáfono, y grité hacia los últimos pisos del edificio:

-¡Teresa!

Mi sombra se espantó de la luna y se acurrucó entre mis pies.

Pasó alguien. Yo llamé otra vez:

-¡Teresa!

El hombre se acercó, dijo:

-Si no grita más fuerte no le oirá. Probemos los dos. Cuento hasta tres, a la de tres atacamos juntos. -Y dijo-: Uno, dos, tres. -Y juntos gritamos-: ¡Tereeesaaa!

Pasó un grupo de amigos, que volvían del teatro o deñ café, y nos vieron llamando. Dijeron:

-Ale, también nosotros ayudamos.

Y también ellos se plantaron en mitad de la calle y el de antes decía uno, dos, tres y entonces todos en coro gritábamos:

-¡Tereeesaaa!

Pasó alguien más y se nos unió, al cabo de un cuarto de hora nos habíamos reunido unos cuantos, casi unos veinte. Y de vez en cuando llegaba alguien nuevo.

Ponernos de acuerdo para gritar bien, todos juntos, no fue fácil. Había siempre alguien que empezaba antes del tres o que tradaba demasiado, pero al final conseguíamos algo bien hecho. Convinimos en que "Te" debía decirse bajo y largo, "re" agudo y largo, "sa" bajo y breve. Salía muy bien. Y de vez en cuando alguna discusión porque alguien desentonaba.

Ya empezábamos a estar bien coordinados cuando uno uqe, a juzgar por la voz, debía de tener la cara de pecas, preguntó:

-Pero ¿está seguro de que está en casa?

-Yo no -respondí.

-Mal asunto -dijo otro-. ¿Se había olvidado la llave, verdad?

-No es ese el caso -dije-, la llave la tengo.

-Entonces -me preguntaron-, ¿por qué no sube?

-Pero si yo no vivo aquí -contesté-. Vivo al otro lado de la ciudad.

-Entonces, disculpe la curiosidad -dijo circunspecto el de la voz llena de pecas-, ¿quién vive aquí?

-No sabría decirlo -dije.

Alrededor hubo un cierto descontento.

-¿Se puede saber entonces -preguntó uno con la voz llena de dientes- por que llama a Teresa desde aqueí abajo.

-Si es por mí -respondí-, podemos gritar también con otro nombre, o en otro lugar. Para lo que cuesta.

Los otros se quedaron un poco mortificados.

¿Por casualidad no habrá querido gastarnos una broma? -preguntó el de las pecas, suspicaz.

¿Y qué? -dije resentido y me volví hacia los otros buscando una garantía de mis intenciones.

Los otros guardaron silencio, mostrando que no habían recogido la insinuación.

Hubo unmomento de malestar.

-Veamos -dijo uno, conciliador-. Podemos llamar a Teresa una vez más y nos vamos a casa.

Y una vez más fue el "uno dos tres ¡Teresa!", perp no salió tanbien. Después nos separamos, unos se fueron por un lado, otros por el otro.

Ya había doblado las esquina de la plaza, cuando ,e pareció escuchar una vez má una voz que gritaba:

-¡Tee-reee-sa!

Alguien seguía llamando, obstinado.

Italo Calvino.
"El hombre que llamaba a Teresa" es primer relato de la colección que da título al magnifico libro publicado por la Ed. Tusquets "La gran bonanza de las Antillas"

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Amar pronto
Anónimo


No sabríamos nunca que los ángeles tienen alas de papel y flotan en el aire sin caerse, como las vacas, que son ambisexos como los curas y los Papas, complacientes con cualquiera, igual que los militares con los dictadores caprichosos. Que los cocodrilos hacen el amor sentados, que las musas literarias dan besos en forma de abecedario, que en el verano los niños nacen solo y sabiendo que la vida es un jeroflífico dentro de una lata de limonada, que las violetas crecen espontáneamente en el cabello de las sirenas, que los penes redonditos y pequeñitos son los mejores bfones de las reinas y de los dioses. Que las tragedias sólo las viven las tortugas y las avestruces, que los talismanes son descendientes de las pirámides incas y hermanos de los dromedarios. Tampoco seríamos capaces de imaginarnos una película que nos haga llorar, una canción que sepa a chocolate o unlibro de flores. Ni siquiera comprenderíamos el trajín de las arañas y de los cantos rodados, ni el brillo de los gatos sobre los tejados dormidos, o de la risa que juega con una ventisca del desierto... si no llegásemos a desear y amar suficientemente pronto otro cuerpo.


Anónimo.
"Amar pronto" es uno de los 73 relatos hiperbreves recogidos en el libro "Quince líneas". Este libro es una selección de los mejores relatos de todos los premios de relato hiperbreve convocados por el Círculo Cultural Faroni. España.

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Vida y obra de Reichwemmburger
por Jesús Urceloy


"Para Carlos Sánchez Davis"

De las obras orquestales de Anton Joseph Marius Reichwemmburger acaso sea su "Concierto para orquesta con piano para aprendiz" su opus más interesante, así como la más interpretada. Todo el mundo conoce la famosa anécdota que protagonizó el otrora reputado crítico musical Andoni Bull cuando nuestro compositor, en un ensayo previo a la primera ejecución de la obra, describía a periodistas y profesores el contenido de su concierto. Precisamente estaba explicando cómo el piano sólo debía ejer-cer funciones de ripieno, casi una mera comparsa, otorgando a la orquesta en su excelente totalidad, un carácter predominante y absoluto cuando Bull, soltando su clásica risita dijo:

- ¡Oh! Qué gracioso, qué novedoso... Di ripieno, je, je, ¡Di ripieno!
- Sí -contestó no sin cierta acritud Reichwemmburger- como ciertos críticos.
- Fácil entonces para el piano solista -contraatacó Bull.
- Efectivamente -respondió el maestro recalcando sus palabras- Se queda solo.

Parece que Bull emitió un débil "je, je" mientras Reichwemmburger volvía a sus quehaceres y los periodistas presentes daban disimuladamente la espalda al hoy casi desconocido Bull.

Como queda dicho no se trata pues de un concierto para piano y orquesta, sino, como ya hizo Falla en sus "Noches en los jardines de España", un concierto para orquesta con piano. Pero el hallazgo fundamental es que mientras en Falla, de vez en cuando el piano adquiere un cierto protagonismo formal, en Reichwemmburger si lo consigue es gracias al ejecutante. La orquesta juega, salta, grita, se escabulle, gime, se alza de puntillas, vuela, sobrecoge, mientras que el piano se amedrenta, sufre, cae, y muere.

Parece por lo tanto la función del piano un mero objeto decorativo, como esos jarrones de falso jade que un día aparecen rotos en el suelo no se sabe cómo y terminan sirviendo para ahorrar agua en el interior de las cisternas. No es así. Recordemos las palabras del maestro:

" El origen de mi concierto surge del desencanto. Desen-canto que me produce esa caterva de estudiantes de piano que, por tocar -que no interpretar- un conciertillo de Kavalevsky o una sonatilla de Boulez ya se sienten divos impagables y van por el mundo de las academias y conservatorios dándoselas de Rachmaninoff"

Preguntado entonces -no sin cierta picardía- si no se tra-taría de una crítica a esa caterva de intérpretes de piano que van por el mundo y sus salas aporreando conciertos de Brahms y sonatas de Shostakovich contestó el maestro: "También".

"Mi concierto -sigue Reichwemmburger- plantea dos posibilidades. Si es interpretado por un buen solista, por mucho esfuerzo que este ponga en su ejecución, podrá protagonizar algún pasaje secundario, como en el compás 789 del minuetto, donde si aplicamos bien el oído podre-mos diferenciarlo del triángulo. Yo prefiero la segunda posibilidad, ya que si el que toca es un aprendiz de piano, pongamos de tercer curso, este cometerá una pifia tras otra, se retrasará en los allegretos, se adelantará en el molto pesante y no sabrá a qué carta quedarse en el dolce ma rítmico e armonioso. Más que un concierto es una putada, je, je."

Lo verdaderamente desconcertante es el éxito alcanzado desde su estreno. La Orquesta Sinfónica de la reciente República Democrática de Barakaldo, escindida por ple-biscito de la también independizada Federación Democrática de Euskalerria, a las órdenes de la directora Maite Perurena-Ortxandi y con la participación de Antxón Errizalamendi como el estudiante de piano de segundo curso oficial del Conservatorio Usandizaga de Barakaldo, dieron una ejecución impecable. Retransmitida al mundo entero por radio, televisión, Internet e IMPAC (siglas de Im-plantation Microchip Personal Audio Conector) - entonces aún en pruebas- causó tal sensación que en los siguientes días no hubo hogar, residencia, hotel e incluso penal en el mundo que no tuviera -autentificada o no- su copia respectiva, desbancando al mito de la música Julio Iglesias, que con su versión ligera del también mítico "Aqualung" de los Jetrho Tull, era hasta ese momento el tema más escuchado, vendido y plagiado de la historia.

El resto de la obra reichwemmburgeriana es también interesante y añade a la musicología un punto de interés novedoso y nada despreciable. Nacido el día 3 de Julio de 1977, Reichwemmburger desde su primera obra estrenada (un sencillo ragtime para celesta y recitador titulado "Chamberlain on the hill", sobre un poema de Álvaro Muñoz Robledano, hoy inexplicablemente perdidos - música y poema) decidió dedicar su actividad compositora en tres vertientes diferenciadas: Música Sinfónica, de Cámara e Incidental, y en cada uno de estos grupos integrar una totalidad de siete obras. De manera que con 21 obras en total, Reichwemmburger, aún en plena madurez y vigen-cia, dejó de escribir música.

Analizaremos con cuatro apuntes cada una de estas obras:

Música Sinfónica:

1- SINFONÍA Nº 1 EN SOL MENOR, "ABANDONADA".

Comenzada en el Invierno de 1999 consta de cinco mo-vimientos: Allegro, Pesante, Bourrée, Courante y Berceuse. Es-trenada en 2001 pasó desapercibida entre los críticos, aunque hoy sea frecuente en las salas de conciertos. Debe su título a que Reichwemmburger no terminó ninguno de los movimientos en absoluto, dejando alguno de ellos de manera un tanto abrupta. El propio compositor aclaró esta circunstancia algunos años después, lo que supuso, en cierta manera, un cambio sustantivo en el ejercicio de la crítica mundial.


2- SINFONÍA Nº 2 EN DO MAYOR, "ABSURDA".

Una de las más largas sinfonías de todos los tiempos. Se divide en 153 movimientos de un minuto exactamente cada uno. Alguno de los cuales consta de una sóla nota en fortísimo ejecutada al mismo tiempo por la orquesta al completo. Pese a que fue escrita en el otoño del 2004 aún no ha sido estrenada en su totalidad, pudiendo encontrase en formato CD una selección de la misma bajo la batuta de Plácido Domingo y la Orquesta Sinfónica de Cinncinaty.


3- SINFONÍA Nº 3 EN MI BEMOL MAYOR, "ABRUMADORA".

Pese a su título este se debe no a la profusión de notas o efectos grandilocuentes. Su duración es de 12 minutos en un sólo movimiento. Encargo del Teatro Real de Madrid, y bajo la cláusula de no poder ser interpretada en otro foro, hasta 120 años después de fenecido el autor, Reichwemmburger escribió su sinfonía para un total de 14.311 músicos y un bajo bufo solista, lo que sumado es precisamente el aforo de la sala incluyendo fosos, pasillos, escenario, tarimas, salas de ensayo y escaleras. No se encuentra en CD, naturalmente, aunque circula una copia pirata que según se cuenta grabó la sección de pífanos agudos (137 ejecutantes) el día de su estreno, un 9 de Mayo del 2005.


4 - CONCIERTO PARA ORQUESTA CON PIANO PARA APRENDIZ.

(Ya explicado)

5 - CONCIERTO PARA 4 TROMPAS DE PISTÓN, FLAUTA TRAVESERA Y PERCUSIÓN NUTRIDA.

Absolutamente melódico -ha sido titulado como "Concierto Pastoral"-, es la obra más accesible de Reichwemmburger. Un allegretto candoroso, seguido de un animato dolce y un finale diminuendo, son sus movimientos. Ha sido, desde su estreno, en Febrero del 2007, obra de lo más popular llegando a adoptarse en hospitales, guar-derías y salas de prensa como música oficial. Su movimiento central ha sido adoptado como himno por el As-torga All Stars Fútbol Club, reciente campeón de Liga.

6 - CONCIERTO PARA BANDA SINFÓNICA Y SOPRANO SPIRITO.

Fechada en el 2000 es la obra más breve, en este campo, de nuestro autor. Dedicado a la memoria de Anton We-bern y con texto de Sir Nicholas Castle consta de dos movimientos. Recitativo (Allegro) y Aria con cadencias (Piu mosso). Duración, 59 segundos.

7- CONCERTO GROSSO PARA LÁTIGO, VOCES Y ORQUESTA DE CUERDAS "DUNGEON".

Encargo de la ONU fue representada por primera vez el 12 de Septiembre del 2009 en la Sala de Conferencias de la citada organización en New York. Un solo pero intensísimo movimiento -marcado allegro piacebole- de 38 mi-nutos de duración, donde las sopranos y los tenores alcanzan notas agudísimas y las contraltos y bajos, que son los instrumentistas del látigo, profundidades cavernosas, que a menudo son confundidas por risas entrecortadas y jadeos. Aunque es un homenaje al dodecafonismo, con ciertos pasajes de un claro mecanicismo y cierta improvi-sación, es una obra que ha ido ganado adeptos por todas partes, con gran éxito de público, viene a ser después del Concierto para Orquesta y piano para aprendiz, su obra más solicitada en directo.

Música de Cámara:

Exceptuando el Cuarteto de cuerda, "Insignificante" del que hablaremos al final de este artículo, el resto de sus com-posiciones camerísticas -todas del año 2013- son un Trío para Contrabajo, violín y marimba, con claras alusiones a la música celta; su Dúo concertante para Bombardino y Bandoneón, donde homenajea al compositor español Camarón de la Isla; y su Sonata para piano preparado, dónde el intérprete debe buscar la llave del piano que, previamente, un es-pectador al azar debe esconder en las inmediaciones, lo que a menudo alarga la obra hasta límites insospechados.

Las tres obras restantes - ya del verano del 2015 - son piezas muy breves, aunque intensas y de un carácter muy intimista. Se trata de su célebre Indagación nº 1 para bajo solista, sobre un texto de Antonino Pole, con su início de precalentamiento a base de fórmulas budistas; la Indagación nº 2 para guitarra eléctrica, bajo, acústica y batería, con tenor en falsete, también conocida como "Sgt. Peppers Lonely Hearst Club Bar" y en la que ciertos investigadores han encon-trado parecidos sustanciales con un lied bastante famoso del pasado siglo; y por último su Indignación para director solista, que el genial Baremboim, interpretó a puerta ce-rrada en el Metropolitan de New York con unos resulta-dos absolutamente irrepetibles.

Música Incidental:

Las siete obras que comportan este pequeño catálogo son de carácter anecdótico, y salvo el Réquiem -del que habla-remos un poco más- obedecen a caprichos y encargos y son interpretadas, incluído el Réquiem, en escasas ocasio-nes.

Se trata del Ballet "El transfuga", bailable del musical del mismo título del cineasta Pedro Díaz del Castillo; la Can-tata "Presto, Doménico, il contrachitarrone" para el acto de canonización del Papa Inocencio XXIII; la Música Aleato-ria del drama de Urceloy "In fornicio quando sumus"; la Suite barroca sobre temas plagiados a Bach, a petición de la Cámara de Comercio del Banco Mundial; el Poema Sinfónico "Basilio in the Nanga", sobre textos del Premio Nobel David Torres; y las 216 piezas cortas para niños "Exín" para diversos instrumentos. Todas estas obras fechadas entre el año 1995 y el 2016.

Mención aparte merece el Requiem a 6 voces mixtas, cuarteto de cuerda y público, del año 2003.

Para finalizar este artículo, retomando la música de cá-mara, hablaré del CUARTETO PARA CUERDAS, "INSIGNIFICANTE".

Se trata de la última obra de Reichwemmburger. Deno-minada originalmente "simple" por el propio compositor no obedece sin embargo a ese título. "Cansado, entregado ya al premeditado fin de mi existencia creadora, no he querido acabar con una obra trabajosa y difícil. Soy un vago. Lo sé. -dice Reichwemmburger-. Sencillamente inventé una secuencia de Do-Si-Re bemol para el primer violín, un acompañamiento inverso para el segundo vio-lín, siempre en pizzicato, una escala descendente desde el Do al Fa para la viola y un sostenutto en Sol Menor para el chelo, con pequeñas incursiones en un cantábile Mi-Re-Do Sol-Fa-Si. Después marqué para el único movimiento de la pieza un 4x4 de 7 minutos que se hilvana a un 5x8 de 3 minutos y un 2x4 a modo de vals para el finale, de 15 minutos, dispuesto en Rápido-Lento-Rápido, con una coda en prestissimo donde la viola repite una sucesión indeterminada de notas a gusto del intérpete y sin duración precisa, molto marcato. Pedí que surgieran, en estos parámetros, las combinaciones precisas y dejé que el programa hiciera el resto". Ha sido estrenada en el reciente Festival de To-ronto de Música Profana.


Después de la composición de esta obra nuestro autor ha abandonado definitivamente la composición musical, retomando su carrera de concertista que abandonó en 1997, a la edad de 20 años, justo tras el estreno de su tan lamentablemente perdido ragtime. Sin embargo, si el mundo ha perdido uno de sus máximos exponentes creadores ha ganado un intérprete incuestionable que, desde entonces, y bajo la batuta de cualquier director que se precie, se encarga personalmente de difundir en exclusiva su desconcertante Concierto para Orquesta y Piano.

©Jesús Urceloy /21/12/1999

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Diccionario para manejarse entre tiburones
por Antonio Polo [apolo99@teleline.es]


A Autocartera.
Empalizada bursátil que impide la entrada de otros tiburones. La verdad es que el término produce cierta confusión. Algunos se toman a pies juntillas lo de la autocartera creyendo que todo el monte es orégano.

B Broker. Individuo agresivo que usa ropa interior de Calvin Klein y que pasa la mayor parte del día escupiendo cotizaciones de bolsa. Los brokers se matan para que otros tipos que fuman puros ganen mucho dinero y no tengan que presentar un expediente de regulación de empleo. Todos los brokers llevan tirantes y la mayoría se pone fijador en el pelo.

C Crash. Odian esa palabra, les gustan más Cash flow o Cash a secas.

D Déficit. Algunos prefieren ir al dentista antes que soportar escucharla. La inmensa mayoría de los tiburones no tienen ni idea que déficit lleva acento en la e.

E Especulación. ¿Yo? ¡Un poco de respeto por favor! ¡Que genero mucho empleo, eh! Respuesta habitual. Se ha extendido de tal modo que ya hasta te puedes encontrar especuladores con boina.

F Friedman, Milton. Para los tiburones es como el Jesús del Gran Poder. Recuerdo una pintada aparecida en Chile después de que los militares aplicaran su doctrina de la Escuela de Chicago que decía: Friedman, pendejo.

G G-7 Aunque parezca el turno en una partida de hundir la flota, en realidad son los que cortan el bacalao.

H Hacienda. Lucifer

I IPC. Excusa todoterreno que suele emplear el gobierno de turno para acabar subiendo el tabaco.

J Joint-Venture. Hay que tener un chicle en la boca para pronunciar esto. Los tiburones se pasan el día haciendo joints-ventures y otras cosas peores.

K Keynes. Según Keynes, el paro depende de la caída de la demanda efectiva. ¡Que se lo digan a los mineros de la cuenca asturiana!

L Lock-out. Cierre patronal. Normalmente, respuesta de los empresarios a la huelga de los trabajadores. En realidad es una falacia.

LL Falacia por partida doble.

M Mercado. Dios

N Nacionalización. La nacionalización es el resultado de la desastrosa gestión en una gran empresa. En ese caso los tiburones no sé como lo hacen, pero acaban echando siempre la culpa al aumento de los costes salariales. Al final, lo pagamos todos.

O OPA. ¡Quiero una OPA! En las OPAs siempre hay tropezones. Una vez vi a un banquero haciéndose una OPA y la verdad es que es algo totalmente repugnante.

P Paraíso fiscal. Es como el Jardín de las Hespérides pero en el que las facturas no aparece el IVA.

Q Quiebra. Crash, socialismo, estado de bienestar, gran depresión, impuestos, sindicatos, más que términos con los que suelen tropezarse los tiburones en realidad son forúnculos.

R Reaganomics. Doctrina económica basada en el keynesianismo de derechas que puso de moda un actor de Hollywod.

S Síndico. Arcángel del parquet. En vez de espada suele usar un martillo con el que da comienzo o pone punto final a unas sesiones comerciales que se desarrollan por medio de signos absolutamente incomprensibles. Los síndicos se pasan el día mirando el reloj y dando martillazos.

T Thatcherismo. Diosa británica que aborrecía el sector público. Una noche tuvo un sueño e inventó el capitalismo popular por el cual hasta los hoolingans podían convertirse en accionistas. Los tiburones todavía llevan su foto en la cartera. El M-17 británico tiene en su poder documentación comprometida sobre M. Thatcher: al parecer lo de la dama de hierro era un camelo, en realidad ahora se sabe que llevaba siempre una plancha en el bolso.

U Unión Europea. Antes CEE. La Unión Europea comenzó siendo una agrupación de tenderos pero ahora lo mismo manda arrancar unas vides que suelta una partida para arreglar una iglesia románica.

W Wall Street. El Olimpo de los dioses.

X, Y, Z. Seguirán siendo incógnitas para los restos.

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k2ñr89·inicio

Persistencia
por Adriano Porticone


Otro día de guardia que se terminaba. Los pies sobre el escritorio y la mirada perdida en la pared blanca que estaba frente a mí, dejaban adivinar que no demasiado había sucedido en varias horas. El solitario de la computadora ya no me atraía y lo único que quedaba por hacer era seguir esperando que el tiempo pase y que la hora de irse llegue. Siempre creí que era imposible pensar en nada, pero la nada absoluta ganaba mi cabeza durante esas vigilias solitarias e interminables en la redacción. 

El teléfono sonó un par de veces pero poco faltaba para que mi horario llegara a su fin, así que decidí dejar que siguiera llamando. Cuando la persistencia comenzó a preocuparme pasó por mi mente el levantar el tubo, pero al estirar el brazo para alcanzarlo el aparato se calló. Me quedé tranquilo pensando que la llamada no debía tener tanta importancia si el que llamaba había decidido cortar y me volví a acomodar en el sillón. Las imágenes se desvanecieron de a poco y el sueño me ganó. Lo siguiente que recuerdo es el golpe del director sobre la mesa. Tratando de simular que solo tenía los ojos cerrados intenté articular alguna frase trivial, pero la garganta seca por respirar por la boca me jugó una mala pasada y solo logré sacar un chiflido inteligible que me hizo quedar aún peor. La cara de pocos amigos del director me anunciaba el epilogo de mi noche pero me sorprendió que su expresión cambiara tan rápidamente. 

-Treinta veces lo llamé. No anda el teléfono?

-Perdone señor, es que a veces no se escucha nada.

-Y si duerme durante la guardia menos va a escuchar. Pero usted siga así sin escuchar y va a llegar un día en que no va a escuchar mas nada, porque no va a venir mas acá.

-Disculpe, lo que pasa es que la noche está muy tranquila.

-Bueno, ya tiene algo para hacer, en la comisaría octava hay una manifestación de parientes, agarre un auto y se va ya para allá.

Mi horario estaba cumplido, pero no me animé a recordarlo, porque mi situación era ya de por sí complicada. Agarré el grabador, saqué un block de papel y una lapicera del cajón del escritorio y salí atrás de él. En la recepción estaba Marisa y le pedí que me consiguiera un auto y un fotógrafo para empezar a sumar los puntos que me había restado mi descuido.

-Hijos de puta! Hijos de puta!

El grito persistente y provocador y los cánticos se escuchaban desde varias cuadras. La gente se concentraba cerca de la entrada y exhibía carteles improvisados mientras el cordón policial pugnaba por no perder terreno ante los manifestantes. La bronca era el denominador común y la impotencia ante las decisiones movilizaba a sus almas anónimas en pos de abandonar esa posición que hacía que se perdieran como una parte del paisaje urbano. Cansados de ser un elemento más del decorado citadino, no iban a permitir que las autoridades fueran permeables a sus designios. 

La prensa empezaba a llegar y los ánimos se ponían cada vez mas calientes. El tono, quizá alentado por las cámaras, se elevaba y ellos sentían que su fuerza crecía. Algo voló por el aire y pegó en el rostro de uno de los uniformados. La chispa que todos esperaban se había producido. Ninguno de los bandos había querido ser el primero, pero el honor estaba ahora en juego y la agresión decretó el que la siguiente etapa comenzara. Los palos se desenfundaron, los gases salieron disparados hacia la gente.

Corridas, caídas, ojos irritados, pedradas, vidrios rotos, gritos, gente asustada, gente con furia. 

Animales en fuga, animales atacando, animales defendiéndose. 

Animales respondiendo a su instinto.

De pronto la calle quedó vacía, solo los carteles tirados por el piso y la atmósfera vagamente difuminada por el gas daban elementos para imaginar que un minuto antes la caldera había estallado. Luces azules y rojas, daban frío y calor al paisaje, alternando las sensaciones como el lleno y el vacío, la bronca y la resignación, el ataque y la defensa. 

-Pasá los semáforos que sino no llegamos. Dale que si se nos escapa nos matan a los dos.

Evidentemente la suerte no estaba de mi lado. El chofer del auto del diario parecía no saber que el vehículo tenía tercera y manejaba solo con los dos primeros cambios. En cada esquina clavaba los frenos, tocaba bocina a todas las putas del camino y tenía intenciones de detenerse a comprar cigarrillos en todos los kioskos que veía. Encima no había podido ubicar a ningún fotógrafo y me habían encomendado ubicar algún "free lance" para tener algo de material ilustrativo. A cada momento mi panorama se ennegrecía un poco y mi resignación ante el mal día se agigantaba bastante. 

-Dale carajo que si agarramos esta nota nos ganamos un aumento–intenté convencerlo cambiando la táctica, pero como si nada, el tipo seguía dejando que el tiempo pase.

Ya ni quería mirar el paisaje porque la bronca me había ganado y me entretenía dibujando garabatos en el papel que llevaba para tomar nota cuando una frenada más brusca que las que venía sufriendo en cada esquina me sacó de la ausencia de actividad mental. Un grupo de personas se había cruzado delante del auto mientras huía no sé de qué y el imbécil que me conducía pisó el pedal del medio provocando que las ruedas chillaran en el asfalto. La gente ni se dio por enterada y siguió su huida mientras iban perdiendo carteles y pancartas a medida que corrían. Aprovechando que me había liberado del suplicio de tener que viajar en ese auto, agarré mis cosas y bajé rápidamente y me dirigí en la dirección de la que escapaban los manifestantes. No tenía ni la más mínima idea de adonde iba, pero seguro que la comisaría en donde se estaban manifestando no estaría lejos. A medida que avanzaba, la vista me ardía más y más hasta el punto que me tuve que detener para intentar cubrirme un poco. Sentí que me asfixiaba e insulté mucho al director que me había mandado. Me insulté mucho también a mi mismo, e insulté mucho a todo el mundo. Sin poder ver nada, me senté en el cordón y esperé un rato hasta recuperar el aliento para intentar abrir los ojos de nuevo. El silencio me acompañó unos instantes mientras contaba los segundos para retomar mi marcha. Tomaba aire de a poquito, como dando pequeños sorbos a una medicina con feo gusto y no sé si es que me fui acostumbrando o que el gas lacrimógeno se había disipado, pero tomé fuerza y me paré para intentar seguir. Apreté los puños y levanté rápidamente los párpados dejando que el paisaje entrara de nuevo en mi cabeza. Como había adivinado, ya se podía respirar y ver con cierta normalidad por lo que intenté ubicar la comisaría a vuelo de pájaro y troté, ahora con menos convicción, hacia ella. El edificio viejo estaba custodiado por unos veinte policías con mascaras y lucían amenazantes atrincherados tras un par de autos con las luces de la sirena prendidas. Al ver el panorama bajé el ritmo y como un beligerante rindiéndose saqué el carnet del diario y comencé a gritar que no tiraran. Debe haber sido patética mi imagen, porque a pesar de las caras cubiertas pude notar como los canas se reían de mí. Pocos pasos me faltaban para llegar a ellos cuando me di cuenta que me había perdido la mitad de la nota.

No tenía ningún testimonio de los manifestantes y a juzgar por la actitud del comité de bienvenida de la comisaría se me iba a poner difícil para ubicar a alguno por ahí cerca. 

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k2ñr89·fin

 

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Extremaunción
por Sonia García

Resto debí ser, mortal, resto entre hierros, amasijo debí ser. O vaya a ser, víctima vaya a ser, nombre y apellidos, iniciales o acaso no identificado resto de uno más entre los miles, uno entre las matrículas, las carrocerías. O soy: visión de los asientos delanteros, detrás mío, resto de vista, adivino aún algunos cristales empotrados en la tapicería, se nublan mis horas, mis cisnes callan, ¿o cantan?, ahogan sus melódicas las estridencias de las sirenas, los susurros metálicos de alguno que trata de desencajar las puertas: resto soy y quieren tocarme, hablarme, estas nubes bajas, cada vez más bajas, creo que va a haber tormenta, soy hecho trizas y murmullo, soy hecho rumor y muerto, cuánto tiempo tardará en enfriarse mi sangre, soy frío, soy este frío, soy este resto mortal, soy este oscuro.

 

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Tres años luz
por Vicente Rosales Cluny

Mención Especial del II Premio Ariadna de Relato 
"Música para Aeropuertos"

 

Una maleta y Sara en los brazos. Primer paso. Barcelona, Estación del Norte.

«¿Y lo otro qué?», me preguntó él. Pobre, no se lo esperaba. «Lo otro te lo quedas tú», contesté. 

Remordimientos, el gran sofá, ilusiones en conserva, desaires, ficción de familia, joyas, promesas que devienen en promesas tipo esta vez sí ya verás, días con sol de mármol y sombras de madrugada, migrañas maceradas en jack daniels, libros abiertos para despistar, sexo porque sí y ofensas tatuadas... total, anexos de soledad, nostalgia, inquietud de tiempo perdido, temor a odiar y la vergüenza de sentirse estafada. Sí, te lo quedas tú.

«Dos billetes por favor». La chica de la ventanilla sonríe. «Si es por la niña no hace falta mujer, que la cría no paga», dice. Aun así, «¡le he dicho que dos, haga el favor!».

Andén 8. Autocar para Toulouse. Diez minutos. Río de gente. Aguas turbulentas. La espera al igual que piedras en el arroyo. Personas vienen y van sobre canoas soñolientas y entumecidas, sobreviven como pueden a los rompehielos del capital, y eso que en principio debían ayudar. Entretanto un salvavidas de verdad: dos pececillos, tierna mirada. Mi Sara. Y otra vez lo real, el ahora. Caudal de inseguridad y flujo de pensamientos; impulsos de ida y vuelta apelmazados por error en la conciencia como el viento de incertidumbre que se va alojando en el pecho del asmático ante un acceso de injusticia natural, luego miedo a la ansiedad. Sin embargo, esperanza de mar abierto: el gran delta, aunque lejos, muy lejos. Es igual. Quizá mañana meandros de autoestima. Quizá. Hoy sólo una certeza: navegar. 

«No te atreverás, ¡si lo sé yo!», me gritó. «Puede que tengas razón», pensé.

El maletero abierto. Dejo todas mis pertenencias dentro, absolutamente todas. Sólo Sara y yo. Segundo paso. Un minuto y ya está. Motores en marcha. Aguardo en el exterior. Miro la gente entrar. Un beso a Sara, mi balsa. Se cierran las puertas. Seguimos fuera. Oigo las olas, siento la humedad. El autocar se va. Nuestros asientos vacíos. No me lo creo, navegamos. Observo, lloro y grito: ¡adiós flaqueza!. Sara duerme, no importa, adiós también. Y ahora, empezar de nuevo. Tercer paso. Barcelona. Sara y yo, solas, en busca del mar.

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El emigrante
por Ricardo Martínez Cantú

 

Vivo en el piso 47 de una torre habitacional como hay tantas otras en la ciudad. Anoche, cuando apagué las luces del departamento y los cristales del ventanal se volvieron transparentes, lo vi afuera. Estaba parado en el barandal de mi pequeño balcón, mirando hacia lo lejos; aterido y con las alas húmedas de niebla. Lo invité a pasar la noche conmigo y aceptó. Conversamos hasta el amanecer.

Por supuesto que no pude convencerlo de que se quedara. Los ángeles saben, al igual que todo mundo, que ya no hay más que invierno; que el hemisferio sur es, ahora y en cualquier mes del año, tan sombrío como el norte; que el verano ya no llega a ningún sitio; que de nada sirve el titánico esfuerzo de la migración. Sin embargo, el instinto los sigue arrastrando con tal intensidad que no pueden resistirse. Por eso, apenas clareó el día, se marchó.

Y la verdad es que lo envidio. Gustoso cambiaría mis genitales por sus alas, con tal de ser capaz de experimentar otra vez un poco de esperanza...

RICARDO MARTÍNEZ CANTÚ Monterrey, Nuevo León, México, 1949. Dos años escribiendo, un libro de poemas -Verdaderas palabras- y algunos cuentos publicados en revistas reales y virtuales.

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La servidora
por Deirdre Maultsaid y Pilar Sánchez Lapeña

 

A mi muñeca la llamaba siempre Gwendolyn, nunca Wendy. ¿Qué pasaría si la tratara como a una niña y luego averiguara que era una orgullosa princesa mágica? Tan pronto como creí que era mágica, no pude evitarlo. Tuve que quererla con verdadera devoción.

Gwendolyn era alta, de pelo castaño y ojos verdes que cerraba con calma regia cuando la tendía en su almohada especial. Alguien -¿una tía?- le hizo un deslumbrante vestido blanco y una chaqueta verde. Hubiera sido impropio de mi madre rebajarse a hacer cualquier tarea doméstica ni aún de decoración. Tenía compromisos a los que acudir casi cada noche. Ella no conocía ni mis juguetes ni mi vida de niña.

Gwendolyn siempre me esperaba cuando corría a casa después del colegio para estar con ella. Yo imaginaba que su corazón de muñeca era cálido pero desgraciadamente sus brazos de plástico no me abrazaron las veces que lo intenté. Aún así, Gwendolyn se dignaba a reconocerme con una elegante mirada. Yo la vestía y la llevaba de paseo por todo el bloque.

Cuando Gwendolyn se me cayó en un charco de lodo pastoso y corrí a casa, mi madre la enjuagó con agua fría sin quitarle siquiera su ropita de muñeca. Después de que Gwendolyn se secara en mi mesilla, era evidente el estado de su vestido, encogido y grisáceo y su mata de pelo tan enmarañada que no podía peinarse. Silenciosamente le enseñé la muñeca a mi madre. Despreocupada dijo: "Eres demasiado mayor para andar con esa cosa por ahí".

Consideré lo estropeada que estaba Gwendolyn, su vestido, su pelo, incluso el único párpado que ahora cerraba y sentí miedo. Nadie trataba así a una dama. Mis servicios dejaban mucho que desear. Después de todo la primera Gwendolyn podía haber sido la esposa de Merlín el Mago. Gwendolyn, Merlín y el rey Arturo habían vivido a medias entre este mundo y otro. La brujería estaba aún por doquier. En mi propia calle veía cuervos graznando en las ramas de los árboles. Desde mi ventana veía la luna como una delgada hoz de luz sobrenatural. Tenía la imagen de mi Gwendolyn en un rito sagrado, llamándome para que saliera de mi vida hacia un cortejo en un submundo con largas túnicas que desaparecen para siempre en un brumoso bosque de robles.

Podría ocurrir.

Espere aterrorizada.

Mi madre no sentía miedo ni alimentaba ilusiones. Un día cuando llegué a casa, mi madre había apilado algunos rompecabezas, jerséis, y a Gwendolyn, boca abajo, en una caja de cartón para darlos a la Caridad. Me quedé atónita mi madre cerró las solapas de la caja y dijo: "Querida, tenemos que deshacernos de estos trastos viejos".

Me invadió un gran sentimiento de alivio. Mientras subía las escaleras hacia mi habitación, apenas podía oir las órdenes de Gwendolyn. Debería haber sabido que mi madre era mucho más fuerte que la llamada de cualquier antiguo conjuro. El único poder de Gwendolyn estaba escrito en runas que yo no necesitaba leer.

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