Que nadie llegue nunca,
y que nadie pregunte
por qué el cielo cayó
sobre Narciso de esta manera.
Que nadie sea como yo-plural en este sueño,
porque un estanque negro gira en mi cabeza
y canta nautamente como un Ulises
que se empolva en los espejos
oscura,
fugaz,
malditamente.
Hoy tengo miedo de decir
lo que el poema dice
desfachatadamente.
Hoy que no quiero
publicar ni siquiera la sombra
(para ver al que se roba
el hilo de la costura del alma).
Porque la luna está
sufriendo en los aleros,
y el sueño
está sufriendo en las palabras,
cuando el Plagiador
que finge,
o el-Alí-
el-Delababa-corta,
que simula,
laureado,
remotamente espagnolo
sigiloso, cercano,
maldito, sutil, hermoso,
pregunta
y me hace daño.
Mientras la noche cae
de lluvia en lluvia,
como luces de bengala
y-el-ojo-de-la-vela-vela-
el-viento-
del-nao-do-remotamente-solo
-rema-que-rema-por-la-Muerte,
porque el otro,
quizás el mismo que lee,
como si fuera falso
el copiador del alma,
como si fuera cierto,
el que finge y el que sueña,
el que sólo espía lo que mi Muerte dice
y escribe en las paredes
de mi alma
tautológicamente
Ivano.
Sólo él espía lee
lo que en el remo grabo,
para luego, de capitán en capitán,
como un esclavo ,
o como una Loca, tú,
fazer de la palabra trampa,
fazer de la Muerte hilo,
y de lo abyecto esa pose del Aëda
en donde plagias
el pergamino mío,
porque estoy a punto de matar,
más oscuro aún que el asesino tuyo,
más oscuro que Dios
en las sombras de lo remoto,
apolillado,
en los folios de Whitman
(do te quejas vulgarmente del poema mío),
esquivas la queja de tu envidia,
en los papyros del Dios enamorado,
narcómano,
fugaz,
a los oídos míos.
¡La soledad!
¡La soledad!
He allí los rapsodas
de los esbeltos magazines,
distantes, vestidos de homo,
aunque espantosos, pintándose las uñas,
haciéndose rizos
oliendo perfumes,
buscando fetos in filo suo,
me rechazan
y Dyonisio pendet,
a la vara,
clavando por el culo como un feto
(¡Oh, Lesbia de Dios, no me codicies!),
porque las olas del Egeo me arrastran
y las sombras de las sombras en los remotos remos
do el mar bate contra tu propio
tocador de criminal
que gime en las noches
como el Eco sin par de los espejos.
¤¤¤¤
Escupe, tú, ahora,
con tu fístula rota
de papyrus y de caña,
escupe, tú, ahora la saliva contra Dios
y bebe la ceniza
porque el nao del aspa-astilla,
el nao del alba
a la gaviota del árbol,
al ala rota,
te arroja contra las astas
de los hombres que aplauden
y de las ratas que chillan.
La noche te queda inmensa y
Nerval te queda más inmenso todavía,
como quien desconoce a la Muerte,
porque en el crepúsculo del dios,
las novias del puerto,
avevo una vez,
un enclenque del alma como tú,
llenito,
en los espejos del amante,
do cantas
escorbutamente
al ala derecha de los jacobinos
como si hubieras
besado a las sirenas dUlises por el sueño.
Pero todo es falso,
dramáticamente incierto,
en la zona del que finge nada es cierto,
con su manita dorada
de aëda
(que-anda-a-la-luz, sigiloso,
con veinticinco poetas mancos)
que plagian los kotex de las muchachas
como si hubieran visto
el esplendor en los ocasos.
Las Musas,
a los lejos,
han decidido juzgarlo:
Son noches temibles
las que el infierno forja a las puertas del Hades,
como luna de lata, otoñal,
amarillenta, do recojo
el llanto de Orfeo, porque
Venus venderá el gemir como tecata,
como perlas, o como mimo de Musa
venderemos
posmodernamente
el polvo del cielo y el polvo
del aljibe.
Tu voz de niña frágil,
telarañosa,
casi nada,
dhumo,
incierta,
do tu llanto temible
ha cantado
en una lengua rara de pozo
y espanto:
(Terrible carne del dolor,
temible dolor del cielo
los ángeles escupen,
hablan, orinan y dicen.):
Dios es mejor que la marihuna
del bosque. Mejor quel vino y mejor
que los orgasmos. Nada arrebata como El,
nada como su sed, y como su hambre
nada. El Señor es mejor que la Montaña
Rusa que trajeron los gitanos. Su
taxi vacío es mejor que la ausencia.
El basta para entender el tiempo, porque
su nada se parece a mi nada y su
risa, casi-alma-mía, es la mejor risa
de los sueños. Nadie se espanta como El en
los estanques. Nadie ama como El en los moteles
del bosque. ¡Estoy solo! ¡El alba me enloquece!
¡El Señor es bueno! El es mejor que los orgasmos.
Cuando mi corazón se fatigue como
un suicida, El será mi huésped. Cuando
nadie me llame ni me busque El faxeará mi alma
y su voz de Muñeca vieja cantará
en mi corazón con el miedo espantoso
de los muertos. Cuando esté solo, aplastado
por el miedo, El me tomará de la mierda,
y guiarame a mis sepulcros hermosos, como
geisha cubierta de trapos. El será mi Señor
y yo seré su Orfeo lleno de latas,
de chiringas, de cangrejos. El será todos los niños
que fuman en los muelles, y los niños que
lloran contra el cielo. El Señor es hermoso...
El Señor es mejor que los suicidas.
(¡Oh, mi corazón, qué formidable bestia
es mi corazón enamorado!)
¤¤¤¤
A los lejos,
como si Ulises me hubiera iluminado,
espío el ojo que me espía
y escribo a mitad de la astilla
Los plagiarios del cielo
que no te mereces, porque
los escribas creen que somos lo mismo,
porque sudo debajo de la lengua
esta sangre de plata de hilo,
este periodo del falo
con la vena mía del alma,
do el navío de Dios golpea y da
contra la costra del alma.
La Muerte,
que sabe del ritmo del cielo,
en donde se oye el Claro de luna
y la sonata sin par de los acordes,
recuerda que soy yo,
como si estuviera loco,
y no tú,
hijo de Olivio,
quien poetamente
escupe
contra los copleros del nao.
Es la rabia delicada,
como cálaos ciegos,
(¡Oh, Baudelaire canta antes de tiempo
contra la furia del Albatros!)
do fluyen las flautas de la fauna mía
y fluyen las olas mágicas y
las rosas de Dios que giran en las fiebres:
es el escorbuto blanco,
contra el ojo tuerto del que espía
en la inmensidad de la dicha
de las sirenas negras del alma.
¿Quién va?
¿Quién naufraga?
¿Quién está satisfecho?
¿Qué muerto ha pronunciado el nombre de Iván?
¡Oh, inmensidad,
desgárrame,
úngeme,
enloquéceme
tierno por las sombras
para dar con mi lira de orquídeas,
y con mi falo curvo dar,
sentir,
oler
que lo real
es más delirante todavía
que la realidad del sueño!
Doy y das,
óyeme, ú, porque
con mi bicho de rosas
golpeo contra las astillas,
contra el clavo golpeo,
contra el alfiler,
¡Oh, Cristo!,
contra esta espina de la cruz (golpeo)
donde la sangre del semen
es la mirada paranoica del Testigo.
¡Qué terrible es el exilio!
¡Qué infierno es el exilio!
¤¤¤¤
Cuando yo esté vacío, entonces, a mi mano derecha,
y no haya nadie a mi mano izquierda (cuando)
no haya senos, ni vulvas, ni navajas
de donde asirme), el Señor estará
conmigo en la hora correcta. El será preciso
como una novia, o como un amigo no
me choteará, ni traficará, ni me dejará,
en los pantanos. El será mi Muerte
como una madre. El enrollará su alma
para mí y fumará conmigo en las ansiedades. El
enrollará su cuerpo con mi cuerpo como una
joven y reirá conmigo en las Noches de Bodas
y será otra vez el orgasmo de siempre. El
Señor es terrible. El ha enrollado mi alma.