CONCURSO :: MpA 1997-1999 :: APENAS RECORDAMOS:: LA ESPERA :: CUADERNO DE VIAJES :: BRIAN ENO

INDICE   MUSICA PARA AEROPUERTOS

 

 

BRIAN ENO.
MÚSICA PARA AEROPUERTOS.

por Jesús Urceloy

 

 

Permite tu capacidad de entendimiento, 
amigo, y entra junto a mí en esta sala de espera. 
La noche -escúchala- afuera está cayendo.

Pudiera no ser noche sin embargo, 
que detrás de esta puerta que allí estaba 
el bullicio, los taxis, 
las colas, los retrasos, 
el indomable esfuerzo de la vida, 
siempre rugiendo por un más allá, 
siempre atenta al esfuerzo de lo inaprensible, 
el tacto de las cosas y la cadencia implícita 
de las monedas en el bolsillo, 
estuvieran mordiéndote, llamándote.

Pudiera ser, es más, tal vez debiera. 
Por eso apelo a tu capacidad, 
tu esfuerzo: ven conmigo, entra aquí, 
sienta tus células en la moqueta, espárcete, 
lanza tus brazos a los horizontes, 
ordena a tus rodillas, a tus piernas 
que cubran cada flanco de este sur, 
cierra los ojos y atiende al sonido.

Exactamente eso. 
El sonido. 
No a su lógica orgánica, no a su gesto pautado, 
sí: es música, 
yo soy el semidiós que habita en los silencios 
de las salas de espera, tú no crees 
en mí y eso me facilita 
el trabajo, crees que soy tu voz que hoy te detiene, 
un tono familiar, vamos descansa. 
Y ahora escucha el sonido, no la música, 
ya sé: también la música, 
eso era más tarde. 

Tal vez no fuera nunca, estaba ahí. 
Hay un piano, hay un bajo, unas notas, la escala
descendente, suena a viejo, metal frío 
que licúa 
cada segundo lento, lento, lento, 
tenue, con la violencia de una escuela de almas. 
La nave está dispuesta en el hangar, 
pero el tiempo no es este. 
Será, tal vez, otro milenio: no este. 
Hay que esperar al año geofísico: 
te miente tu verdad: esta es la música.

Hay unas voces tristes de mujer 
que alegran el instante de la duda, 
hay tres trompas heréticas que abaten 
los muros del abismo y lo franquean, 
hay un piano de cola irreductible 
y siempre un bajo eléctrico en la sombra. 
Nada se oye pero todo alienta. 
Tu avión ha despegado y tú no estabas.

Porque el aire no existe y todo vuela.
Porque tu cuerpo llora y todo vuela.
Porque duerme la sangre y todo vuela.
Porque la libertad se pudre y todo vuela.
Porque el ángel ha muerto y todo vuela.
Porque tú eres la música y nosotros,
Y todo vuela.

Para Pedro Díaz del Castillo.

© Jesús Urceloy, enero del 2000.

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