el laberintoel laberinto  

    seis   invierno  tres

PORTADA ::  MÚSICA PARA AEROPUERTOS :: EL LABERINTO

 

Todas la claves y el símbolo 

VersO
Anuncio por palabras
Juan Emilio Aragonés
¤¤¤
Acaso no la fiebre, sino el vuelo indefinible
David Foronda
¤¤¤
Los gusanos (parte I)
César Muñoz Gómez
¤¤¤
Yo no luché
Alvaro Muñoz Robledano
¤¤¤
Las brujas enseñan a los perros...
Alvaro Muñoz Robledano
¤¤¤
A veces siento pudor cuando escribo dominado
Rafael Pérez Castells
¤¤¤
Los plagiadores del cielo
Iván Silén
¤¤¤
Vuelo 422
Angel Maldonado
(Mención Especial del II Premio de Poesía Ariadna)
¤¤¤
Por qué del agua al agua hay...
Pablo Jiménez
¤¤¤
Como un Gato
Kike Silva

¤¤¤
Leyenda
Francisco de Molina

¤¤¤
Hijo de albañil
Salvador Moreno
¤¤¤
Apuntes
Epitafio de un suicida

José Ángel Calatayud

¤¤¤
Asesinato de Fernando Buesa y Jorge Díez 22.II.2000
Alberto Porlan
¤¤¤


El hombre que llamaba a Teresa
Italo Calvino

¤¤¤
Amar pronto
Anónimo

¤¤¤
Vida y obra de Reichwemmburger
Jesús Urceloy
¤¤¤
Diccionario para manejarse entre tiburones
Antonio Polo

¤¤¤
Persistencia
Adriano Perticone

¤¤¤
Sin Título
Sonia García

¤¤¤
Tres años luz
Vicente Rosales Cuny
(Mención Especial del II Premio de Relato Ariadna)

¤¤¤
El emigrante
Ricardo Martínez Cantú
¤¤¤
La servidora
Deirdre Maultsaid y Pilar Sánchez Lapeña
¤¤¤


Las partículas elementales
Michel de Houllebecq
¤¤¤
Milenio (Antología de la poesía ultimísima en España)
Basilio Rodríguez Cañada (Ed.)
¤¤¤
Generación del 99
José Luis García Martín
¤¤¤
El inquilino incómodo
Carlos Sánchez

¤¤¤
Tokio no nos quiere
Ray Loriga
¤¤¤
El mágico aprendiz
Luis Landero
¤¤¤
Palabras entre dos fotografías
Inundaciones en Venezuela. Diciembre de 1999

Antonio Polo
¤¤¤


Dibujo de Cristina Bergoglio

m2gh34·inicio

Anuncio por palabras
por Juan Emilio Aragonés

Se ha extraviado un hombre.

Viste corazón gris,
ojos ensombrecidos por la pena,
camisa inarrugable,
incómodo sayal de soledad,
manos envilecidas
y son de fantasía sus zapatos,
pero le están estrechos.
Son señas especiales
de identificación:
cojea del espíritu
-aunque es defecto casi imperceptible-
le falta alegría
y su mirar es torpe y huidizo.

A veces interroga a los transeúntes
por alguna esperanza que perdiera
en estos años últimos.
Después, sonríe amargamente
y sigue caminando por la acera del sol.

Quien pueda dar razón del paradero
de este hombre entre los hombres
- ¡hay tantos corazones grises! -,
que informe a su niñez:
lo está esperando y aún no desespera
.

índice

m2gh34·fin

 

w1qw61·inicio

Acaso no la fiebre, sino el vuelo indefinible
por David Foronda

Para Rafa
Porque luego es otra cosa

Acaso no la fiebre, sino el vuelo indefinible

buscamos al azar esa llamada
            y al paso de esta ruta de sondeos hay ternuras
hallamos espejismos y el dolor y la memoria que lo imita.

                Luego ya los pasos más cansados
dibujan espirales y serpientes, nidos de luciérnagas,
qué fácil olvidar
               el pálido cristal, sus diagonales.

O el calor de la fiebre,
o el humo que asciende a sus ojos.

índice

w1qw61·fin

 

o6yh78·inicio

Los gusanos (parte I)
por César Múñoz Gómez

Me platicaban los gusanos,
- caminando entre mis manos -
de sus viajes al centro de mi cuerpo:
- Hay lugares que aún tienen vida,
¡no pasa el tiempo por ahí!
- Se escuchan voces y sonrisas,
¿será que los recuerdos andan por aquí?

Me preguntaron los gusanos, ( entre otras intimidades )
porqué después de tanto tiempo, mi corazón sigue latiendo:
- A veces creemos que estamos medio muertos,
la verdad es que siempre estamos medio vivos...-
Y así, siempre nos quedamos,
sobre todo, los que nunca fueron amados...

Algunos,
hasta se convierten en gusanos,
para preguntarle cosas a los muertos,
y comerse así, sus amargos recuerdos...

- ¡No toquen nunca mi corazón!
¡dejen que se muera solo! -

Los gusanos se quedaron quietos,
se aparto su sordo ruido por un momento...
Se ocultaron entre los pedazos de mi cuerpo,
asomaron sus cabezas y me preguntaron:
- ¿Acaso tu corazón está envenenado?
o ¿eres uno más, que muere enamorado? -

Imagine mi sonrisa y respondí:
- ¡Que puede ser peor que morir por las dos cosas¡
que puede ser peor que morir con el corazón envenenado,
creyendo hasta el final que sólo estás enamorado... -

- Pero ustedes no saben nada...
sólo les preocupa saber, la forma en que me van a comer. -

- ¡Cómanse primero mis brazos!
mis ojos, el clavel que está entre mis manos,
hasta la fotografía que está a mi lado,
pero dejen por favor, que se muera poco a poco,
mi pobre corazón envenenado por amor,
¡cómanme antes de que me vuelva loco! -

César Muñoz Gómez, nació el 8 de Mayo de 1974 en la provincia de Hidalgo en México. Estudió en la Universidad en la Capital de México y trabaja actualmente para el Gobierno de su país en el mismo lugar. Su máxima pasión es escribir su vida en poesía para toda su vida y para todos los demás. Lleva 8 años escribiendo poesía y toda clase de arte expresado sobre papel. Las cosas que me tienen vivo, -dice- son las cosas en las que creo, y son esas cosas las que me inspiran a escribir. Tiene tres libros escritos, aunque no ha publicado aún. Sus títulos son: "Soledad y yo", "El Amor también es curvo" y "El Diario de un Muerto".

 

índice

o6yh78·fin

 

d1cg90·inicio

Yo no luché
por Alvaro Muñoz Robledano

Somos lo que ha sobrado del siglo XX
(Arturo Lorenzo, republicano español exiliado en Chile)

Yo no luché,

ni fui derrotado.

No he muerto, 

ni me esperan.

Pero vuelvo

como a un espejo,

como a un cuarto

enmohecido, 

como la caricia

de quien no tiene manos,

quien no duerme

mientras escucha su último reloj

de cáscaras y alambre:

para esto

para esto

para esto.

 

índice

d1cg90·fin


Dibujo de Cristina Bergoglio

d1cg91·inicio

LAS BRUJAS ENSEÑAN A LOS PERROS A ARRANCAR LA PLANTA DE LA MANDRÁGORA, QUE CRECE AL PIE DE LOS AHORCADOS, CUYA RAIZ, QUE TIENE FORMA DE HOMBRE, GRITA AL SER EXTRAÍDA Y MATA A QUIEN LO HACE.

Tómala.
La arranqué porque tú me lo pediste.
No gritó. Se reía.
Ahora soy apenas el frío.
Apenas lo lejano.
O ni siquiera eso.

 

Alvaro Muñoz Robledano

índice

d1cg91·fin

 

e4rt80·inicio

A veces siento pudor cuando escribo dominado
por
Rafael Pérez Castells

 

por una intensa emoción y me disculpo
imaginando que lo hago sin testigos,
que no pretendo de exhibir mi destreza,
que sólo intento fijar las palabras
en el preciso lugar del sentimiento.

 

Palabras de madrugada –escalofrío y calma de eucaristía -,
pronunciadas más allá de la tristeza
- de un olor que deshabita las región de las sábanas,
de una ropa abandonada, de unas cosas -
de una pena que somete a demasiados.

Palabras de atardecer que no sirven para rebobinar los días
y aguardan, únicamente, la huída dulce del sueño.

 

Palabras de escarcha que al fin se deshiela
en forma de azufre, de luz; sin aparente motivo.

índice

e4rt80·fin

 

r7df23·inicio

Los plagiadores del cielo
por
Iván Silén [ivanElsa@aol.com]

 

            “...soy del vano dedo señalado...”
                                Fray Luis de León

                            “¿Es que los rebeldes pueden ser felices?’
                                 F. Dostoyevski

Que nadie llegue nunca,
y que nadie pregunte
por qué el cielo cayó
sobre Narciso de esta manera.
Que nadie sea como yo-plural en este sueño,
porque un estanque negro gira en mi cabeza
y canta nautamente como un Ulises
que se empolva en los espejos
oscura,
fugaz,
malditamente.

Hoy tengo miedo de decir
lo que el poema dice
desfachatadamente.
Hoy que no quiero
publicar ni siquiera la sombra
(para ver al que se roba
el hilo de la costura del alma).
Porque la luna está
sufriendo en los aleros,
y el sueño
está sufriendo en las palabras,
cuando el Plagiador
que finge,
o el-Alí-
el-Delababa-corta,
que simula,
laureado,
remotamente espagnolo
sigiloso, cercano,
maldito, sutil, hermoso,
pregunta
y me hace daño.

Mientras la noche cae
de lluvia en lluvia,
como luces de bengala
y-el-ojo-de-la-vela-vela-
el-viento-
del-nao-do-remotamente-solo
-rema-que-rema-por-la-Muerte,
porque el otro,
quizás el mismo que lee,
como si fuera falso
el copiador del alma,
como si fuera cierto,
el que finge y el que sueña,
el que sólo espía lo que mi Muerte dice
y escribe en las paredes
de mi alma
tautológicamente
Ivano.

Sólo él espía lee
lo que en el remo grabo,
para luego, de capitán en capitán,
como un esclavo ,
o como una Loca, tú,
fazer de la palabra trampa,
fazer de la Muerte hilo,
y de lo abyecto esa pose del Aëda
en donde plagias
el pergamino mío,
porque estoy a punto de matar,
más oscuro aún que el “asesino” tuyo,
más oscuro que Dios
en las sombras de lo remoto,
apolillado,
en los folios de Whitman
(do te quejas vulgarmente del poema mío),
esquivas la queja de tu envidia,
en los papyros del Dios enamorado,
narcómano,
fugaz,
a los oídos míos.

¡La soledad!
¡La soledad!

He allí los rapsodas
de los esbeltos magazines,
distantes, vestidos de homo,
aunque espantosos, pintándose las uñas,
haciéndose rizos
oliendo perfumes,
buscando fetos in filo suo,
me rechazan
y Dyonisio pendet,
a la vara,
clavando por el culo como un feto
(¡Oh, Lesbia de Dios, no me codicies!),
porque las olas del Egeo me arrastran
y las sombras de las sombras en los remotos remos
do el mar bate contra tu propio
tocador de “criminal”
que gime en las noches
como el Eco sin par de los espejos.

¤¤¤¤

Escupe, tú, ahora,
con tu fístula rota
de papyrus y de caña,
escupe, tú, ahora la saliva contra Dios
y bebe la ceniza
porque el nao del aspa-astilla,
el nao del alba
a la gaviota del árbol,
al ala rota,
te arroja contra las astas
de los hombres que aplauden
y de las ratas que chillan.

La noche te queda inmensa y
Nerval te queda más inmenso todavía,
como quien desconoce a la Muerte,
porque en el crepúsculo del dios,
las novias del puerto,
avevo una vez,
un enclenque del alma como tú,
llenito,
en los espejos del amante,
do cantas
escorbutamente
al ala derecha de los jacobinos
como si hubieras
besado a las sirenas d’Ulises por el sueño.

Pero todo es falso,
dramáticamente incierto,
en la zona del que finge nada es cierto,
con su manita dorada
de aëda
(que-anda-a-la-luz, sigiloso,
con veinticinco “poetas” mancos)
que plagian los kotex de las muchachas
como si hubieran visto
el esplendor en los ocasos.

Las Musas,
a los lejos,
han decidido juzgarlo:

Son noches temibles
las que el infierno forja a las puertas del Hades,
como luna de lata, otoñal,
amarillenta, do recojo
el llanto de Orfeo, porque
Venus venderá el gemir como tecata,
como perlas, o como mimo de Musa
venderemos
posmodernamente
el polvo del cielo y el polvo
del aljibe.
Tu voz de niña frágil,
telarañosa,
casi nada,
d’humo,
incierta,
do tu llanto temible
ha cantado
en una lengua rara de pozo
y espanto:

(Terrible carne del dolor,
temible dolor del cielo
los ángeles escupen,
hablan, orinan y dicen.):

Dios es mejor que la marihuna
del bosque. Mejor que’l vino y mejor
que los orgasmos. Nada arrebata como El,
nada como su sed, y como su hambre
nada. El Señor es mejor que la Montaña
Rusa que trajeron los gitanos. Su
taxi vacío es mejor que la ausencia.
El basta para entender el tiempo, porque
su nada se parece a mi nada y su
risa, casi-alma-mía, es la mejor risa
de los sueños. Nadie se espanta como El en
los estanques. Nadie ama como El en los moteles
del bosque. ¡Estoy solo! ¡El alba me enloquece!
¡El Señor es bueno! El es mejor que los orgasmos.

Cuando mi corazón se fatigue como
un suicida, El será mi huésped. Cuando
nadie me llame ni me busque El faxeará mi alma
y su voz de Muñeca vieja cantará
en mi corazón con el miedo espantoso
de los muertos. Cuando esté solo, aplastado
por el miedo, El me tomará de la mierda,
y guiarame a mis sepulcros hermosos, como
geisha cubierta de trapos. El será mi Señor
y yo seré su Orfeo lleno de latas,
de chiringas, de cangrejos. El será todos los niños
que fuman en los muelles, y los niños que
lloran contra el cielo. El Señor es hermoso...
El Señor es mejor que los suicidas.

(¡Oh, mi corazón, qué formidable bestia
es mi corazón enamorado!)

¤¤¤¤

A los lejos,
como si Ulises me hubiera iluminado,
espío el ojo que me espía
y escribo a mitad de la astilla
“Los plagiarios del cielo”
que no te mereces, porque
los escribas creen que somos lo mismo,
porque sudo debajo de la lengua
esta sangre de plata de hilo,
este periodo del falo
con la vena mía del alma,
do el navío de Dios golpea y da
contra la costra del alma.

La Muerte,
que sabe del ritmo del cielo,
en donde se oye el “Claro de luna”
y la sonata sin par de los acordes,
recuerda que soy yo,
como si estuviera loco,
y no tú,
hijo de Olivio,
quien poetamente
escupe
contra los copleros del nao.

Es la rabia delicada,
como cálaos ciegos,
(¡Oh, Baudelaire canta antes de tiempo
contra la furia del Albatros!)
do fluyen las flautas de la fauna mía
y fluyen las olas mágicas y
las rosas de Dios que giran en las fiebres:
es el escorbuto blanco,
contra el ojo tuerto del que espía
en la inmensidad de la dicha
de las sirenas negras del alma.

¿Quién va?
¿Quién naufraga?
¿Quién está satisfecho?
¿Qué muerto ha pronunciado el nombre de Iván?

¡Oh, inmensidad,
desgárrame,
úngeme,
enloquéceme
tierno por las sombras
para dar con mi lira de orquídeas,
y con mi falo curvo dar,
sentir,
oler
que lo real
es más delirante todavía
que la realidad del sueño!

Doy y das,
óyeme, †ú, porque
con mi bicho de rosas
golpeo contra las astillas,
contra el clavo golpeo,
contra el alfiler,
¡Oh, Cristo!,
contra esta espina de la cruz (golpeo)
donde la sangre del semen
es la mirada paranoica del Testigo.

¡Qué terrible es el exilio!
¡Qué infierno es el exilio!

¤¤¤¤

Cuando yo esté vacío, entonces, a mi mano derecha,
y no haya nadie a mi mano izquierda (cuando)
no haya senos, ni vulvas, ni navajas
de donde asirme), el Señor estará
conmigo en la hora correcta. El será preciso
como una novia, o como un amigo no
me choteará, ni traficará, ni me dejará,
en los pantanos. El será mi Muerte
como una madre. El enrollará su alma
para mí y fumará conmigo en las ansiedades. El
enrollará su cuerpo con mi cuerpo como una
joven y reirá conmigo en las Noches de Bodas
y será otra vez el orgasmo de siempre. El
Señor es terrible. El ha enrollado mi alma.

índice

r7df23·fin

 

n5hg97·inicio

Vuelo 422
por Angel Maldonado

Mención Especial del II Premio Ariadna de Poesía 
"Música para Aeropuertos"

El vuelo 422 con destino a Nueva York 
ilustra la rutina de los últimos cincuenta años.
Un país ha volado sobre los vientos y las cifras.
Una sangre ha saltado sobre las palabras.
Un puente de incomprensiones y osadías
más alto que el puente de Brooklyn.
Un río de nostalgia más ancho que el East River.
El vuelo 422 de hoy, 14 de septiembre,
resume toda una historia, plasma desencuentros y rupturas.
El ánimo de encontrarse traza un hilo que a su vez engendra un laberinto
por donde desandan reunidas las penas y las alegrías.
Sólo basta mirar el río de equipajes, la geometría barroca de quien sale deprisa:
el directorio de las etiquetas: Harmony Street, West road, 114 and 2nd,
la caneca del ron criollo, el adobo de yerbas aromáticas, la Biblia en Español autografiada por Yiye Avila
y camisetas con la bandera puertorriqueña:
"I love Puerto Rico" y "Boquerón me encanta", "Soy de aquí como el coquí";
los libros del muchacho que regresa a Brown University con densos recuerdos del verano en cada pulgada de su piel, mirada de satisfacción escondida detrás de la Ray Ban.
Prisa, prisa, prisa sobre las lozas pulidas del terminal.
El vuelo 422 con destino a Nueva York
no es diferente al de otros días:
marca las mismas filas, las mismas muchachas simpáticas repasan la rutina
de examinar los tickets y pesar los equipajes: "have a nice trip",
"Thanks for travelling in American".
En el vuelo 422 también va María
como hace veinte o veinticinco años.
Casi arrastra a un niño de tres o cuatro años, mientras el otro, unos años mayor, salta entre las filas de viajeros diciendo "hurry up I wanna beat Home, I wanna see my pictures". Y María que empuja las maletas con su pierna izquierda le dice: "quédate quieto condenao, Keep quiet".
Es un medio incidente que unos ríen y la mayoría ignora como si nunca hubiera ocurrido.
La fila avanza y los primeros pasajeros ya se encuentran camino a la salida.
La terminal se va llenando de voces, de gente apresurada que circulan entre amables maleteros, choferes de taxi, parientes que se despiden y abrazan, lloran y le piden a Dios por un buen viaje.
Mientras tanto María, como hace quince o veinte años, aparentando indiferencia camina hacia la salida tratando de alcanzar a Pete y Vance, que corren desbocados por los pasillos: "es el primer viaje de ellos you know a nuestra tierra".


Pete y Vance cruzan la salida y entran por el túnel al avión. "At what time do we eat", pregunta Hance. María responde ya mismo: "Keep quiet muchachito de Dios".

María entra al túnel. Ya no puede mirar hacia atrás. Ahora Lucas, el hermano que la trajo al aeropuerto debe estar saliendo de regreso a Altos de Caná, la vieja debe estar a esta hora preparando su arroz con habichuelas coloradas y tostones de plátanos frescos.
Son apenas imágenes del día de ayer que pasan por la mente de María que acostumbrada a no herirse trata de olvidar, al mismo tiempo que recuerda que a esta hora José debe estar saliendo hacia el Kennedy Airport desde su casa en Bridgeport, Connecticut.
Son apenas tres horas con cincuenta minutos
Pero para María es un tiempo interminable
entrada al laberinto que ha tejido y destejido inmemorialmente
junto a los días de ambas orillas, una red de caminos que se ha hecho familiar
que le han enseñado a ser dura, a ser animada y vertical, a morderse los labios y sentir que su sangre flota en vuelo más alto sobre el tiempo y sobre todas las orillas, 
recorriendo grutas insospechadas de amores y desamores, que la hacen inventar día a día su reconciliación con la esperanza, con la vida.
Todo eso ocurre mientras el vuelo 422 surca los aires
Sobre las aguas del Oceáno Atlántico los niños Pete y Vance reclaman: "Mami when do we eat?", y ella dice con la certeza de la costumbre
"ya mismo, ya mismo" y el capitán anuncia tiempo bueno en la costa Este mientras la noche comienza a apretarse sobre el vacío: 
en lo que María teje y desteje su laberinto cuya salida está a poco más de tres horas de distancia, hilando hacia atrás o hacia delante, hacia un espacio azul y claro
donde la noche también debe estar tejiendo
todas las formas del olvido.

ANGEL MALDONADO ACEVEDO, poeta, crítico literario y narrador. Natural de Utuado, Puerto Rico.Es autor de Memorial de Otro Tiempo (1998), entre otros libros poéticos. Director de la ciberrevista Arcadiana: Revista de Cultura. Dirección Postal:
Apartado 739, Utuado, Puerto Rico, 00641. Tel. 894-1602

índice

n5hg97·fin

 

x4gg63·inicio

"Por qué del agua hay..."
por Pablo Jiménez

 

POR qué del agua al agua hay tanto trecho
sin que la densidad de sus afines
corpúsculos alivie la distancia
que se alarga del uno al otro muro,
impíamente breve, como un hálito,
y sin embargo tan inacabable.
Por qué se asocia el hombre a la cadena
con tan perseverante afán, si nada
puede perder si no es la vida y ésta
la pierde en cualquier caso. Por qué el cielo
resulta tan pesante como un techo
próximo y los lejanos horizontes
con la mano se tocan y no hay nada
detrás salvo la tópica esperanza.
Por qué nada es distinto, nada sale
de la circunferencia represiva
donde todo lo vivo bota y bota
porque es de ley botar, no por activa
voluntad de vivir o de fugarse.
Por qué nadie se fuga, por qué nadie
traspasa el cascarón y se presenta,
libre, a la libertad. Por qué el arroyo
nace arroyo en la cumbre, arroyo sigue
su curso por el valle, arroyo muere
en la cárcel del mar, arroyo eleva
su gravidez vapórea a la tormenta,
arroyo surca el aire, arroyo llueve
sobre el propio regazo de su madre
la telúruca cima, arroyo torna
del vientre de la tierra a ser arroyo,
renaciendo de sí, siguiendo el círculo
que no se cerrará nunca del todo.
Por qué de la tristeza se desprende
tanto amor incapaz de ser tristeza
compartida, tristeza que alimente
los mejores instintos. Por qué abunda
tanta absurda alegría, tanta máscara
infértil, tanto vino que en sus propios
vapores se avinagra y se proscribe.
Por qué estas manos llevan tan seguido
a mis párpados toda su derrota,
este cuerpo a mi lecho tanto hastío,
tanta ruina esta frente a mi almohada.
Por qué el hombre se erige en dios del hombre.
Por qué el tirano mata los espejos.
Por qué ha de haber tiranos. Por qué el débil
soporta el latigazo y no responde
y no se yergue y pisa y triza y mata,
si es tan fácil matar. Por qué resulta
tan difícil matar y tan inútil.
Por qué me aterra el ciego que, esperando
su tren, con el extremo de una caña
palpa dónde el andén acaba o dónde
tal vez su muerte empieza. Por qué no 
me atrevo a ser yo ciego y comprenderle
como sólo es posible, en el exacto
terror de las tinieblas. Por qué sigo
desgranando palabras en la noche,
palabras porque sí, si todos duermen.

Alguna vez tendré que decidirme.
Alguna vez, si vivo para entonces,
me sentaré de cara a los cristales
a la hora del ocaso, que es mi hora,
y me haré estas preguntas a conciencia.

índice

x4gg63·fin

 

f5tg80·inicio

Como un gato
por
Kike Silva

 

Herido (por amor), y no de muerte
a mitad del camino; ya es Otoño.
¿De que sirve llorar? -dijo la Luna
y su voz, de mujer, tomó mis manos:
"Pensar. Un corazón comiendo tierra
sin apenas tiempo; has perdido.
Levantarse. Tener presente ahora
tus palabras, sus besos; vuestra llave.
Andar. Y descubrir, como los gatos,
al final, que te has quedado solo...

índice

f5tgt80·fin

 

f5tg81·inicio

Leyenda
por Francisco de Molina

 

Lo ves
tras los cristales rotos
siempre se esconde
esa luna de los aeropuertos vacíos
Dicen
      que invocada
por la repentina ternura del asesino
se le puede ver a simple vista
basta con recordar
el sabor de ciertas drogas
al disolverse bajo la lengua
entonces
         aparecerá
con un rumor de gatos
despertando fantasmas en la cocina
como parte de un sueño
sin flores
           ni espejos

Lo ves
      la luna
es tan solo una soga
que se tensa a finales de octubre

FRANCISCO DE MOLINA
Nació en Lagos de Moreno Jalisco el 22 de julio de 1975. Ha publicado en varias revistas marginales y en algunas que forman parte de laconaculta como ;Quimera, Talleres, Papel de literatura (antigua época) Tinta Nueva, Además forma parte de el libro colectivo NARRACIONES BREVES publicado por El Instituto Cultural de Aguascalientes 

índice

f5tgt81·fin

 

f5tg20·inicio

Hijo de albañil
por
Salvador Moreno

 

...que un oficio que se hace disfrazado
        es porque oculta alguna cosa indigna
                            (Joan Margarit).

 

...tomaba las harpadas de yeso entre las manos,
- desnudas, frias, potentes, agrietadas... -
tal como hacen los curas en el ofertorio,
y el cielo de los techos o el paisaje 
de desnudas paredes
recibian el don.
          
                            El peon amasaba
acuciado y con prisa para no ser pillado
en falta en el proceso.

                      Las antiguas cuadrillas
ahora son solo dos. Y se siguen llamando
del mismo modo...
                                quizas cuentan las manos.

Benditas sean tus manos de albanil,
revestidas de yeso,
escribiendo con yeso,
disparando con yeso,
sentenciando con yeso,
ordenando, dirigiendo, conquistando
con yeso
y un mono-pantalón 
de peto de tirantes con anillas
por uniforme...
               y condecoracion.

SALVADOR MORENO PEREZ.
7-3-42. Jumilla (Murcia).
Gran Via Salzillo,42-10-A. 30.005.MURCIA...

índice

f5tgt20·fin

 

f5tg21·inicio

Apuntes
por
José Angel Calatayud

 

VIII
Variación sobre un tema de José Agustín Goytisolo
Éxito de un poema

Escribí un poema a fin de cautivar
a una muchacha y el resultado fue
que la muchacha se enamoró perdidamente
del poema.

XIII 
Minoría étnica

Fue el otro día en un
departamento del metro. En siete
de sus ocho asientos figuraban
dos peruanos, dos moros y tres negros;
en el del medio estaba yo.
Cualquier otro hubiera,
quizá, sufrido
un acceso de racismo.
Yo no, yo lo último 
que deseaba era que hubiera
jamás existido el racismo:
en aquel momento era
minoría étnica.

LII
Yo qué sé qué es ser poeta

Uno
Y no vuelvas a preguntar

"[...] limítate a escribir
versos, y
no vuelvas
a preguntar.
Álvaro de Cuenca"

El caso es que unos piensan
que consiste en tragarse 
las Obras
de Góngora Completas - o peor,
un ensayo
sobre ellas el doble
de gordo - bajo
el flexo de tu cuarto
y, encima, disfrutar, para luego
montarte la película
de que vives en el Siglo
de Oro y ponerte
a rimar pajas mentales,
y otros,
que es salir a emborracharse,
para escribir cuatro paridas
que no hubieras escrito
ni el doble de borracho,
e ir fardando luego
de poeta experiencial.
Así que,
yo, qué quieres
que te diga... Escribo.
Escribo versos.

y dos
Pues mira, no te creas que me voy
a complicar: mi poesía es
lo que hago cuando
me pongo a escribir versos.

Epitafio de un suicida
por
José Angel Calatayud

Si algún día desfallezco
arropado entre el cálido
filo de mis venas,
coronad mi sangre sobre el tallo
segado de mis días
y clavadle
mis lágrimas, también,
y colocad 
la rosa sobre mí,
sobre mis labios, su corola,
entre mi torso, sus espinas,
su tallo entre mis manos,
sobre mi alma, su marchitarse...
y enterradme

índice

f5tgt20·fin

 

<|1 de 3 páginas| --------- |página siguiente|>

volver a los inicios

    seis   invierno  tres

PORTADA :: MÚSICA PARA AEROPUERTOS :: EL LABERINTO

DarkCounter