E N S A Y O S    y    A R T Í C U L O S

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H A D D A M I N    M O U L U D    S A I D

UN SAHARAUI EN BERLÍN

 

En un rudimentario inglés el turista pregunta al personal del museo por un monitor electrónico de castellano, a lo que le contestan que sólo disponen de monitores en inglés, francés, italiano y alemán. Nuestro turista visitaba Berlín, dónde no conocía a nadie. Por lo que nuestro amigo pasaba la jornada entera paseando en la ciudad sin hablar con nadie, dado su desconocimiento del alemán. Y cuando la necesidad mandaba, usaba su dedo índice para señalar cosas y cuatro o cinco palabras en inglés.

Ese día estaba en el Museo Islámico de Berlín y no habiendo monitores en castellano pidió uno en inglés. Pero al no entender la exposición de la Ciudad de Pérgamon en el primer piso, decidió volver al personal y pedir uno en italiano. La relativa comprensión de las piezas de la segunda planta le animó a pasar el día para verlo todo.

El museo era digno de ver, había poca gente y apenas se oía un pequeño e ininteligible murmullo de los visitantes intercambiando, en voz baja, sus impresiones. Nuestro amigo estaba contemplando un Corán del siglo XII cuando escuchó una voz que hablaba en español. Era un matrimonio de venezolanos y hacia ellos se dirigió. Cuando se dieron cuenta que hablaba su idioma se fundieron con él en un abrazo. Ellos, también, habían experimentado la sensación de soledad en Berlín. Para él, era como encontrar a un familiar o a un vecino de toda la vida. Ya no se separaron, comieron juntos y siguieron viéndose en distintos puntos de la ciudad.

Pero fue después, de vuelta a España, cuando le surgió la reflexión de cómo es posible que un saharaui llegue a identificarse tanto con dos sudamericanos que jamás había visto.

Leyó en el periódico del avión, que en esos días Francia patrocinaba la Cumbre de la Francofonía. Al saber de la asistencia de los vecinos del Sahara a ese foro y acordarse de su soledad inicial en Berlín, no pudo reprimir un cierto sentimiento de orfandad. Pensó, a modo de consuelo, que quizás algún día el Sahara Occidental pueda llegar a participar en las Cumbres Iberoamericanas de la Hispanidad.

El Sahara es, al fin y al cabo, el único país del mundo árabe donde el español es idioma oficial. Y junto a Guinea Ecuatorial son los únicos de África. El Hassanía, dialecto de los saharauis, es el único dialecto de todos los hablados en el mundo árabe en el que se mezclan los idiomas árabe y español.

Un siglo de colonización coronado por una etapa de provincialización del Sahara ha dejado como legado para la posteridad, la inconfundible huella de la lengua de Cervantes. La lengua española tuvo que adaptarse a la cultura saharaui para penetrar en todos sus ámbitos culturales. En muy poco tiempo los lingüistas tuvieron que resolver las cuestiones idiomáticas para terminar incorporando al diccionario de la RAE nuevos localismos y dar vida y uso a otros vocablos que la lejanía del tiempo había condenado al olvido. Además de empezar a pensar en sentar bases académicamente sólidas para la traslación, de los nombres propios, al español. De haber perdurado dicha empresa, seguramente, no habrían corrido ríos de tinta en la prensa española sobre el modo correcto de escribir el nombre del líder de Al Qaeda y tampoco tendríamos la necesidad de escribir el nombre de Jalil Gibrán con la kh con la que se suele escribir.

Por su parte, los saharauis, han hecho del español su bandera de identidad en un océano de afrancesados vecinos. La lengua cervantina había cabalgado como un hidalgo por todos los campos de la expresión saharaui para dejar su inconfundible huella en infinidad de vocablos de uso cotidiano. Y en los años más duros de nuestra existencia, los primeros del exilio, tuvimos que ir a abrevar, para no perder el español, a fuentes muy alejadas de la cuna del español. Este servidor aún recuerda el "Made in Germany" que aparecía en su primer libro de español, o ese otro impreso en Argelia donde no aparecía la letra "ñ", con el consiguiente sonrojo de su compañera de pupitre al leer la palabra año.

Nadie pretende que a los saharauis se les reconozcan y recompensen sus méritos por su lucha en mantener viva la lengua española en las arenas del desierto. Ni que el esfuerzo titánico por enseñar el español en los colegios sea considerado como una preocupación principal del Instituo Cervantes de la Lengua. Ni, tampoco, que la resistencia al afrancesamiento de los saharauis en los territorios ocupados preocupe a quienes tienen como misión pricipal la promoción y conocimiento del español. Pero es evidente que la singularidad del lugar y los lazos históricos, aún a pesar del reducido número de habitantes, pueden perfectamente compensar los réditos económicos de la inversión del Instituto Cervantes en el muy poblado Japón. Porque, al fin de cuentas, siempre cabe la posibilidad de que un ciudadano español perdido en las gélidas noches saháricas, pueda encontrarse con un hogareño que le guíe, sin necesidad de usar el dedo índice, indicándole en español el camino que, de acuerdo con la posición de Pléyades, debe seguir.

 

H A D D A M I N    M O U L U D    S A I D

Haddamin Moulud Said. Abogado saharui. Valencia

 

MOHAMED  SALEM ABDELFATAH (EBNU)   <INICIO>   MARIEM HASSAN