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    diez y ocho invierno

PORTADA :: EL HILO ::  LOS MONOGRAFICOS

 

Todas la claves y el símbolo 

VersO

 

el secreto del arco iris
pétalos de arena
por Juan Pomponio

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recuerdo la botella...
este autobús...
tres líneas para mi hijo álvaro
por Álvaro Muñoz Robledano

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lázaro
por Winston Morales Chavarro

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raíces
el shastra olvidado
por Rafael Pérez Castells

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a tiempo por una vez
una brizna de yerba
por Brian Patten

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[me muevo]
por Pedro de Juan

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el guardián de tu voz
por Álvaro Lamas Oliveira

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el desierto es como un sueño de alabastro
por Antonio Polo

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ahora que el amor se me instala (selección I)
por Nuria Ruiz de Viñaspre
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esplendor de la caída
por Norma Quintana Padrón

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El hombre siempre
por Pablo Mora

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Soñando
por Pilar Salas Tapia

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Al principio duele un poco
por Antonio Paniagua

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En la Celda
El corredor
Ascención
por Antonio Redondo Andújar

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La persecución de Armelio por los ángeles
por Yvette Guevara

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La claúsula
por Antonio Polo

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la mujer del sexo de oro
por Raúl Ortega Alfonso

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Fabián Césped
por Luis Martínez

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Una chica muy fea
por Francisco Rodríguez Criado

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Moriencia
Por Domíngo López

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Reseñas para una biblioteca intemporal
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Lápidas
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Tres Tiempos
por LOVAT

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Ian McEwan
Expiación
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Toby Litt
Muerte en directo
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Tres Tiempos más
por LOVAT

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LA BOLSA DE PIPAS.
Revista literaria bimestral. Marzo 2003. Nº 41.
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m2gh00·inicio

el secreto del arco iris
por Juan Pomponio

 

Una mariposa blanca
baila en la noche,
se mueve como un ángel.

La lluvia ha despintado sus alas.

 

pétalos de arena

 

Antiguas profecías
anuncian tu piel.
Escribo sin tinta en el cielo
y aparece tu nombre,
pequeñas flores que brillan  la noche.
La marea llega,
música nocturna que despliega
sonidos sin tiempo.
En olas audaces
estallan las rocas,
pronuncian tu ausencia.
Sueño sin la tinta sobre la tierra:
de tu sonrisa vuelan pétalos
adormecidos de luna.
Dejan tu aroma,
trazan tu nombre en la arena.


de Salvaje (Ed. Último Reino, 2002)


Juan Pomponio  (Berazategui, Buenos Aires, 1966)

 

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m2gh01·fin

 

m2gh00·inicio

recuerdo la botella...
por Álvaro Muñoz Robledano

 

Recuerdo la botella de agua sobre la mesa y el mediodía
como una orden de irrealidad, de marcha y desmemoria.
Recuerdo el mantel, su dibujo de óxido mientras me decía
que tan sólo por el poco silencio, por el sabor salado de las sábanas.
Tan sólo por el plato vacío y el miedo, por el patio y las lámparas
                  interminables,
por los lápices que no llegaron a dibujar cuando tarde y estaba sola.
Ella hablaba como habla la saliva cuando odia los tobillos en que cae.
Cada palabra era una uña recorriendo la piel, los párpados, mis uñas
y la cutícula de mis uñas.
Recuerdo los paquetes de la compra caídos, la absurda cuchilla de
afeitar que asomaba de uno de ellos
como una sonrisa.

 

este autobús...

 

Este autobús, una ciudad sitiada por la ciudad,
o un espejo envejecido ante la ciudad,
o una plegaria hipócrita en la ciudad.
Mi trayecto podría ser el trayecto de otro,
el de alguien que se esconde,
alguien que juega a estar perdido
y no conoce las calles de todos los días.
Yo juego al que no puede regresar,
pero no puedo regresar.
Sueño el momento en que el sueño es soñado;
como para nombrar la comida;
leo los poemas de otro y conozco a quien los ha escrito.
Este autobús en que no es posible esconderse
llegará a mi parada en el momento previsto, con la prisa prevista,
con un segundo de silencio y un escalofrío previstos.

 

tres líneas para mi hijo álvaro

 

Todo viene de lejos.
Aún no habías nacido
cuando te traicioné.
            


Álvaro Muñoz Robledano(Madrid, 1965)

 

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m2gh01·fin

 

m2gh00·inicio

lázaro
por Winston Morales Chavarro


A Jader Rivera Monje.


Ahora que soy tantas cosas al tiempo
Ahora que asumo mis vidas pretéritas
Y las lanzo a la carne o al barro
para que se vuelvan poemas
o pequeñas hojas que se enfrenten
al aire rizado del Zaire
me llaman Lázaro.
Soy Lázaro
El hijo de Betania
El hermano de Martha y de María
He conocido la muerte
Su río de rosas, gladiolos, violetas, mirtos y lirios
Que he transitado, navegado y respirado
En los cuatro días que duró
Esa odisea por el mundo fascinante de las sombras.
Soy Lázaro
Tengo setenta nombres
Música, viento, pájaro, buey, lluvia
Son algunos de ellos
Creo en la resurrección
En la pervivencia
En el soplo cálido que trasciende
Más allá de estas tribus.
Me he levantado del barro nueve veces
Y ahora
Soy el polvo que no vuelve al polvo.
Mis manos y pies
Todavía están atados con envolturas de entierro
Pero también es cierto
Que bajo mi cuerpo crece la hierba
Circundan el gusano, el ciempiés, las calambrinas olorosas,
La gaviota que remonta su vuelo
En busca de otras corrientes de aire.
Soy Lázaro
Habitante de Betania
Amigo de las sinagogas
De Canaám, de Cafarnaum, de Nazaret, de Galilea
Y de otras tierras lejanas
Cuyos nombres no entenderían
Tengo el rostro cubierto con un paño
Pero cada vez que me levanto a la vida
Cada vez que una mariposa
Me recuerda que he nacido de nuevo
El paño va cediendo paso
A otras estrellas, a otras luces, a nuevas especies de animales,
A otros caminos.
Soy Lázaro
Y en este viaje al final de la vida
Me sentaré sobre otra roca
A hilar el cordón sagrado
El pedazo de río
Que me devuelva a otra corriente
En donde todas las voces clamen,
Todos los músicos canten,
Todas las lluvias digan:
"Lázaro, levántate!"


de "Memorias de Alexander De Brucco" XV Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquía

 

Winston Morales Chavarro (Colombia)

 

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m2gh01·fin

 

m2gh00·inicio

raíces
por Rafael Pérez Castells

 

Como un tronco de olivo que se enraíza en mi pene,
crece tu cuerpo y parecen tus uñas
las flores blancas que ahora son frutos
en los campos vareados por mis manos.

Como colinas veladas por la bruma,
crecen tus pechos y parece tu pelo
grito de guerra, danza que ilumina
de sombras las paredes.

Como los pájaros del Amazonas
cantan tus labios y brillan como luciérnagas,
mientras busco la raíz que te sostiene
y se prolonga, raíz, por tu espalda.

 

el shastra olvidado
  

“Cuando la rueda de Kama empieza a girar, no existen los Shastra ni las reglas, sólo el insondable éxtasis del movimiento” Kamasutra

  

Nos amamos muy despacio aquella noche,
como si fuéramos elfos inmortales,
mientras afuera la Luna parecía detenerse.
Nos enseñamos caricias que golpeaban las costas temblorosas de los
                  cuerpos,
como un oleaje incansable que surgiera de las manos
y a cada embate,
la piel ofrecía a la piel una palabra distinta.

Yo entraba en ti
y, entonces, éramos casi uno:
nuestros vientres eran sólo el mismo vientre sudoroso
y los labios y las manos enlazadas.
Y tu lengua que no es lengua si me toca,
que eres tú, medusa, ameba o caracol,
mar profundo que me sube por las piernas.

Nos amamos más despacio que el tic-tac de los relojes,
los segundos se llenaron de milésimas,
hasta parecernos siglos o milenios.
Yo no sabía si entraba o si salía, si te besaba o me dejaba resbalar.

Si una vasija ascendía, otra se hundía en el río,
era un molino impulsado por el agua que rodaba lentamente,
un mandala en el que dos cuerpos giraban sin reglas,
penetrando en los espíritus inmóviles.
Era la rueda de Kama que a los dos nos unía.

 

Rafael Pérez Castells(Madrid, 1955)

 
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m2gh01·fin

 

m2gh00·inicio

 

a tiempo por una vez
por Brian Patten

 

Estaba sentado, pensando en nuestro futuro
y en cómo había superado la amistad
tantas noches hinchadas de pena.

Estaba sentado en una habitación que daba a un jardín
y me invadió la calma,
la amargura me abandonó.

Estaba tan cerca del paraíso como difícilmente volveré a estar.

Estaba pensando en el caos
que nos habíamos causado el uno al otro
y era increíble que hubiéramos sobrevivido.

Estaba pensando en nuestro futuro
y en lo que haríamos juntos
y adónde iríamos y cómo,

cuando llegó la noche
enterrándome poco a poco
y tú entraste en la habitación

temblorosa y con el rostro solemne,
a tiempo por una vez.


una brizna de yerba

 

Pides un poema
Y te ofrezco una brizna de hierba.
Dices que no es bastante.
Tú pides un poema.

Yo digo que esta brizna de hierba lo será.
Se ha vestido de escarcha,
Es más inmediata
Que cualquier imagen que se me ocurra.

Dices que no es un poema,
que es una brizna de hierba y la hierba
no es lo suficientemente buena.
Te ofrezco una brizna de hierba.

Estas indignada.
Dices que es demasiado fácil ofrecer hierba.
Es absurdo.
Cualquiera puede ofrecer una brizna de hierba.

Tu pides un poema.
Y así, yo te escribo una tragedia
Sobre como una brizna de hierba
Se vuelve más y más difícil de ofrecer,

Y sobre como a medida que envejezcas
Una brizna de hierba
Se vuelve más difícil de aceptar.

de Love Poems, traducido por Rafael Pérez Castells

 


Brian Patten  (Liverpool, Reino Unido, 1946)  

 

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m2gh01·fin

 

 

m2gh00·inicio

[me muevo]
por Pedro de Juan

 

Me muevo
En la frontera de la muerte.
Ando descalzo
Sobre el cortante filo
De la navaja de la vida.

Cuento las horas, quizá minutos,
¿Que restan?
Mientras mis dedos moldean
La tibia cera de la vela que se apaga.
Siento en mis brazos
El plomo que me impide
Remar contra corriente.

Sin aire
Que hinche mis velas,
Ni olas que me acerquen
Al refugio de la cala,
Sin timón ni timonel,
Abandonado a la suerte del destino
Y la tormenta.
Los días se suceden
Iguales, monótonos, insípidos,
Como granos de arena
Que, juntos, forman desierto.

Nunca fue mío
El brillo de tu estrella,
Ni la luz de tu mirada en la noche,
Ni el aroma de tu piel,
Ni el susurro de tus labios
Ni el gemido en tu garganta.
Nunca fue mía tu risa
Ni el temblor estremecido de tu cuerpo
En la pasión.

Siempre escondido en la sombra,
Acechando una caricia,
Mendigando unas gotas de ternura,
Robando un beso, un minuto,
Una isla de misterio.


Mi flor prestada,
Cuyo tallo se quiebra entre mis dedos
Al despertar el alba.
Una melodía sincopada,
Mezcla de miel y vinagre.

Y, sin embargo...
Hundiré mi rostro
En el agua de rosas de tu fuente,
Buscando la vida que no tengo.

Y, Penélope de otoño,
Sentado en una roca
Sobre el acantilado,
Destejeré lentamente los recuerdos,
Las hogueras encendidas
Y pasiones apagadas,
El destello de las luces
Y las tinieblas del alma,
Los aromas percibidos
Y las flores arrancadas,
La sed calmada en tu boca
y... la sed que me amenaza.

Pedro de Juan

 

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m2gh01·fin

 

 

m2gh00·inicio

el guardián de tu voz
por Álvaro Lamas Oliveira

 

El guardián de tu voz
diseccionó tu nombre
y te encontró a ti.
El guardián de tu voz
cogió una serpiente
y la desterró al abismo del silencio,
cogió tu verso
y lo esculpió sobre las nubes.
El guardián de tu voz
calló para escucharte
y tiene en el pecho
una flauta que solo tocas tú.

 

Alvaro Lamas Oliveira (Madrid, 1981) Estudia Veterinaria. Actualmente está en proceso de edición su primer libro de poesía INICIALES por la editorial "Vitrubio". Ha colaborado con la revista Evohé de la facultad de humanidades de Lugo.(Berazategui, Buenos Aires, 1966)

 

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m2gh01·fin

 

 

m2gh00·inicio

el desierto es como un sueño de alabastro
por Antonio Polo

 

 

I.- EN EL DESIERTO
 

El desierto es como un sueño de alabastro y los antílopes rayados ya no juegan con las dunas.

La grandeza del desierto está debajo de sus piedras: el alacrán que se refugia del sol y la canícula, el sarpullido de guijarros que sestean bajo el sopor como lagartos, los restos de una jaima que el viento deposita en los pedernales mutilados, y un reguero de té.

Los recuerdos del desierto son gestos elementales: la mancha ocre sobre el mapa, la caravana que retorna buscando el frágil surco de las huellas, el traficante de armas con su arpillera de alfanjes, el bereber de quince años que vence en combate a las grecas de una alfombra.

Nada resume mejor al desierto que esa locura de calimas y aquel pájaro ciego que amamantaron los cedros malheridos


II.- EN EL VIENTO


Debajo del cielo hay un nuevo firmamento, y las cometas de seda vuelan y son como eclipses de Luna del tamaño de una naranja.

El horizonte del desierto es un anillo tembloroso pero hablo de un oasis que no llega. Hablo del polvo que se va cargando el aire y lo vence, hablo de las ciudades que se han dejado arrastrar por el siroco y las respiro, hablo de Abdiján y los treinta y ocho torreones de Arg-e-Bam, hablo de la planicie gris de Tamanrasset.

Y mientras hablo se va llenando el aire: el pan de azúcar que se vende a las afueras de Kermán, los cinceles de viento que hicieron tremolar la túnica del tuareg, la humedad fronteriza de la tarde y un reguero de té al borde de la hoguera.

Ahora sopla el viento y sobrevivo.


Antonio Polo González (Madrid, 1957)

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ahora que el amor se me instala (selección I)
por Nuria Ruiz de Viñaspre

 

 

I

Esclavos del mundo
Con nuestras mortales muñecas
Atadas a aquello que amamos
Que lenta muerte no caer
Y desasir las desgastadas
De terrenales ligaduras
Los pájaros viajan con viento bajo sus alas
Sólo viento
Viento atrapado

 

II

Dentro
En los jardines arañados por la lluvia
-Mujer que tiritas la edad de tu ternura-
Me lanzaré al abismo de tu escote
Para estrellar mi garganta encendida
Que la lluvia ha llegado
Ya nos lo dijeron las flores secas
Ahora es tiempo de ternuras

 

III


El silencio es un útero
es la muerte


Desde la orilla del silencio
Te miro mujer de mundo
Y el cielo entero se hermana con la tierra
Sin tus manos blancas que unen elementos
Las guerras y las muertes asoman
Que te dejen con tu voz nueva y desconocida
Que el sabor de tus palabras
Sea siempre lluvia o llanto

 

IV

La desconfianza en uno mismo
Es un perro muerto incrustado en tu pecho
Un animal mojado por aguas negras
Que va lamiendo lentamente tus despistados huesos
Mientras deja su saliva en las ramas de tus tendones
A veces escucho en la noche voces en mis huesos
Y en sus huesos caninos
Aullidos

 

V

En la longitud del cuello de mi útero
Se esconde el verso más sucio
El verso de la sin razón y el vicio
El vicio de atragantarme
Con tu semen de adolescente

 

VI

Ahora que el amor se me instala
Puedo dormir en paz y mirarte a los ojos
Aunque me diluya y tiemble mi cuerpo bajo tu mano
Como un perro aterido y hambriento
Ahora que el amor se me instala
Quiero articular palabras
Aunque me derrita si estoy en tus bocas
Deshaciéndome en miles de pieles
Ahora que el amor se me instala
Me disperso como el polvo en el viento
Se disipan mis neuronas
Ahora que el amor se me instala
No quiero volver a hilar
Ni un solo pensamiento cuerdo
Me pregunto quién te ha dado esa fuerza de pájaro
Ahora que el amor se me instala

 

 

Nuria Ruiz Viñaspre (La Rioja, 1969),
escritora que ha publicado los poemarios "El mar de los suicidas y otros poemas" (2000), "Desvaríos Subterráneos" (2001) y "Desiderium o el dolor de lo ausente". Ha colaborado con sus poemas en las revistas "Argaya", "Alambique" y "Cármenes". Próximamente se publicará su libro "El campo de tus sueños rojos".

 

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m2gh01·fin

 

m2gh00·inicio

esplendor de la caída
por Norma Quintana Padrón


Como tránsito a ciegas, o caída, la soledad
aproxima al infinito.
A cada trecho el ángel va derramando
jirones de luz, su propia savia,
memoria dispersa, pájaros en fuga
y leves flechas que tiritan al borde del olvido.
Nada podrá salvarlo ya, ni el mismo sueño
donde rasgaba el aire su canción
delgada y vulnerable
aventando a su paso gacelas como peces
y silfos de ojos presurosos.
Festín del delirio, su rodar conduce a la desnudez
de los desiertos.
No hay gloria en la pérdida,
sólo lentas plumas que arrastran consigo lo pasado.

Cae el ángel
y llama a las puertas de una ciudad
abandonada...
Y luego, sólo el aire.

 

bárbara


Conozco esta casa,
he habitado su polvo,
en esos cofres he guardado por siglos
el asombro de estar.
Galerías donde la niebla tiende
trampas al viajero
y es posible tropezarse con tu sombra
que mira con ojos extraviados
y huye a refugiarse en el espejo.

Lejos, el aire dulce del mar
y las filas de pinos
—un indeciso verde bajo el ascua
solar del mediodía—.
y más allá las velas
negándome siempre la partida.

Con las uñas he dejado
mensajes de socorro en las cortezas
de los almendros desechos.
En los trillos del jardín tragué mi angustia
como quien se halla de golpe
al borde de la tierra,
y qué otra cosa restaba sino apretar mis piernas
ante el horror de no llegar más que al vacío.
Sólo en este jardín he escuchado
la voz de los ausentes.

Norma Quintana Padrón (Pinar del Río, Cuba, 1956). Se licenció en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana, en 1980. Reside en México desde 1992, y desde 1993 se desempeña como investigadora en el Instituto Quintanarroense de la Cultura. En 1991 la editorial Abril, de La Habana, publicó su libro de poemas Exodos. En 1994 su libro de ensayo La muerte en la poesía de Nicolás Guillén fue publicado por entregas en el diario Por Esto! de Quintana Roo. Sus poemas aparecen en antologías de Cuba y México: Jugando a juegos prohibidos (1992), Llevarte del brazo (1992) y Poesía selecta de Cancún (1995).

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