el laberintoel laberinto  

    doce verano

PORTADA :: EL HILO ::  EL LABERINTO

 

Todas la claves y el símbolo 

VersO


especial poesía cubana

¤ extraños en la ciudad ¤
¤ onírica última función ¤
por
Odette Alonso
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¤ para alejar la vejez de una mujer ¤
¤ la vieja historia de los puentes ¤
¤ vigía de la mujer que duerme ¤
por Raúl Ortega Alfonso

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¤ dead man walking ¤
¤ santa maría dei carmini ¤
por David Lago

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¤ span dormido ¤
¤ fuerza bruta, barriles ¤
por Jesús J. Barquet
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¤ el río ¤
¤ wee-auk-end ¤
por O.T. Socas
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¤ diferencia ¤
¤ nombre ¤
por Antonio Desquirón
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¤ ciudad ¤
¤ elegía sin flor ¤
por William Navarrete
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¤ ánima ¤
¤ sexagenario¤
por José Kozer
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¤ nocturno bajo la lluvia ¤
¤ sin nombre ¤
¤ la habana 1989 ¤
por Omar López Montenegro
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¤ de mis males ¤
por Saskia Sánchez de Agüero
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¤ música de ron ¤
por Raúl Ibarra Parladé
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especial prosa cubana

Los contextos culinarios en Paradiso
por Yamilet García Zamora

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El baño de mi hermano
por Raúl Ortega Alfonso
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Una ampolla de arena turbia
por Rolando H. Morelli

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Ciclones
por Rosa Elvira Peláez
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Todo el afán de Yoel Mesa Falcón
por Félix Luis Viera

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  prosa Septiembre

Arrebato
por Alfredo Lope Echazarreta

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Mi vieja amiga soledad
por Rosa Chover Taberner

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Mañana al mediodía
por Antonio Desquirón Oliva

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El corsario
por Nicasio Urbina

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reseñas y artículos

LOS PUERTOS ABOLIDOS
David Foronda Alvaro
SALEN LAS NAVES
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Wilfredo Mujica
CANTOS AURORALES
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Anne Michaels
EL PESO DE LAS NARANJAS & MINER'S POND
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José Luis Jover
LA CARA QUE A MÍ ME VEN
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POESÍA ANDALUZA EN LIBERTAD 
(UNA APROXIMACIÓN ANTOLÓGICA A LOS POETAS ANDALUCES DEL ÚLTIMO CUARTO DE SIGLO)
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María Luz Escuín
EMPLEO TERRENAL
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Felipe Hernández
EDÉN

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Román Piña Valls
UN TURISTA, UN MUERTO
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Milagros Román
LA ESTÉTICA DEL MISTERI D'ELX
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Antonio Polo
LA MAR DE MÚSICAS
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e s p e c i a l    p o e s í a  c u b a n a

 

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O d e t t e   A l o n s o

 

extraños en la ciudad

Ellos nos vieron con sus ojos de vidrio
algo nos delataba nos declaraba inmunes
éramos dos extraños en la ciudad neutral y lo sabían.
Qué podían hacer
las ciudades neutrales son un banco de arena indiferente
una llanura virgen.
Nadie levanta su dedo ante el viajero
nadie acusa al que pasa sin dejar una huella.
Ellos nos vieron
así nos desnudamos en todas las paredes
nos sacamos el alma como una tela blanca
y sonreímos.
Qué suerte los extraños en la ciudad neutral
qué suerte el horizonte de breve promontorio.
Así debiera ser la libertad
un desandar las calles y luego el cuerpo amado
sin el ojo pendiente ni la señal de alarma.
La paciencia nos trajo
la paciencia que acaba al medio del domingo.
La paciencia son dos que esperan para amarse
otra ciudad neutral donde nadie los sepa
donde ningún vecino y ninguna ventana
donde todos nos miren con sus ojos de vidrio.

O d e t t e   A l o n s o

onírica última función

Terminó la función
y me he soñado arcángel
cuando soy sólo un violinista dormido ante su atril.
Vacía la taberna
vacío el corazón como una plaza pública
me encuentro frente a ti
frente a mí misma.
También yo fui una niña y luego fui un traidor
y luego un marinero naufragando
en el agua podrida de su charca.
Y quise desnudarme
echarme sobre ti como sobre el abismo
y después no ser yo sino tu piel
el insalvable pozo de tus ojos
o un violinista dormido ante su atril
soñando que despierta y que te ama.

 

O d e t t e   A l o n s o
(Santiago de Cuba, 1964). Poeta y narradora. Licenciada en Filología. Ha publicado los poemarios Enigma de la sed (Cuba, 1989), Historias para el desayuno (Cuba, 1989), Palabra del que vuelve (Cuba, 1996), Linternas (Nueva York, 1997), Visiones (México, 2000), Insomnios en la noche del espejo (México, 2000), que recibió el Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén” en 1999 y Antología cósmica de Odette Alonso (México, 2001). Linternas puede ser consultado, además, en formato electrónico en la página web de la editorial Letralia. Ha sido incluida en antologías de poesía y narrativa en Cuba, México y otros países. Textos suyos han sido incluidos en revistas de Internet. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Unión de Mujeres Escritoras de las Antillas. Radica en México desde 1992.

 

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R a ú l   O r t e g a A l f o n s o

 

para alejar la vejez de una mujer

Yo nunca he sido mío / más bien he sido el nadie de los otros / el tuyo algunas veces / la cifra que nos toca / la huella delatora / finalmente el jirón enganchado en la cerca/

Tampoco tú eres tuya / Las mujeres pertenecen al tiempo / que acorrala y persigue y entierra su colmillo rabioso / y se va defecando el polvo de los huesos/

Puedes estar tranquila / toda tu vejez la he cargado a mi cuenta / Puedes quedarte así / embalsamada de luz y de deseos / de sangre oteando por encima del rostro del que mira/

Visité el taller donde la muerte teje sus patrañas / y logré cambiar el filo que estaba dirigido a tu nombre / por tres jorobas más en mis espaldas/

Puedes quedarte así / insultando al que pasa y al que está por pasar / mientras almuerzo la alegría de mi dedo rebotando en tus carnes / y hago de pararrayos contra el relámpago doloroso de la celulitis / de dique soportando el oleaje en la playa cruel de las arrugas / de horno para calentar tus manos de niña traviesa / y ensalivarlas / y moldearlas / para que no las escondas
delante de los periodistas/

Y me dirán cochino / libidinoso viejo / cuando vean que te siento en mis piernas / y no dejo que el rayo de sol te atraviese la cara / y me vean de capa de ozono / de paraguas / de agua de lavanda / de cortina contra el humo que ennegrece la piel / de aceite / de crema que abre el blanco ventanal de tus poros / de puntal de caricia bajo el seno que cae / de tinta de pulpo enamorado vigilando tus
canas / de cordel de marioneta amorosa que levanta las nalgas / de azogue del espejo que denuncia y que mata/

Los ojos de la muerte no me asustan si miro a través de los tuyos / Puedes estar tranquila / Yo me gradué de nacer y morir tantas veces / de escuchar que te mato y te vuelvo a matar / de no dejar que el tiempo tropiece con tu sombra/

R a ú l   O r t e g a   A l f o n s o

la vieja historia de los puentes

Mucho antes de querer comenzar / me anda persiguiendo lo que acaba / Se me aparece así / sin un aviso / sin un telefonazo / y después del sonoro bofetón en el rostro / me empuja a instalarme
en su agujero / Y mientras voy cayendo por ese tubo largo que es la espera / pienso que si tuviera un puente / encontraría por donde comenzar / No es un puente ambicioso como ese cruza de la
noche al día / sino un pequeño puente que vaya de mi bolsillo a mi otro bolsillo / de mi dedo al muslo que pasa indetenible/ del cabo del cuchillo a la soga que iza los cuerpos/

Pero el encontronazo conocido me devuelve los ojos y me grita / que los puentes no existen / que los puentes son sueños que se tejen los hombres / para creerse cerca / para ahuyentar la
irremediable lucidez de los finales/

 

R a ú l   O r t e g a   A l f o n s o

vigía de la mujer que duerme

Despertar y ver que un abismo de tres centímetros no separa / y sentirme cuello en el patíbulo / y saber que a esa distancia pueden ocurrir tantos desastres entre dos seres que respiran bajo la
misma sábana / y volver a mirarte / y el terror permanece / y para espantarlo / tiendo un puente que comunica tu caramelo dedo gordo del pie / con el encallecido y pisoteado del mío / Ahora estás
boca arriba / con los brazos abiertos / como ese Cristo que desde el cuadro colgado en la pared nos mira en su agonía / Tú también agonizas / y qué bueno que esta vez te mueres de alegría / y
qué bueno que mi empleo es cuidar cuando tú duermes / y qué bueno que voy a seguir matándote con mi insomne caricia / y qué bueno que mis caricias sean ese insomne pescador que trata de
arrancar las pesadillas de tu lago de sueño/

Crucé el mar que tenía en los ojos / con la isla anclada en la memoria / en busca de la estrella que no estuviera fabricada por las manos del hombre / y la encontré entre los pliegues de tu
huracanada existencia / y por qué negar que entre los pliegues del abanico de luz que me ocultan tus nalgas / Roncas como si me llamaras a la selva / roncas alejada del polvo / tierna y tranquila
como el silbido de un buque madre que rescata a los náufragos que sigue pariendo mi país / o tal vez que sigue pariendo mi obsesión / Roncas como si estuvieras flotando en el aire / y fueras esa
nube que cambia sus contornos para volverse el oso que entretiene a niños sin juguetes / como si te hubieras tragado los planos de la única bomba que está por fabricar / En la oscuridad
entrevelada del cuarto / tus pechos son los ojos de un búho que me mira / Mis manos ocultas en tu profundidad / y mi silueta de centinela manco / se reflejan en el espejo que instaló tu cerebro encima de la cama / para que el azogue y la mirada cómplice se tragaran tu acrobática manera de besarme / Estoy más relajado que en un mafioso en su celda esperando sentencia / Aquí puedo canjear tus orgasmos por los nombres de los que me ayudaron / por el nombre de mis muertos / y por los nombres de los culpables de mis muertos / aquí puedo borrar con tus orgasmos la palabra desgracia / o fatalismo geográfico / o puertas pintadas con el color del miedo/

Ahora te volteas / y sin misericordia me lanzas la arena finísima de tu espalda contra mi ojo hacedor de las paces con el pico del cuervo / Tengo ganas de asesinar a mi egoísmo / y sacarte a dormir en medio de la plaza / Hemos perdido la inocencia que refleja tu rostro / la llave que tanta falta hace para adentrarnos en el siglo / Cómo pedirle que venga a recibirnos si ve cojeando al XX con su saco de muertos sobre el hombro / y esa sonrisa de masacrar al tiempo que el hombre le colgó de los pies como un grillete / Tengo ganas de izar tu desnudez como si fuera una bandera blanca que avergüence el hollín de la mentira / y la sucia cuartilla que embadurna el político / y su negra y asqueada manera de decir yo soy el salvador/

Ni el alcohol / ni la balsa sobre el mar o en el fondo / ni la promesa de borrar la cicatriz / ni hacerme el extranjero / ni el trapo que oculta el moretón / ni la tranquilizante pérdida de las utopías / pudieron ayudarme / Tú eres mi salvadora / Tú duermes / Yo permanezco en mi alegre vigilia / Y de seguro despertarás tan tarde que ya será la tarde / y te querré besar / y tú me empujarás diciendo que tienes mal aliento / Los amantes no apestan / El hedor aparece cuando el amor desaparece / y uno se queda arrancándose las tiras del pellejo con que la soledad lo envuelve/

 

*De Escándalo interior (1996-2000)

 

R a ú l   O r t e g a   A l f o n s o
(Santiago de Cuba, 1960) ¤ Publicación del libro de poemas "Acta común de nacimiento", Editorial Praxis, México, 1998 ¤ Publicación del libro de poemas "Con mi voz de mujer", Editorial ARLEQUíN, (FONCA), Guadalajara, 1998 ¤ Escritor del suplemento cultural "SABADO" del Periódico "UNO MAS UNO" ¤ Escritor de la sección "NOTEROTICA", de la Edición Mexicana "Playboy" ¤ Invitado por la Casa de las Culturas del Mundo y el Taller de Literatura de Berlín, a participar como expositor en la Jornada de la Cultura Cubana ¤ Antologado y traducido al idioma alemán, "Der Morgen ist die letzte Flucht" (Kubanische Literatur zwischen den Zeiten), Edition "diá"-1995 ¤ Publicación del libro de poemas "Las mujeres fabrican a los locos", Editorial "Abril", Ciudad Habana, Cuba 1992 ¤

 

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D a v i d   L a g o

dead man walking

Ya ves. No es aconsejable anticiparse a los hechos.
El ridículo acecha en la precipitación.
El hazmerreír estropea las palabras más trágicas.
La insospechable fuerza de la vida echa por tierra la trascendencia de la despedida.
Siempre es mejor guardar silencio, un cauteloso silencio.
Es posible que entonces podamos mirar a alguien que nos mire, pero tampoco es seguro.
Me quitaron las botas y ya no se lleva morir con ellas puestas.

Pero,

May Sister Hellen touches me?


(Madrid, 11 de diciembre de 2000)

D a v i d   L a g o

santa maría dei carmini

para Isabel Figueroa García-Alix

En vez de tomar el trillado camino de los curiosos organizados,
sales de la casa en la Toletta y tuerces a la izquierda, adentrándote en la
                  /vida diaria de los mortales.
A medio andar hacia ninguna parte, la puerta lateral de una iglesia
te invita a dar las gracias a tus muertos, porque este viaje
no es sólo obra de la presencia, sino también de la impresencia,
o quizás de ésa que Valente distinguió como “anhelante”.
El raso rojo que envuelve las columnas,
el púrpura de La Vigilia,
la madera negra del claustro que espera llenarse con las voces de las
                /novicias,
tú sentado en un banco, el recinto solitario,
no hay más oración que el silencio y que quedarte quieto,
turbado por imágenes que buscas, rostros que rastreas, manos que ases
                /en la nada,
voces que se dispersan, ojos, ojos que te avistan y te perciben, asceta
                /allí;
turbado por no más que tu propio pecho.
Varios cirios enciendes, a falta de flores; a falta de aquel pregón

¿“¡Flores, flores para los muertos!”* ?

con que un sureño desesperado ofrendó para siempre la memoria del
               /recuerdo.
Tanto se acumula en la testa que te corona: pequeña sabiduría del
               /ignorante,
versos, vidas, sombras, parlamentos de la escena que has pisado y vivido
               /en la vida de otros.
Al dirigirte a la puerta, reparas que un haz de decepción
cruza la mirada de la mujer del souvenir y sientes su peso sobre la nuca.
Sales y tomas la calleja hasta la plaza, el pórtico de entrada pone
               /nombre,
y entonces te percatas de que la casualidad no existe.


(Madrid, 16 de mayo de 2001)

*
Tennessee Williams

D a v i d   L a g o
(Santiago de Cuba, 1964) 

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J e s ú s   J.  B a r q u e t

pan dormido

No pausa ni exabrupto
sino sólo tu cuerpo, dormido, sobre una superficie
en que apenas distingo trazos,
en que únicamente te confirman mi ceguera
y mi fe.

No pausa, es suceder
donde nada se fija, como peces
cuando un extraño se asoma
(aguas de plenitud disolviendo una harina
amasada en la víspera, rápida fuga que expulsa
el mismo volumen líquido que atesora),
mucho menos estatua
que colocar en los altares o exhibir en un circo
de provincia, sino masa nocturna que crece, olorosa,
y corona.
Tampoco exabrupto, sino volver a buscar
en el placer cada mañana, en cotidiana
instalación o turgencia
que el propio olor delata
(otros pasan de largo, mi deseo
no alcanza su resurrección: te falta yo),
y la rutina dominguera convertida en ritual
de comunión no obstante los sabidos
saluditos cordiales.

No pausa ni exabrupto, sino tu lento
cocinar desde la noche y hacia el día.

J e s ú s   J.   B a r q u e t

fuerza bruta, barriles


Amor, fuerza bruta, barriles,
estibadores descargando un arrebato
en remolinos de sudor, hielo en llamas,
tren despertando al vecindario
que ensucia de ripio y ocio la estación,
bruma tranquila que de pronto
se estanca y duele como hernia en escozor.

Amor, cáscara espesa sin semilla
ni flor, hundimiento hacia arriba, uno que es dos,
sueño rompido y roto, espacio para un falso
mundo mejor, alfileradas lluvias, infantes
clasemedieros arrojados sin nodriza al arrabal,
inocencia con altos cargos de traición, fortaleza
ganada desde adentro, huracán que es suave viento
acariciador, descuido en el esmero
(esmero en el descuido),
inagotable y ya agotada canción.

 

J e s ú s   J.   B a r q u e t
(La Habana, 1953); es autor de los poemarios Sin decir el mar (1981), Sagradas herejías (1985), Un no rompido sueño (1994), El Libro del desterrado (1994) y Naufragios (1998), y de los libros de ensayo Consagración de La Habana (1992) y Escrituras poéticas de una nación (1999). Desde 1991 reside en Las Cruces, Nuevo México.

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O.  T.   S o c a s

el río

Hay un grito en mis ovarios que se ahoga en el espacio infinito convertido en un puñado de luz. Envuelta en placenta ruedo por tu piel.
La noche es larga y ciega. Sus sombras tantean por las calles acompañadas de perros cansados y hambrientos. Son las 3 de la madrugada y no duermo. Sueño tirarme al río y bucear desnuda en sus profundidades más grotescas. Si tú me esperas salgo a la superficie. Si tú me acompañas, regreso a la vida.

O.  T.   S o c a s

wee-auk-en*

Has visto desde la ventana de un ático
las dos huellas del carrito del cartero
escribir la esperanza de una carta
sobre el hielo de la acera
y el árbol sacudido por la ventolera cruel
de los días que se van.
Has visto los niños entrar a la escuela
en una gritería de avalancha blanca.
Escuchaste sirenas de carros de bomberos
apagando fuegos de familias
en un ir  y venir de la miseria a la mendicidad.
Te has caído tantas veces sobre el invierno
que has roto el maleficio de quedarte eternamente
en esta prueba de amor al sol.
Has envejecido sin comprometerte con los alrededores
con la vista fija en el punto de partida
sin enamorarte de las rocas que como árboles
empalizan el borde de Weehawken.

(*nombre de un pueblo de New Jersey, quiere decir
rocas que parecen árboles, para los indios nativos)

 

O.  T.   S o c a s
(La Habana) Es News Librarian para el periódico The Jersey Journal, en New Jersey.
 

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A n t o n i o D e s q u i r ó n

diferencia

I.

Son amores distintos.
Alguna vez quizá haya en ambos
--por razones diversas-- un temblor de voz
o el roce de las manos,
pero son diferentes, tanto como un vaso y un trompo
-- en ellos está el círculo, es verdad,
pero uno gira y no puede contener agua,
y el giro de un vaso es capaz de hacerlo añicos.
Amores.
No los compares porque pierden la gracia.

II.

¿Son amores distintos?
En el vaso y el trompo, ¿no está el círculo?
Es verdad que no sirven para la misma cosa,
pero los dos ocultan una gracia
y nadie puede imaginar el mundo
sin el peso entrañable de los cuerpos.

A n t o n i o   D e s q u i r ó n

nombre

 

Tengo un solo nombre
y le soy fiel.
Me llaman
y voy.
Dicen el nombre
y voy,
abriendo a lado y lado
árboles y ríos...
Nada más que un nombre,
y con él me agotan,
me atrapan -- fiel--,
en un dedal,
en una mano.

 

A n t o n i o   D e s q u i r ó n
(La Habana)

 

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W i l l i a m   N a v a r r e t e

ciudad

a Gustavo Acosta, pintor de La Habana


Debes llorar, procura hacerlo,
porque es el hombre quien echó
sal en tus ojos de vidrios,
clavó en tu torso antes esbelto
de colegiala azul su miedo,
ahuyentó las aves que hacían
de tu cielo una bóveda de cantos,
limó las últimas secuelas
de tu alegre risa callejera
dejando un sollozo en donde
paseaba silueta hecha la alegría,
podó la ceiba de tus arrabales,
selló tu hambre de eterno señorío,
de estrella de horizontes,
mástil, rosa de los vientos, vela.
Procura llorar mucho ciudad
porque una lágrima ha de borrar
ese dolor de hembra maltratada.

W i l l i a m   N a v a r r e t e

elegía sin flor

Duerma en su roca estéril y sombría
El rey sin dinastía.
"A Francia". Gertrudis Gómez de Avellaneda.


No rompas mi silencio de isla remota.
En él se refugian las miradas de los hombres de mar,
la sal de las tinieblas, el brillo de las escamas, el horizonte
infinito,
el alma endeble, la grandeza de la tierra,
la paz que lleva mi cautiverio dentro.
No busques mi nombre. Ya no existo.
Soy pacto después de la batalla, reposo de la lanza, el pájaro sin canto,
  [la tregua de las Furias. No te gastes tu flor en mi memoria, te prohíbo
  [que penetres el hechizo de las piedras, las brumas del océano, mi
  [santuario de hombre perseguido por el fatídico destino de las islas.
Ofrécele tu flor a quien no sepa
por qué me has dedicado una elegía.

W i l l i a m   N a v a r r e t e
(Cuba, 1968). Narrador, ensayista y poeta. Diplomado de Historia del Arte (Universidad de La Habana, 1991) y de Civilización Hispanoamericana (Universidad de La Sorbonne - Paris IV, 1997). Reside en París desde 1991. Su último libro publicado es el ensayo "La chanson cubaine (1902-1959): textes et contexte" (Ed. L'Harmattan, París, 2000, 198 pp.). Es fundador de la Asociación del Centenario de la República Cubana y de su publicación "100 Años" (París, 1999). Colabora para El Nuevo Herald (Miami) y para otros periódicos y revistas en Europa y las Américas. Poemas (selección del libro de poesías "Edad de miedo al frío")

 

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J o s é   K o z e r

ánima

Al reencarnar (pongamos que reencarnamos) concédeme ser corneta de
          [una banda
municipal los domingos a la hora de la retreta
(pongamos que a la caída de la tarde cuando el
sol el despiadado sol cede lumbres fiebres, ya
concede tibieza): miembro de una orquesta
danzonetes ejecutando en la glorieta del parque
de una pequeña ciudad tropical (Veracruz La
Habana Antigua o quizás Cartagena de Indias)
yo, Señor, tu alférez menor, tu resucitada carne
por hoy de nuevo me comprometo a dar de mí
(do) lo mejor (fa) de esta vocación musical (todo
de Ti procede) (si) qué no: concédeme una muchacha
de piel oscura ojos almendrados (Sita, del Ramayana)
la delgadez de la gacela la ligereza del vilano su
ascenso, al desaparecer: mirar (ojos fijos) saberla
reflejada en la pupila de Tu corneta mayor (banda,
municipal) tres llaves (sol) los azabaches ojos de
la muchacha (una vuelta) volandas (del brazo
llevarla por nefelibatas alturas) de a dos, Señor,
vivir (saber convivir): ¿harán falta muchas más
reencarnaciones? Volátiles (andas) vilos
(palanquines) concédeme una casa de tablas
pintada de verde (trementina) rojos postigos
paredes (sol) encaladas el gallo al alba (Señor)
un bosque, de lentiscos: una conversación en
voz baja (refractada, voz) (diferidas, palabras)
apenas mi única (última) ocupación consista en
revolver la tisana del mediodía con miel de brezo
(milflores al atardecer, la miel): revolver (re) una
tisana a los pies de la amada (re) la cuchara de
plata (miel, de lavándula) en la taza (hojalata)
con la infusión a punto de yerbas medicinales.

 

J o s é   K o z e r

sexagenario

Una mano de jazmín macerado.

Frotar agua de lluvia recién caída toda la noche serenada en el lebrillo
                [del traspatio:
unas gotas de benjuí o almizcle.

Cal, polvo de arroz.

Otra mano de flor de codeso.

El relumbre amarillo se superpone a toda anterior blancura recubriendo
                [surcos atajos
calcáreas deposiciones (anfractuosidades): el diente
de perro.

Una mano última la garlopa del carpintero alisando el rostro alisando el
                [rostro reflejo
del ébano en la caja reflejo del cristal en la
urna presencia del asomo primero del gusano:
traspasa de dentro afuera horadó todas las
capas: escoge entre las arrugas aún visibles
del rostro la mejor semilla.


J o s é   K o z e r
La Habana, 1940. Vive en USA desde 1960 y en la actualidad en Hallandale, Fl. Ha publicado diversos libros de poemas en México, España,  USA, Rep. Dominicana, Argentina, etc. Enseñó durante 32 años literatura   hispanoamericana en Queens College, NY

 

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Omar López Montenegro

nocturno bajo la lluvia

Hoy ya no espero lo que algún día,
indefectiblemente,
ha de llegarme.

En esta hora me consuelan las antiguas decepciones.
El beso que frustró la espera y la chica,
trémula e impaciente que una vez fue promesa,
con su límpido cuerpo donde pude una vez mirarme
de frente y sin tapujos como ante ningún espejo.

No, esta noche la lluvia no amenaza mis huesos,
la luna y el viento ya han cumplido su rol de verdugos.

Hoy visto el cruel ropaje del destierro y espero,
eternamente espero,
que una vieja canción me devuelva por un segundo
el aliento,
las raíces perdidas,
y el barro eterno conque una vez forjé mi cuerpo.

Omar López Montenegro

sin nombre

Supongo que no tengo estirpe de poeta.
Hablo como un hombre corriente y en ocasiones,
apesto.
No he sido capaz, ni una sola vez siquiera,
de enviar mi alma a viajar por las estrellas.
No poseo cola de caballo ni el don de la mirada ausente,
para mí son desconocidos los planos siderales o cuatridimensionales.
La gracia de contemplar lánguidos atardeceres sobre el Sena
no suele ser concedida a gentes de mi raza política.
Me asfixian las rimas, los endecasílabos me aturden.
Soy incapaz de componer un verso con flores y mariposas.
Eso sí, he leído.
Me aproximo a los libros no como a un lecho sino como a una ventana.

Si alguna vez me viera ante la suicida amenaza de auto clasificarme,
diría que soy un palurdo
a quien pesan demasiado sus dudas y ensoñaciones
y de vez en cuando, cuando los aires son propicios
los va a echando a un lado sobre trozos de papeles vírgenes.

Si esto no es poesía debéis buscarle algún nombre.
Tengo que seguir haciéndolo para conservar mi cordura.

Omar López Montenegro

la habana, 1989

Existe un sinfín de cosas que hubiera deseado hacer.
Hubiese querido, por ejemplo, estar en una multitud
—New York 1957—
y ver pasar a Norma Jean, sonriendo desde un descapotable
y al igual que otros cientos gritarle: “te amo”.
Quisiera haber podido cercenar el brazo que en 1948,
en Nueva Delhi,
asesinó al hombre de la más grande alma.
Hubiese querido estar en Monterrey en 1967,
ebrio de blues,
y recoger cada pedazo de corazón que la Joplin lanzara desde el escenario.
Quisiera haber estado en Memphis
—1968—
y detener la bala racista que ultimó al rey de los pastores.
Pero estoy en La Habana, 1989,
y sólo me cabe morder la mano que trata de amordazarme.

 

Omar López Montenegro
(La Habana, 1954). Graduado de Licenciatura en Control Económico en la Universidad de La Habana en 1978 y de Corrección y Redacción en el Instituto Cubano del Libro en 1982. Fundador de las organizaciones de derechos Humanos Asociación Pro Arte Libre y Unión Cívica Nacional. En la actualidad reside en Miami.

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Saskia Sánchez de Agüero

de mis males

por Saskia Sánchez de Agüero

 

De mis males
veré cual es la gota que huyó despavorida
el fuego que giró dentro del tiempo mío
la veloz victoria
impía y transparente
el cadáver que atraviesa el pecho
y a través de mi cuerpo la inocencia perdida.
Mediré los volúmenes
con que el mundo manchó el amor
que me puebla
y me sigue ultrajando
y aún más
tus ojos
que por momentos se aumentan en la constancia
con la boca profana
veré todo
el sepulcro inexorable.

Del libro "Severos Pasadizos"

 

Saskia Sánchez de Agüero
(Santiago de Cuba, 1966)Actriz y poetisa. Graduada en Actuación por la Universidad de Oriente y El Cabildo Teatral Santiago, compañía donde ha trabajado los últimos catorce años.En 1986 dio a conocer su poesía en la casa museo "José María Heredia"; tiene publicados tres libros. Ha obtenido diferentes premios y menciones en relevantes concursos literarios.Actualmente es profesora de teatro del Centro Cultural de Alpedrete (Madrid, España) y trabaja como actriz independiente en diversas compañías.

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Raúl Ibarra Parladé

música de ron

 

ante un órgano llamado Flor de Amor
baila la gente y bebe ron.
tiembla la tierra, se aparta el aire, sube la música
en los oídos
con los timbales y el guayo
con el cencerro y la clave,
sobre un tejado y otro tejado
convocan a la ciudad
pasan el litro de mano en mano:
ron para la catedral de Santiago
para Gabriel, la trompeta, el libro y todos los santos
santo Tomás y san Pedro
santa Rita y san Cañón
santa Lucía y los ojos
en el platillo lleno de ron.
ron para Diego Velázquez y el galeón
en la bahía
para Cervera y su escuadra con marcada indignación
ron también para Minerva en la puerta del museo
para Santiago a caballo
para Bacardí -¿quién mejor?-
para Elvira, para Heredia
para la trova, la loma,
para Sindo y Pepe Sánchez
y para el viejo que muere
de madrugada
con su guitarra
bebiendo ron.
también para los franceses en lo alto del Tivolí
para la calle del Gallo, o sea, la Grande Rue
ron para Esteban Salas y la nave mercantil
que conduce ron del cielo para Juan París
para Rubalcaba
para don Félix Veranes -o Veranés-.
ron para el terremoto y la Asunción
para la conga, la tumba, la relación
para Quintín
para Guillermón
para Mariana y sus hijos
mucho ron.
ahora beben Luisa y Julia
Melgarejo, el pajarito
Manuel María, Poveda, el son
la candelita, la guerra, el sitio, la emigración
todos beben, todos beben
esta es sangre
esta es pasión de morir y no morir
sigue el litro
todos beben:
aquí se invita.

 

Raúl Ibarra Parladé
(Santiago de Cuba, 1938). Licenciado en Sociología. Desde hace años trabaja para radio santiaguera como guionista. Ha publicado los poemarios Fox-trot y Sombra y variaciones.

 

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