La vida / Dioses de barro / La muerte
por José Cercas
La vida
La vida es un golpe tras otro que te dan en el corazón,
en los ojos, en la palpitación última de los vencidos, de lo asumible .
La vida cuenta sus muertos por millares;
es el iris llagado de los iluminados.
Solo la soledad nos habla con solemnidad de ella.
La vida es todo aquello que respira el oxígeno azul de los desterrados.
La vida tiene el color de los cerezos y, en última instancia,
el sabor de las patrias que abandonan a sus hijos en el corazón de la hoguera.
La vida es todo aquello que observas, todo lo que tocas y maldices,
todo lo que lees en las entrañas de un libro.
Es la palabra, el verbo amar, los cuerpos que se atreven a tocarse,
en el semen y en la tierra.
La vida tiene calles y plazuelas y miel paralela en los olivares
y rosas que tiñen, los áridos trigales del pan.
La vida corre y te llama boca a boca.
Es el hijo que nace con los ojos pausados del asombro.
La vida es todo aquello que fenece y nace. Eso es la vida.
Dioses de barro
Los dioses del barro posan sus vetustos paños de hilo,
en los vértices terrosos de la tarde,
nadan sobre el color de la arcilla,
e invocan a las cadavéricas esculturas de la noche.
Ellos, los dioses del barro,
batallan sobre el corazón del frío,
a las moscas que liberan las auroras del fuego.
Un ejército en columna, unas vidrieras
talladas como surcos de estaño sobre la sangre,
protegen las bocas de los inocentes.
La historia se repite, tristemente se repite,
una y otra vez, se repite.
Los dioses del barro, abren sus fauces y muerden
la inquina voracidad de los mortales.
Los acantilados vierten su alcurnia,
en ríos de lava que viajan
por los vértices labiados del plasma.
Y los dioses, los crepusculares,
se llevan la misteriosa consistencia del barro,
el tiempo que absorbe la leyenda,
el filo de los mil cuchillos,
el grito herido de muerte del guerrero,
y las entrañas del fuego.
La casa arde, el dios deja su huella en la tierra seca.
Todo queda escrito, la leyenda continúa…
La muerte
(A Manuel García, in memoriam)
La muerte es aquel lugar oscuro y misterioso
donde se abandona la memoria
de lo que fuimos, de lo que tenemos,
de la nada que nos ocupa y nos lleva.
Traga sin parar cuerpos apátridas,
bocas que al grito acuden
lejos de los parias y los orfebres.
Es el martillo, que a golpe de cincel,
esculpe en el mármol la memoria.
Es la antítesis de la niña
que peina su cabello dorado,
sin saber que la muerte es terca
y siempre se acaba llevando
los azules príncipes del tiempo.
La muerte es una palabra que nada dice,
silente y oscura espera su epitafio
labrado bajo la tierra.
La muerte te lleva sin el corazón, sin el espejismo.
No te mira, tan solo te indica el rumbo,
hacía la templada luz que el universo advierte.
La muerte no tiene cara.
La muerte es la viajera que cumple
su labor de ocaso. ..