Niño Dios de Aire
porFermín Castro González
La clase huele a humanidad. Las ventanas están cerradas por seguridad, ya que la clase de 2º bachillerato se encuentra en un segundo piso. No hay aire acondicionado. Es última hora. El profesor Fernando Po tiene una doble desgracia: dar clase de literatura los viernes a última hora y su apellido, objeto de burlas y chanzas fáciles.
—Vamos…venga…por favor…ya. Luis deja eso…shiss.
Hay cuarenta mesas con sus respectivas sillas. Pedagógicamente lo óptimo sería unos veinte por clase. Suena un móvil. Una joven comienza hablar por el celular. La compañera de su izquierda se acerca y le pregunta algo. El chico de la derecha la mira con ojos celosos.
—La poesía es la cúspide de la pirámide literaria, no hay nada más difícil y al mismo tiempo más hermoso que la poesía. Leer poesía es acercarnos a las regiones más ignotas del alma humana y al mismo tiempo vivir aquellos sentimientos que son universales al hombre.
Entre el murmullo general Fernando Po alza la voz. Algunos alumnos lo miran con aburrimiento, otros parecen estar interesados, la mayoría simplemente lo ignora.
—…y el príncipe de los poetas, o por lo menos uno de los príncipes es Pablo Neruda, el poeta del amor. Llevaba la historia de la literatura siglos cantando el amor, pero pocos eran capaces de llevar el beso, los muslos, la pasión, el deseo y las humedades del sexo a la poesía…
Ante la palabra sexo algunos alumnos se incorporan y atienden curiosos. La chica del teléfono sigue hablando. En el fondo de la clase, un chico lanza una bola de papel que impacta en la mollera de una rubia de pelo largo, que se gira y le hace un corte de mangas al que ha lanzado la pelota.
—Vamos…Jorge al pasillo ¡Ya!
El profesor ha gritado <<¡Ya!>>, pero Jorge se dirige al pasillo con lentitud arrogante y provocativo. El profesor Fernando Po, hierático, mantiene el brazo alzado y el dedo apuntando a la puerta. Tras un par de minutos o más Jorge, por fin, sale de clase.
Suspira el profesor.
—Tenía veinte años y escribió uno de los libros de poesía más leídos de la historia y todo un símbolo para las generaciones posteriores. ¿Quién no ha leído Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada? ¿Quién no se ha enamorado y conquistado recitando poemas de Neruda?
Permanece en silencio, pensando en el chico universitario de diecinueve años que les leía a las compañeras de universidad aquellos poemas, susurrando versos de amor entre las sabanas de la cama, amando por primera vez. Recuerda. Se mira las manos. Ya no son jóvenes.
<< ¡Ah! Que tiempos>>.
(Cantan a coro, en lo profundo de su corazón, los Besos Mustios:
—Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos).
—¿Pero para que sirve la poesía? Con poesía no se va a ningún lado, con un buen coche o una moto de puta madre…con eso si que se liga. Lo importante es el dinero lo demás son boludas.
—Bueno Luis…no todos tenemos la suerte de tener un papá empresario como vos tenés.
<<No voy a gastar ni un gramo de saliva en intentar convencer a este mendrugo>>.
(Cantan a coro, en lo profundo de su corazón, los Besos Mustios:
— te pareces al mundo en tu actitud de entrega).
—Pues eso digo yo. Y además ¿para qué sirve esto de la literatura y los libros? Para nada, son chingadas.
—Tú nunca lo entenderías. Vivirás con un vocabulario de cien palabras el resto de tu vida. Y esas serán tus experiencias una reducción de cien.
—¿Qué es lo que me está diciendo?
<<No ha entendido nada, pero intuye que me estoy mofando>>. En la clase un chico y una chica han reído al unísono, se miran con almas cómplices. Ellos sí han entendido al profesor, además no soportan al creído y presumido de Luis. Suena la sirena. La clase ha terminado. Los alumnos vuelven a batir el récor diario de recoger sus cosas y salir pitando. Salen de clase en tropel animal. Algunos se despiden del profesor.
El chico que se ha reído se llama Nimref, no es de aquí. La chica se llama Prímula.
Salen cogidos de la mano. Se acercan al profesor. Los demás ya han salido. El profesor esta recogiendo sus notas y guardándolas en su ajada carpeta de cuero gastado>>.
(Cantan a coro, en lo profundo de su corazón, los Besos Mustios:
—Mi cuerpo de labriego salvaje te socava y hace saltar el hijo del fondo de la tierra).
—Aún funciona –dice Nimref
—¿Como dices?
—Dice que aún funciona, y te lo digo yo que lo se bien –Prímula ríe y le da un sonoro beso a Nimref.
Camino de casa, la radio parlotea sus importantes noticias fútiles. Cambia de emisora. La música neofolk le hace tamborilear en el volante de su utilitario. Y piensa en ella…su primera flor. Sonríe. Suspira. Y medita.
<< ¿Donde estará? ¿Me recordará? ¿Qué fui yo en su Rosa de los Vientos? ¿Y…?>>.
(Cantan a coro en lo profundo de su corazón los Besos Mustios:
— Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros, y en mí la noche entraba su invasión poderosa. Para sobrevivirme te forjé como un arma, como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda).
Un girón de nube cruza el cielo, que rara vez es límpido azul, un avión araña con sus uñas misteriosas el firmamento y dibuja líneas blanquecinas, que se irán diluyendo como la vida.
(Responden a coro, en lo profundo de su corazón, los Besos Nonatos:
—Pero cae la hora de la venganza, y te amo. Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme. ¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia! ¡Ah las rosas del pubis! ¡Ah tu voz lenta y triste!)
EL coche continúa su camino, gira en una curva, prosigue, el viento curioso corre a su lado durante un trecho. Aburrido deja de espiarlo y busca otro ser humano que calme sus deseos de jugar, añorado Niño Dios de Aire.
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