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Estimado Sr.:
Nos dirigimos a Vd. un grupo de escritores a quienes nos
une una característica común: haber escrito
y publicado libros sobre el Sáhara y, en particular,
sobre los campamentos de refugiados saharauis. Nuestros
libros abarcan desde el relato de viajes a la literatura
infantil y juvenil, pasando por la antropología,
el cuento, la poesía...
Como observará en las firmas, somos escritores españoles
y saharauis. A todos nos une un vínculo importante:
la lengua. Aunque hay mucho más. Todos nos sentimos
refugiados. Incluso quienes hemos pasado sólo algunas
semanas en las jaimas de la hamada y hemos contemplado la
dignidad con la que viven cientos de miles de saharauis
nos hemos sentido hermanados con su derecho histórico,
demorado año tras año. ¡Y van para treinta!
Pero también nuestra lengua está refugiada
en el desierto.
Hay una muestra estremecedora y bella en esta supervivencia
de nuestra lengua. Los libros de texto para los niños
saharauis son impresos en Suecia. Como este país
carece de la letra Ñ, cuando los libros llegan a
los campamentos son repartidos entre profesores y voluntarios
que pacientemente colocan a mano la tilde sobre la N. Irónicamente,
los saharauis ni siquiera han conseguido que los manuales
para la enseñanza del español sean imprimidos
en nuestro país.
Vd. sabe que los saharauis tienen el español como
lengua oficial, además del hassanía. Que en
las escuelas primarias se enseña, a veces con libros
de texto enviados desde España (los menos) o impresos
en otros países. Que en los institutos de los campos
de refugiados se hace una labor de recuperación del
español que incluso va contra la lógica de
los hechos, dado el poco interés que ha mostrado
nuestro país por el sostenimiento de nuestra lengua.
Que el español es el idioma administrativo de la
RASD...
Sabe también que hay libros sobre el Sáhara
escritos por autores españoles. Lo que resulta más
novedoso, porque se trata de un acontecimiento reciente,
es que los escritores saharauis están comenzando
a publicar en nuestro país. Muchos de ellos sienten
y escriben en español. En los viajes que algunos
escritores firmantes hemos hecho por los campamentos hemos
comprobado que hay otros saharauis que escriben en nuestra
lengua. Por ello, un grupo de escritores hemos puesto en
marcha dos iniciativas, que se han presentado ya ante los
Ministerios de Cultura y de Educación saharauis.
Uno de ellos consiste en adquirir, dotar y poner en marcha
dos bibliobuses, con libros escritos en hassanía
y en español. Estos autobuses se moverían
por los campamentos conducidos por saharauis y serían
atendidos por maestros y maestras saharauis que harían
de bibliotecarias. El propósito es que en un futuro
inmediato, maestros, escritores y cuentacuentos, también
españoles, se puedan incorporar a Caravanas Literarias,
siguiendo la tradición nómada, llevando historias
y libros de un lugar a otro.
El segundo tiene que ver con la potenciación de
la escritura en los campamentos, tanto de adultos como de
jóvenes. El proyecto La palabra en la jaima tiene
un doble objetivo. Por un lado, favorecer la publicación
de libros de escritores saharauis. Por otro, la creación
de talleres literarios para jóvenes, hermanados con
escritores españoles que, presencialmente o mediante
Internet, presenten apoyo técnico e intelectual a
la creación y, eventualmente, a la edición
y publicación de obras.
Las reclamaciones políticas del pueblo saharaui
se debaten en otros foros, en los que también estamos
presentes. Nos dirigimos a Vd. como Director del Instituto
Cervantes porque reclamamos la presencia oficial del Instituto
en el Sáhara. Resulta llamativo que no haya una asistencia
cultural española en lugares donde se piensa, se
habla, se siente y se escribe en nuestra lengua.
No pedimos dinero, o no solo, aunque creemos que la participación
del Instituto en la puesta en marcha de los bibliobuses,
el sostenimiento de los talleres literarios o el apoyo a
la publicación de obras de escritores saharauis sería
fundamental.
Reclamamos la presencia del Cervantes en los campamentos,
adaptada a las posibilidades y necesidades de un campamento
de refugiados. Sería todo un símbolo hacerse
presentes allá donde hay más privaciones,
y no sólo materiales. Algún día, esperamos
que más bien pronto que tarde, los doscientos mil
exiliados que sobreviven en el desierto volverán
a sus tierras y se encontrarán con las familias que
dejaron en los territorios ocupados. Cargarán con
sus pocos enseres, pero llevarán consigo el patrimonio
de una lengua y una cultura que tienen raíces profundas
en nuestro país. La solidaridad con el pueblo saharaui
ha sido sobradamente demostrada por Ayuntamientos, Comunidades
Autónomas, ONG's y miles de personas anónimas
que acogen niños saharauis durante el verano o que
acuden a los campamentos a prestar ayuda material y apoyo
humano.
Falta el Cervantes. Independientemente de su respuesta,
seguiremos escribiendo, publicando y trabajando desde y
por el Sáhara. Pero creemos que es una obligación
moral e histórica prestar atención a estos
proyectos u otros que vayan surgiendo. Porque, a fin de
cuentas, estos refugiados son nuestros refugiados.
Atte.:
Gonzalo Moure y Ricardo Gómez
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