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    catorce  invierno

PORTADA :: EL HILO ::  EL LABERINTO

 

Todas la claves y el símbolo 

VersO

 

labyrintho/los antepasados
por Jesús Urceloy

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el comienzo del ovillo
por Rolando Lazarte
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génesis
por Ivanovich Torres Figueroa
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malá strana
por Pilar Adón
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para cien días falsos/pasan
por Álvaro Muñoz Robledano

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quisiera una mañana.../cuando cierro los ojos con el silencio...
por Jesús Cuesta

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el túnel de las metáforas
por Rafael Pérez Castells

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dama de agua/hoja sin sonido
por Antonio Grimaldo

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algunas formas de hastío
por Kiko Mora

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acuario
por Cástulo Aceves Orozco

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ciudad
por Nestor Ventaja

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declaración teórica
por Aralia López González

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candorosas putas de mi patria
por Félix Luis Viera

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El espíritu de Zulema
por Milagros Román

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Esas malditas calles del destino
por Eduardo Mauricio Sebastianeli

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He visto un lindo gatito
por Juan Martíns
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MARATÓN
por David Torres

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"Algo harían..."
por Antonio Polo

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Janchis Jori Torre Wasi
por Eric Carvajal

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En un oscuro garito
por
Camino Miguélez
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Adriático
por Álex Badía
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VOLVER DE LEZAMA LIMA
Fotografías de Belén San Emeterio con textos de Álvaro Muñoz Robledano

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TRES TIEMPOS
Tres reseñas especiales a cargo de LOVAT

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ELEGIA A LOS AUTORES MUERTOS
Traducción de un téxto jeroglífico sobre la escritura y el hecho de escribir
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LAS LLAVES DEL REINO
por Rafael Pérez Castells
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Sten Nadolny
EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD
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LA ÉPICA Y EL TEATRO ÉPICO BRETCHIANO
Héroes y antihéroes.
Trovadores y actores
por Rosa Fernández Cruz

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¿SUEÑAN LAS OVEJAS CON PRADERAS DE PLÁSTICO?
por David Torres

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m2gh10·inicio

labyrintho
por Jesús Urceloy

 

Hoy he venido aquí a hablar de ella,
de su recuerdo, de ella, de los días pasados:
no de su piel, sus ojos, sus vestidos,
nunca más de su voz, de mí cuando la amaba.

De ella nada más. Por ejemplo, su piel
¿era blanca o morena, sabía a sal, tenía
algún lunar oculto, alguna cicatriz,
algo de sol ajeno? No sé si eran sus ojos
de lector o de autista, eran verdes o negros,
pudiera ser que grandes... ¿Le gustaba la ropa
holgada, los tacones, las medias de rejilla
muy blancas, o estas eran
señales de otra vida para el puzzle incompleto?

No recuerdo su voz y sin embargo la oigo
recitar versos vagos de algún poeta muerto:
la oigo, sin embargo, decir... Y yo decía...
y los dos caminando calle abajo, hacia el río
donde dicen que van a morir... donde dicen...

La recuerdo, es verdad, con la cabeza alta,
-aquella que apoyó sobre mi piel desnuda-
y las lentas palabras del adiós.

No cuando el autobús se va y ella se aleja,
no cuando se intercambian discos, cartas, iconos:
La recuerdo en su casa colgando y levantándose
y cerrando después su habitación,
sin saber que soy yo quien la mira alejarse,
quien a veces despierta en esa casa
y busca el plano absurdo
que me ayude a salir
.

 

los antepasados

 

No había duchas –por entonces la gente
se moría por casi cualquier cosa-
pero a veces alguno se asomaba,
miraba alguna luz y sonreía:
poco más. Nada más. Luego, a casa,
a compartir la cena con los muertos,
a compartir si había qué, aunque fuera la muerte,
sabe rica, mujer, esta muerte de hoy,
comed niños: comed agua y dolor,
hasta el agotamiento: que no sobre.

Eso pasaba entonces. Un pariente lejano
llegaba alguna tarde y se quedaba un tiempo,
no mucho, la verdad, la gente se moría
con cierta propiedad, a poco de nacer,
a veces algo más: eran Diciembres duros.
Así que vámonos, marido, que hoy se casa
la prima, sí, la enferma de leucemia,
la que nunca dejó que la enterraran,
vosotros portaos bien y rebañad
a fondo el plato, la humedad, el moho.

Y todo el día
trabajando –qué hacer, no había otra cosa-
eso de los poemas, los poemas...
La gente se dejaba
morir con las tormentas,
esperaban el paso de un carruaje,
o miraban al cielo: nada más.

No había duchas. Eran otros tiempos,
alguien sale a fumar, alguien se lava el pelo,
alguien sueña conmigo este poema,
sonríe y luego muere. Nada más.
Yo también sueño.

 

Jesús Urceloy (Madrid, 1964)   E-mail: urceloy@teleline.es

 

 

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m2gh10·fin

 

 

m2gh11·inicio

el comienzo del ovillo
por Rolando Lazarte

 

Un día un año,
Conocía la historia

Pero no era
Historia era
Recuerdo


Flores eran flores
Mundos misteriosos

Y aquello recóndito,
Amor

Esa canción infinita
Brotándole en el pecho

Y el sol en tus ojos
Otro sol en miniatura
Pequeño

El comienzo del ovillo





 

Rolando Lazarte, pintor argentino-brasileño doctorado en sociología. Es colaborador de la Insignia (www.lainsignia.org), y ha publicado en La Nación On Line (www.lanacion.com.ar), Los Andes On Line (www.losandes.com.ar), El Astillero, El Zahir y A arte da palavra. Publicó el libro "Max Weber: ciência e valores", por la editorial Cortez, de São Paulo.

 

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m2gh11·fin

 

m2gh12·inicio

génesis
por Ivanovich Torres Figueroa


¿Por qué me dañas?
Somos iguales, sabemos igual.
¿Por qué me hieres?
Tenemos un alma, un pedazo de lienzo divino, obra maestra
de la luz. No entiendo al destino. Cava en el universo
huecos perfectos de odio, perfecta medida para un eco
maldito.
Una catarsis humedecida de rabia, exhausta de sal en su
traslúcida piel. ¿Por qué nos hacemos daño si somos
idénticamente estúpidos e inocentes al hablar?
¿Por qué?
De dónde viene la sombra del desprecio que nos oscurece el
habla, los instintos.
Somos apasionados y también asesinos,
algunos inteligentes al igual que malditos,
humanos como seres, un ser poco evolutivo.
Hombres y mujeres, pensantes y fieles, algunos
amantes del peligro.

¿Por qué somos aire, vida, si sofocamos al instinto?

 

Ivanovich Torres Figueroa (Guadalajara, México)

 

 

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m2gh12·fin

 

m2gh13·inicio

malá strana
por Pilar Adón


No es muy frecuente
que en los oscuros días de un invierno avanzado
suceda que, al mirar por una ventana apocada
y doméstica,
se observe la caída del pequeño cuerpo
veloz, espeso y casi iluminado
de un gorrión
entonando cantos centroeuropeos.

No es muy frecuente,
pero, créanme, entre la despreocupada belleza
de los pálidos colores,
entre la tranquilidad lujosa de Malá Strana,
y la tersura de sus tejados
recubiertos de nieve resplandeciente,
puede ocurrir que cualquier diminuto pájaro inexperto
confunda la virginidad de un paisaje helado
con la tierna calidez de un hogar clemente.

 

Pilar Adón (Madrid, 1971)
ha publicado poesía en "Poems Nipples" (1998), Antologías Aldea Poética I y II (1997 y 2000) y en Alimento (2001). Fue Primer Premio Ópera Prima de Nuevos Narradores, 1999 con su novela "El Hombre de Espaldas" y Premio Ategua de Novela Breve por Todavía la luz (1997). También ha sido distinguida con el Premio Regenta de Ensayo, por Donde acaba la creencia (1998). Ha publicado en las antologías de relatos "Lo del Amor es un Cuento" (2000) y "Lavapiés" (2001), y en las revistas "Los Cuadernos del Matemático", "Álamo", "El Pájaro de Papel" y "Píntalo de Verde".

pilaradon@yahoo.es

 

 

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m2gh13·fin

 

 

m2gh14·inicio

para cien días falsos
por Álvaro Muñoz Robledano




He olvidado
aunque era imposible.
Unas cerillas húmedas,
un niño que se maquilla,
una reliquia de Cristo,
el hueso astillado y la calle
que pudiera ser un pecio
o el carrete que se veló
quedan
como únicos sintagmas,
agazapados,
relojes,
sedientos.

pasan

 

Pasan trenes sin nombre.
Ni siquiera en las cédulas de sus pasajeros,
o en el sudor de un mediodía interminable.
Trenes callados como el tabaco del domingo,
pequeños,
suficientes ni siquiera para una fábula.
Su rostro de vagón,
de horas entre el gris y el libro,
horas inexplicables al niño que ya no juega,
al novio que desea, impaciente, su tristeza,
al hombre que fuma en el pasillo,
al hombre que duerme.
Pasan trenes y juegan
a ser el último, a detenerse
entre dos estaciones,
a sus asientos raídos.

 

Álvaro Muñoz Robledano (Madrid, 1965).
Licenciado en Filología Hispánica. Ha publicado los poemarios Fotografía junto al Pecio (1991), Hoteles (1994) y Cuartel de Invierno (2000).

 

 

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m2gh14·fin

 

m2gh15·inicio

quisiera una mañana...
por Jesús Cuesta

 


Quisiera una mañana tus labios y el contacto de tus dedos
Rastreándome los hombros con la medida y la ternura de la sombra.
Como un esclavo protegido por tus ojos
Abandonarme a la contemplación de tus señales marinas,
Y ser libre en la sal de tus besos como un derrotado que regresara a su tierra.
Perecer con la luz y con la lluvia repentinamente en esta ciudad dormida,
Y desangrar las páginas escritas que mi piel anhela exhumar de tu boca.
Quisiera una mañana toda la desolación en un viaje
Hacia estaciones ya olvidadas por la tristeza
Y recorrer tu biografía atado a los sueños
Que lejanas voces significaron desde sus tumbas.
La herida belleza de las tardes de setiembre,
Los paseos por las calles ya envejecidas,
Tu rostro único entre tantas soledades anónimas,
Configurando los límites del recuerdo
Como un despertar en el que tus huellas
Llevasen mi nombre de cenizas renacido.
Quisiera una mañana tus labios y el silencio del mundo.
Y con los párpados y con la espuma descubrir tu latido de hierba
Extendiéndose por mis palabras con las húmedas raíces de los tilos.
Y ser tiempo y ser nada. Y ser certeza y ser todo.


cuando cierro los ojos con el silencio...

 

Cuando cierro los ojos con el silencio del tiempo.
El bosque en silencio, el desierto en silencio, la ciudad en silencio.
La oscuridad de mis párpados que recuerdan las huellas que no perecen en la tierra.
El diario de los sauces, el manuscrito de la lluvia,
Tu mirada trasladando al pájaro, tu mirada que pervive en las cumbres.
Y no es sólo memoria o sustancia o sal o ceniza.
Ni tan siquiera fuego de una efigie o escrito túmulo de deseos.
Es el silencio del tiempo, la línea de las ondas cuando una piedra es leve,
Un nombre que sólo conocen aquellos labios que amaron su derrota.
Porque saben del olvido su mentira, su fingida sombra que un olor destruye.


Jesús Cuesta (Madrid).

 

 

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m2gh15·fin

 

m2gh21·inicio

 

 

el túnel de las metáforas
por Rafael Pérez Castells

a José Viñals

 

 

Para encontrar su corazón tuvieron que atravesar

el túnel de las metáforas.

 

 

 

Rafael Pérez Castells (Madrid, 1955)

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m2gh21·fin

   

 

m2gh22·inicio

 

 

dama de agua
por Antonio Grimaldo

 

Dama de agua
Fina e invisible es tu vida.
Marea de vértices
descalza y tibia.
Figura ciega,
Pirámide dormida
Sabes a uvas
Y geometría.

 

hoja sin sonido

 

Mis manos son mentiras
Salpicadas de horizontes
Mudas de ojos,
Ciegas de voces.
Miro como flecha
Coloreada por el bronce .
Hoja sin sonido
Que se arrulla,
Que se esconde.
Vivo entre suspiros
Derramados por la noche.
Boca del abismo,
Pupila que se rompe.
Soy como la paz
Convertida en hecatombe.
Mis ojos son dos muertos,
Mis lágrimas un hombre .
Mi lengua se dispara
Lo mismo que un revólver
La pólvora es saliva
Y las balas traen tu nombre.

Y mi sordo volar.




Antonio Grimaldo (México, 1983), Estudia la carrera de Derecho en el ITESM CEM. Ha publicado en revistas culturales como "El Signo" , " Gatos Locos" , "Lunacer", "Poesiavirtual" , "Revista Voces" y "Zona literatura".

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m2gh22·fin

 

 

m2gh23·inicio

 

 

algunas formas de hastío
por Kiko Mora

 

Una sirena varada en la barra de un club de Memphis
La oración de un predicador alcohólico en Bourbon Street
La sonrisa dorada y lasciva de un coyote en Tijuana
La mirada de Marlene como una pecera en un restaurante oriental
       de Chicago
Los guantes de Sammy Poe colgados en un gimnasio de Detroit
El café somnoliento de un chapero de la 52 en New York
La voz de Tom Waits quebrada por el asco en L.A.
Un libro de Henry Miller olvidado en el asiento trasero de un autobús
       camino de Amarillo
El beso caimán de una modelo de cuarta fila en un motel de Pasadena
El caballo del dolor por el que siempre apostó Bukowski
       en un hipódromo de Santa Mónica
Un centavo nuevo y abandonado como el pezón de una puta
       adolescente en Des Moines
El susurro grasiento de un ventilador en una comisaría de Brownsville
Una tienda de paraguas en el aeropuerto de Houston
Abril herido de muerte en la baraja de un croupier de Atlantic City
El perro del olvido aullando su canción en cualquier parte




Kiko Mora (Alicante, 1967), Doctor en Humanidades por la Universidad Estatal de
Ohio (Columbus, OH). Profesor de semiótica de la publicidad en la Universidad de
Alicante. Ha publicado poemas sueltos en Cuadernos del matemático, Muy Frágil y
Reloj de arena. Ha escrito dos libros de poesía que no encuentran editor (Música de
ventilador y El dolor es un caballo desbocado
). Ha publicado un libro sobre la
vanguardia mejicana titulado El ruido de las nueces (1999).

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m2gh23·fin

 

m2gh24·inicio

 

 

acuario
por
Cástulo Aceves Orozco

 

El agua imprescindible
para lavarnos las pupilas
o para volver
al tiempo
en que éramos peces,
    soñar burbujas.




Cástulo Aceves Orozco (Guaddalajara, México, 1980), Estudiante de Ingeniería en Sistemas Computacionales en el ITESO.Ha publicado poesía en el diario "El Occidental", el colectivo"Mar nuestro de Cada día" publicado en Tijuana, la revista"El Pregón de los Gambusinos" y
"La Raíz de la Voz".

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m2gh35·fin

 

m2gh36·inicio

 

ciudad
por Nestor Ventaja


   


La ciudad, campo
santo, blanco, inmaculado,
inoculado de canas, alfileres y mercados;
esqueleto construido con deshechos,
pompas y oropel a flor de tierra
  gusanos
                       en el fondo de la hamaca
largas siestas
        de estos y aquellos
                                              savia
       al antojo derramada.



En las barrancas del Bajo
en las villas escondidas
                                                                 por pudor

toda vez que el pueblo
Ay!..., el pueblo!
¿Puede ser dicho el pueblo en los dos mil?

arma en la baraja
         un juego decente,
la historia
                                       la encuentra
?        ciudad, paraje, pampa, pajonal -
virgen al día
        anterior al nacimiento,   cuerpo
                           tan joven  asusta
soñar    empiece a hablar
                                                           después del sexo.


Cualquier verdad      (la verdad, otro fantasma)
en las calles
arbitraria
    en tanto trascendente,
                                 huye al laberinto
    de un futuro
                                  anterior
                                                       al hormiguero y la colmena
el río arrebataba por el bajo,
desedificados los dockes y en el centro
unos chatos arroyos
                             amasados
cascotes de mezclas indigentes.
Riachuelo empetrolado,
turbio sopor de entrañas marginales,
unitaria avenida
        del manco Paz
                                       país
                             de moles huecas
con vocación identitaria,
                adictos espectadores
formateados a décadas
     de bastones abanicados y circo.


Microcosmos adúltero,
       geografía hipertensa,
              millones
                                      anónimos,
brazos prescindibles,
sin rostro
                           interior.


Pulso de un espacio
        al borde del vacío
con todos los ídolos
                                         caídos
con todos los nombres por nacer.


Una ciudad,
      cualquiera,
                                    pero ésta.

De Islario Sudeste

 

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m2gh36·fin

 

 

m2gh34·inicio

 

declaración teórica
por Aralia López González


a César Vallejo



(a)


Llega el día,
            otra vez a ponerme el alma,
dar la clase,
decir mentira,
significar al caracol
con alguna declaración teórica,
defenderme.

Llega la tarde,
            está sucia el alma
            con tantas palabras importantes,
pero no puedo detenerme ni lavarlas.
Horas de pasaporte y deudas,
                        pagar el aire
mientras se van reuniendo las visitas
y la noche.

Llego a casa,
            me quito el alma:
            la lavo,
            la visto con su camisa de lino.
Curioseo un rato.
Detenerme.
Reconocer los pensamientos en la piel,
las miradas que se hospedan en la luna,
los susurros de las generaciones del espejo:
baúl de imágenes donde yo también
con tantos padres y hermanos
me canto y me lloro,
sonrío y los invito a la mesa.





(b)


Sentir,
les digo,
es detenerse en el postre de la abuela:
polvo de arroz,
almendras serenadas,
sólo unas gotas de eucalipto.

        Huele de noche, la noche.

Y al recordar el día de mi muerte
me pongo el alma.
                Sueño.






Aralia López González (La Habana, Cuba). Poeta, narradora, ensayista y profesora. Es investigadora de la narrativa latinoamericana, especialmente de la femenina. Ha publicado las novelas poéticas Novela para una carta (1975); Sembrar las voces (1987), y el libro de poemas El agua en estas telas (1997). Actualmente se desempeña como profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana.

 

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m2gh35·fin

 

m2gh34·inicio

 

candorosas putas de mi patria
por Félix Luis Viera





Candorosas putas de mi patria
lejos, desde esta gigantesca ciudad yo las saludo
yo las amo en la distancia
muchachas que soñaron como yo una vez con el porvenir del oro
equitativamente repartido
Putas mías
putas filólogas ingenieras médicas economistas lánguidas
licenciadas
que se han vendido a un italiano gordo dueño de un taller de mecánica
a un gastronómico sueco
a un trailero mexicano
a un canadiense que corta el césped de los jardines ajenos
a un español especialista en longanizas
a un portugués ratero
yo las quiero putas mías
yo las quiero y les canto y soy vuestro defensor
muchachas
adolescentes
cuyos padres les dijimos que el hambre jamás entraría en vuestro reino
pues era
asunto de otras latitudes
cuyos padres les aseguramos
que aquellos que hoy las poseen por cuatro dólares
eran miserables sin valor para construir un porvenir ausente del oprobio
cuyos padres les aseguramos
que cantaríamos a las cinco de la tarde
cada día
en las colinas que levantábamos donde habríamos de cultivar flautas y
guitarras
Putas de la patria mía
muchachas adolescentes licenciadas en proyectos perdidos
yo las quiero
y las convoco a seguir amando cuando llegue el momento.



Félix Luis Viera
(Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC*, 1976), Prefiero los que cantan (1988), Cada día muero 24 horas (1990), Y me han dolido los cuchillos (1991) y Poemas de amor y de olvido (1994); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983) y Precio del amor (1990); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988), Serás comunista, pero te quiero (1995) y la noveleta Inglaterra Hernández (Universidad Veracruzana, 1997). Algunos de sus textos han sido traducidos a diferentes idiomas y forman parte de diversas antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. Desde 1995 radica en México.

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