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Página Personal de Antonio Polo
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Lumbreras en
el Metro

 

(Publicado en el diario "El País" el 15 de agosto de 2000)

Madrid 12 de agosto de 2000


Hace unos días pasó por Madrid un amigo mexicano que me  preguntó con interés si el transporte público en esta ciudad era de calidad. Yo no dudé ni por un instante la respuesta, es más incluso me extendí orgullosamente aportando algunos detalles destacables como la limpieza y la seguridad. Aunque mi amigo pareció quedar convencido con la respuesta, de nuevo volvió a la carga. Entonces preguntó con sorna si aquí la gente llenaba los transportes públicos hasta rebosarlos, si los viajeros se descolgaban de las ventanas de los autobuses, o si ocupaban los espacios entre los vagones del Metro y subían al techo de los autocares como era habitual en otros países subdesarrollados. Yo volví a responderle que eso dejó de suceder en España hace muchos años, que ahora todo ha cambiando y que al estudio y aplicación de la frecuencia de paso de los transportes públicos ya se ocupan "las lumbreras" con las mismas herramientas que en su tiempo ensalzara el mismísimo Friedman y su Escuela de Chicago.

Pero he aquí que esa conversación la mantuvimos mi amigo y yo en julio, e inocente de mí -con la guardia bajada tras las vacaciones- tomé el Metro ya entrado el mes de agosto. Lunes. Tres de la tarde. 42 grados en el exterior. Una marea humana que sale del vagón y otro huracán que entra; una chica estupenda que junto a mí sube en Av. de América se pierde y no encuentro su rastro hasta pasado Alfonso XIII, y mientras tanto, un tipo bajito con bigote insiste en hacer valer su espacio vital clavándome el codo en el costado durante cinco estaciones. Y entonces recuerdo en qué mes estamos y que para estas fechas alguna "lumbrera" ha decidido disminuir la frecuencia de paso de los trenes con el fin de que los viajeros del Metro estrechemos relaciones y superemos por fin ese atávico "temor a ser tocados" del que tanto nos hablara Elías Canetti en su inefable ensayo "Masa y poder". Pero a mí que me quedaban todavía cinco estaciones para salir, que la espléndida chica de Av. de América se esfumó sin que pudiera evitarlo, y que aquel tipo bajito, -sospechosamente tan parecido a Mario Bross- casi me rompe dos costillas; a mí -insisto- me ha venido a la memoria la conversación mantenida con mi amigo mexicano, me han venido también "las lumbreras" con sus recortes, por eso el único acto de rebeldía que me pude permitir en aquellas circunstancias fue el de dejar caer mi portátil sobre el pie de aquel inocente tipo al grito de ¡Viva Zapata! ¿Se hacen cargo, verdad?.


© Antonio Polo
    Madrid-2000

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