catorce invierno

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VOLVER DE LEZAMA LIMA

 




Decía que el infierno está vacío.
Decía que un traje es en sí una substancia.
Decía haber hablado con su Muerte, y que cada uno sabía lo que tenía
     que hacer.
Decía que la misma pequeñez de la luz adivina los más lejanos rostros.
Decía retroceder hasta el borde de la piedra, donde termina con ojos prestados
     y solares.
Decía que los abalorios regalados le fortalecían en su propia miseria.
Decía que una reunión de alegría familiar no estaría resuelta si la Muerte no
    comenzase a querer abrir las ventanas.
Decía que los halcones blancos se reproducen mirándose sin volver los ojos
    hacia atrás.
Decía que el correo se solaza en el olvido de las direcciones.

(¿Qué haremos, ahora que muere, con las ventanas, con los caracoles de la santera, con los sombreros de hongo?
¿Qué haremos con los cigarros, con los quince años, con los nombres mal escritos, con su costumbre de escandir la marea?
¿Qué haremos ahora que rasga su mosquitero con un filo de pedernal, que contempla en el incendio un solo grano de granada, que lo come?
¿Qué haremos de aquí en adelante, si no nos enseñó cómo volver de Lezama Lima?)

 

© fotografías de Belén San Emeterio (La Habana, Cuba. 2001)
© poema de Álvaro Muñoz Robledano (2001)

 

 

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