Ni Bosch, ni Bosco
por Jesús Urceloy
Entre ustedes será todo lo famoso que quieran pero a ese maricón le tuvimos que fabricar una historia, meterle en una familia, documentarle en unos cuantos libritos y por supuesto, hacerle desaparecer. Sí, no me mire así, lo que oye. Y darle un nombre, claro. Si supiese usted cuál es el original…
A mí, la verdad es que me caía simpático. Era un voceras que se tiraba todo el tiempo o sobando o bebiendo, cuando no metiéndole mano a cualquier cosa que tuviese dos piernas. ¿Ha visto usted los retratos? Efectivamente. Esa cara es producto de la depravación, del vicio, y de las hostias que le fuimos propinando entre todos. La verdad es que no sé cómo le aguantamos tanto tiempo.
Y eso que me caía simpático. Quizá porque era original. La gente es muy de rebaño, ya sabe, de cosas fijas. Y no seré yo quien diga algo en contra de cierta disciplina, de un ordenamiento, de un esquema que nos permita no abandonarnos a la molicie ni a la desesperación. Que los viajes estos son largos y hay que motivarse. Y quizá por eso mismo le aguantaba.
Ya me lo habían dicho en muchos puertos, Que era un gilipollas, un gilipollas y un gilipollas. Todos, guardias, porteros, comisarios, putas, incluso la directora del penal. Sin embargo cuando le pregunté a Adoy, el viejo sabio del monasterio –no salía de puerto sin antes despedirme de mi viejo profesor- me dio que pensar. Que era un tipo ocurrente. Eso dijo: ocurrente. Y añadió: “No sabe hacer nada, pero tiene ideas, os dará buena suerte, ya verás”.
Así pues, después de hablar con mi maestro, salí a buscarle. Le encontré en una de las tabernas del interior, le conté más o menos los planes, le ofrecí independencia y bastante libertad y el tío se enroló sin mirar la paga. Ahí me engaño como a un merluzo, me salió el alma usurera y la cagué.
Hay que reconocer que desde el mismo momento de la partida nada nos salió mal. Tuvimos buen viaje, comerciamos decentemente, nos trataron con cierto respeto, lo que ya es mucho decir en este tiempo atolondrado que vivimos. Y si el responsable psicológico era él, pues bien. Eso, por mi parte, le mantuvo con vida.
Por lo demás, un inútil. Siempre que había algo que hacer, por tonto que fuera, apretar un tornillo, barrer el suelo, nunca le encontrabas. No sé dónde se escondía, y mira que el navío no es grande. Sin embargo a la hora de comer, el primerito, antes incluso de la primera llamada. Ahí estaba. Gritando, haciendo chistes, vomitando en el suelo. Y todo el puto día haciendo dibujitos. Unos monos raros, gentes con caras extrañas, a pegote, que casi no le cabían en la servilleta, y en pelotas, y haciéndose putadas unos a otros, no sé, me daban asco. Y no le quiero contar lo que usaba para darles color, no pregunte. ¡Que no pregunte le he dicho!
Déjeme respirar. Respirar. Sólo respirar. Bien, ya sigo. Camino del último puerto, mientras navegábamos en contra del Sol, a alguien se le ocurrió que habría que pintar el casco, que ya estaba un poco sucio y bueno, el tipo se presentó voluntario y le dejamos hacer. Es verdad que estábamos cansados y para una vez que el imbécil hacía algo no pensamos más que en tomarnos un tiempo de holganza. Así que el tipo se puso el mono, se colgó un montón de pintura, agarró unas brochas y se largó por la escotilla de babor.
Gente con cara de culo, gente saltando, gente con la boca deformada, casas incendiándose, monstruos horripilantes con dos, tres, cinco extremidades, hembras gritonas, sexo a bocajarro, borrachos, yeguas y toros, rostros desencajados, mierda, putrefacción, atiborramiento, salvajadas… no puedo seguir. Aún de pensarlo me mareo. ¡Qué asco! ¡Qué!-¡As!-¡Co!
¡Ni Bosch, ni Bosco, ni nada! Mire usted, como deferencia personal yo mismo le fabriqué una historia, me tuve que dejar una pasta para que nuestro delegado comercial le admitiese en su casa, y prometerle, ja, ja, ja, ja, sí, prometerle, ja, ja, ja, ja, ja, que le recogeríamos a la vuelta de Alfa-Centauri.
Y ahora déjeme en paz, yo no tengo la culpa de la poca longevidad de su raza, búsquenle por ahí. ¡Pues no hay pocos pintamonas en su planeta!