Presentación
por Álvaro Muñoz Robledano
La forma es anterior al material. Éste sólo puede desarrollarse, organizarse, si atiende al tiempo que va a ocupar y al espacio en el que va a transcurrir.

Ocurre en la naturaleza y en esa olvidadiza parcela de la naturaleza que es el arte. Un pliegue en el papel o un morfema en la palabra aportan más a la definición que el trazo o el lexema; el relato está en la cuadrícula escogida o en la justificación del margen.

La forma antecede al sentido, pero no lo guarda. Cualquier manifestación artística puede conjeturarse como forma contra tiempo.

Más tarde habrá que echar mano del lápiz, del teclado o de la cámara.

Más tarde aún, quizás pueda alguien preguntar por el contenido de lo escrito, dibujado o filmado.

La única respuesta posible es la negación.

No se dibuja una falda a partir de una viruta, sino que se estrella contra la hoja un vuelo recogido al caer del sacapuntas.

Nadie inventa el mar con limaduras de grafito, sino que despierta, sin quererlo, las mareas plegadas en la mina.

El poeta, a pesar de la etimología, no hace: mira.

Pero hasta que haya ocupado el tiempo y haya transcurrido en el espacio con una forma, no sabrá que estaba mirando.

Ni que su mirada informe es, ni más ni menos, la forma, la materia.

El trazo.

El lexema.
Su inidentidad.
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