índice del número

 

 

P a b l o (Homenaje)
por
Ulises Varsovia

 

Pablo

 

Pablo las iniciales dormidas

de todos los idiomas terrestres

abriendo sus torrenciales labios,

Pablo la imbricación de sílabas

castalienses saliendo del agua,

desprendiéndose del firmamento.

 

Pablo las lenguas elementales,

Pablo la rememoración del habla

arrancada de su undívago sueño,

dispersa, sepulta, discontinua

en el musgo, en la piedra, en el viento,

en la raíz de la húmeda espesura.

 

Pablo artífice y sacerdote,

Pablo primordial alfarero

del barro de palpitantes lenguas,

Pablo sacudir las cráteras,

verter las ánforas de arcilla,

y oir su rumor de fuego arcaico,

escuchar su muchedumbre de alas

derramarse en idiomas primordiales,

cantar en las lenguas de la tierra.

 

Pablo supremo arquitecto del habla

superponiendo su voz profética,

elevando de agua, polvo y pedernales

su bastión, su sólida morada.

 

Pablo regresar al firmamento,

Pablo hilar los números del cosmos,

y reproducir su música eterna,

arrancarle al sumo misterio astral

su armonía prístina tintineante,

la primera luz hecha canto.

 

 

Hermano mayor

 

De todas las estirpes pétreas,

de todos los rasgos silvestres

a tu intemperie oceánica

y andina arrancadas, patria,

 

de todo tu caudal de rostros

de abrupto perfil deshojados

al árbol patrimonial, al árbol

de razas rústicas en tu penacho

multicolor abrigados, Chile,

 

¿qué rasgos elegir, qué facciones

asumir de tu amplio follaje,

con qué faz acudir a tu mesa,

y sentarme con mis hermanos

a compartir el pan y el canto?

 

¿Qué perfil, Pablo, tu perfil pétreo,

qué estatura tu altura de árbol

y vestisquero, y garganta andina,

qué pies tus pies de guanaco austral,

qué color tus ojos de mineral

carboníferos de Lota y Lebu,

tu piel de cobre Chuqui, tu pelo

de hebras salvajes de Nahuelbuta?

 

¿Con qué apostura, Chile, venir

a tu mesa y tomar la palabra,

con qué dedos rasguear tus guitarras

y arrancarles harina cereal,

harina oceánica, harina chilota,

harina altiplánica, harina

fueguina, harina de alta mar?

 

De todas tus estirpes pétreas,

de todas tus rústicas familias

fundidas en tu mineral crisol,

Pablo el perfil, Pablo el semblante,

Pablo la frente cordillerana,

Pablo nuestro hermano mayor.

 

 

Nosotros contigo

 

En donde esté tu tumba, Pablo,

en donde tus huesos mortales

transcurran, lentos, hacia el polvo,

y tu voz ya no nos susurre

su quejumbrosa poesía,

muda ella en tus labios dormidos,

 

en donde, Pablo, tu domicilio

final, tu callada guarida

rodeada de duro silencio,

rodeada de sólida mudez,

y llena de iracundas voces,

llena, Pablo, de airados gritos,

defendida por nuestras gargantas…

 

En donde tu tumba, camarada,

en donde tu lecho horizontal

bajo tu inmóvil efigie,

y tus huesos en lento transcurso

hacia la lenta inmortalidad,

 

allí también nosotros, Pablo,

allí tu gente inconmovible,

allí tu pueblo de roble pellín.

 

En donde tus labios sellados,

en donde tu voz mudecida,

en donde tu alfabeto herido,

 

allí nuestros rotundos labios,

allí nuetras fieras gargantas,

allí nuestra voz combativa.

 

Allí tu familia de arcilla,

allí tus tribus oceánicas,

allí tu pueblo de granito.

 

 

En tu natalicio

 

¿Qué tal una sopa de machas,

Pablo, en Caleta El Membrillo,

o machas a la parmesana

en el Bote Salvavidas,

frente a la poza del Muelle Prat?

 

¿O un causeo de mariscos

en Angelmó, en el perfume

de todos los frutos marinos,

de toda su panoplia mineral?

 

¿O tal vez cojinoa al horno

en algún boliche ariqueño,

en los límites de la mar?

 

Una paila marina, Pablo,

en San Antonio, una paila

de especímenes oceánicos

recién arrancados del agua,

fresco aún su sabor a sal.

 

O un curanto de Dalcahue,

un banquete de moluscos

cocinados bajo tierra,

al calor de las piedras calientes.

 

O mejor un caldillo de congrio

en Tongoy, o en Pichidangui,

o centollas de las Huaitecas

en Quellón, o en Puerto Cisnes,

o pulpo a la chillaneja

en Constitución, o en Penco.

 

Los frutos del océano, Pablo,

los cereales marinos

de nuestro mar longitudinal,

en cualquier lugar de Chile,

al calor de un vaso de vino,

hoy, Pablo, en tu natalicio.

 

 

El fantasma de Isla Negra

 

En Isla Negra el mar,

su embate de espuma rizada,

su reclamo en olas, su gritos,

su vaho salobre arrojado

contra un puñado de casas calladas,

silenciosas como muertas.

 

Nadie por las calles solas,

por las calles que el mar fragoroso

llena de húmedos ruidos,

sepulta con su peso insostenible,

hace retumbar con su estallido.

 

Pueblo litoral, mágico poblado

donde tus náufragos, Chile,

tus hijos ciegos en el exilio,

donde los sueños de tus poetas

desvarían tactando el vacío,

como sonámbulos de otro mundo.

 

¿De dónde viene la voz,

de dónde la lluvia del sur

que canta aquí su quejumbre,

su atroz poesía de sueños muertos?

 

No sólo el mar sus sonidos,

no sólo el trueno quebrado

de sus olas desbordadas:

¿de dónde la voz, madre,

delgada patria, de dónde

la lluvia austral, su gorjeo,

su reclamo gutural insistiendo?

 

No mientan las calles solas,

no mienta el mar con sus ruidos,

                no mientan las casas dormidas:

una voz espesa canta,

una voz de violas rotas,

la lluvia del sur aquí anclada.

 

de Tus náufragos, Chile

 

 

Pablo

 

Todas las vidas tu vida,

todas tus vidas la vida,

tu vida voraginal, Pablo,

tu vida de incendio enorme

desplegando sus existencias

centrifugal, centripetal,

arrasándose y volviendo

a erigirse de sus cenizas.

 

La llamarada de la poesía,

el relámpago multiplicado

                en letra sacramental y sonidos

desgarrando su túnica nerval,

húmeda para siempre

de lluvias perpetuas enraizadas.

 

Por la delgada línea terrestre

tu iridiscencia de apiñadas aves

tremolando su abigarrada

multitud de ávidos gorjeos.

 

Sobrehumano estremecimiento

de iracunda geografía,

de despiadadas placas terrestres

sacando de quicio al planeta,

conmoviendo extensión y altura.

 

Del Sur vienen las letras de la selva,

del Sur su lenta estampida,

y en la depresión central la lluvia

austral instauró su monarquía

de guturales sílabas goteando.

 

¿Y ahora, Pablo, ahora, camarada,

hermano de luz fulgurante

quemada, quemándose aún,

arrasada y arrasando,

sacudiendo de letras la geografía?

 

Ahora tus vidas dispersas,

ahora todas tus vidas

en mí, en la página, en el pupitre,

en el viento, en la ola tránsfuga,

en la lluvia y su desnudez disuelta,

en el temblor de la claridad nocturna,

en todas las lenguas de la hojarasca.

 

de El Transeúnte de Barcelona

 

 

 

A todos vosotros

H o m e n a j e  a  P a b l o  N e r u d a

 

60ariadna