Esa muñeca a la que diste cuerda
por Mari Carmen Moreno

                          

Es inútil que corras
que mitigues tu sed en su regazo,
que le soples mentiras.

Es inútil que persigas
sus ojos de bambú,
en una jalea de tristeza.

Es inútil esa burbuja
que protege la entrada.
Él  sabe   muy bien
cómo seguir adelante.

 

Muchacha  débil
desapareces
tras  cuerpos
cuneiformes
que se  contonean
 y te  solapan
en tablillas de barro
prestas a desaparecer.
El jugo del limón contonea
tu cuerpo
mientras un caracol se pasea por el escenario
sin pronunciar tu nombre.

 

La despedida

Todo ha dejado de tener sentido en el elixir del olvido.

Ya no me veo ser ni existir. Buceé tanto, que si tú me conocieses en ese instante cruel llorarías, como lloré yo, en el cuenco del pasado. La morada de mis sueños está asida grácilmente a ti, aunque quisiera marcharse demasiado deprisa, sin siquiera una súplica.

He sentido tu impotencia al traspasar esa terrible inseguridad que desama mis sentidos.

He renunciado a todo mi sentimiento marchándome  sin miedo y en ese instante se ha crucificado todo mi tedio.

Sé que bajaré a los infiernos de gelatina  donde tantos han caído y allí se apagará mi inmensa inocencia para volver a nacer.

Sé que te besaré por última vez antes del naufragio. Allí, cuando  nadie me vea, cobijaré mi anónimo rostro, impávido en el fluido de otros rostros que se desahogan de la asfixiante soledad de un amor de hielo.

Allí me desintoxicaré de mi triste congoja, esa que habitaba en mí cuando tu ira apagaba mis yagas, porque no amabas ni siquiera la faz de mi inocencia mientras desabrochabas tu silueta en la mía. Pero era un durísimo simulacro de mí,  nunca conocerás ni sabrás de mi tintura.

Tú que desperdiciaste mi risa, tú que sofocaste mis pies y te anclaste para desgarrarme. Todo lo tuyo es un aullido fiero que traspira a mordiscos. El viento era rocío cuando callabas y el sueño tuyo un bálsamo que me embriagaba al saberme sola al fin para llorar inútilmente.

Cuando he huido he descubierto tu alma auténtica. Tú te creías dichoso de tu posesión, apuntillando ¡mía! ¡mía!, pero no lo fui ni lo seré nunca.

Sólo el carbón de mi cuerpo bajo el declive de tus ojos inocuos en el pavor de mis ojos.

Cuánto fuego consumido para  tu pérdida. Lo que palpabas de mí era un espejo deformado que no te amaba.

La casa se ha llenado de luz chispeante. Todo lo hiende mi propia soledad que se ha librado al fin de ti, queridísimo amor, ya no podrás zaherirme ni clavarme a tu nausea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Mari Carmen Moreno. Nací en Torrente (Valencia) en 1968. Licenciada en Hispánicas por la Universidad de Valencia, llevo algunos años dando clases de Lengua Castellana y Literatura, lo que compagino con su labor como Investigadora y escritora. He colaborado con algunas revistas electrónicas como Luke, donde publiqué artículos y reseñas literarias y en Ariadna ( nº 9) También he participado en la revista Atenea  del Ayuntamiento de Torrente, y en programas de cine para adolescentes  realizados por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de  Torrevieja.  Como profesora he realizado algunos trabajos, como la creación de Pruebas de evaluación y actividades de refuerzo en Valenciano para diversas editoriales. Algunos de estos materiales se pueden encontrar en mi propio blog:

http://elarlequindehielo.obolog.com/

http://porelsenderodelacreatividad.obolog.com/

 

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