El sueño de Dakhla (Poemas de Umar Abass)
por Manuel Moya

 

A MI AMIGO SCHILAB

 

Como todos los días, el viejo Schilab´

cuelga sobre el muro la jaula de perdices

y nada le importa que desde hace tantos años,

cuando aquellos días de furia que lo quemaron todo,

murieran sus perdices,

pues él las sigue escuchando

y no admite que nadie le hable de su ausencia.

El día para él transcurre al lado de su jaula,

trajinando con las hebras del tamat

que en sus manos diestras más bien parecen

hilos de seda. Nada inmuta

al viejo Shilab´, que sigue obnubilado

el parlar de unas perdices que se pasan el día

refiriendo historias de los lejanos países

que vuelan en la noche.

 

A veces llegan mercaderes

que se llevan las ásperas harinas del molino,

los frutos de las huertas y, con un poco de suerte,

las cestas de mi amigo Shilab´,

que él mismo cuelga bajo el clavo

donde pende todavía la jaula perdicera.

Él de eso vive. De eso y de escuchar

durante horas a sus pájaros,

aguardando que llegue la noche

y que al descolgar la jaula,

descubra con alivio que han volado.

 

 

AL VIEJO FIRDAUSI

 

Eres a la vez estancia y refugio
Y Â LAL AL DIN RUMI

 

No pregunta.

                      Cuando cansados

llegamos a su puerta, en silencio nos acoge.

De qui é n huyamos

ni qu é infortunio nos traiga ante su casa,

no le importa,

y aunque todo en nosotros le desvela,

callado permanece. Sabe

del desierto y de las rutas estivales,

mas descree de los hombres y sus f á bulas.

Nunca pregunta. Con timidez

se ñ ala hacia las dunas,

en ellas, dice, se halla la respuesta,

pero las dunas, que lo han visto todo,

que todo lo arrastran, que todo lo devoran,

son presas f á ciles del viento.

 

 

LA CASA PROPIA

 

El cielo es un dragón que sobre sí mismo duerme
CHAMI

 

Alguna vez al hombre (pero no a todos los hombres)

le llega la esperanza de una casa propia.

All í , piensa, podr é tender mi ropa,

ver c ó mo pasa el invierno en la tarde que avanza.

Imaginar las sombras, la quietud de la tarde,

el lento desgastarse de la luz entre unos labios.

Unas botas sin nadie, un perro que duerme,

el hombre que escucha desde lejos su nombre de tinieblas,

oh, sue ñ o de Dakhla, con p á jaros dormidos y una torre.

Alguna vez el hombre (pero no todos los hombres)

siente esa verdad, ese escalofr í o,

como el camello que sobre s í mismo duerme

y entonces elige, sin querer elige, entre el s í y el no,

entre ser humo o ser piedra.

 

 

LO VAC Í O

 

Porque lo vac í o est á en todo.

En el fuego y en el mar, en la nube

y en el ni ñ o que llora sucio a ú n de su placenta.

Recorre los cuerpos y se ba ñ a

all á donde la piel limita con la piel.

En la noche crece como un dolor antiguo.

Lo asusta el tigre en el basti ó n del sue ñ o.

Es una rosa, el chico que mira las palmeras

con el norte nubl á ndole los ojos,

es la escama de un pez luna,

el sitio que dejas en los sue ñ os

y el que muestras aliviado ante el azogue.

No importa que juegues con cartas imantadas

o te muestre el oro inmaculado del crep ú sculo,

o un temblor de puro alfanje pula las puertas de tu casa.

Aqu í lo tienes, puntual como la rosa en primavera

o el sol ante el shuluq (1).

 

(1) N. A. - Viento del desierto.

 

MI CASA

 

En mi casa espero la vuelta del sol, el viento

que hinche las s á banas,

las bruscas nubes de la primavera.

Me entrega la casa su seco mendrugo y la inquietud

de quien en ella ha visto anochecer

en una cadencia que no es nueva.

Ajena a la memoria, me tiende sus paredes (¿porque en ella

est á lo que yo busco, lo que en vano busqu é

en remotas aduanas? No lo s é .).

Yo la oigo, como se oye al ni ñ o que llora en la memoria,

como se oye un r í o bajo la densa arena.

Y digo “mi casa”, pero debiera decir que soy suyo,

la parte de mi casa que baja a por tabaco, a por naranjas

la parte que ma ñ ana, ma ñ ana mismo,

se sube a un avi ó n y ya no vuelve.

Yo hice esta casa. Ella me ha hecho. No estamos en paz.

 

 

 

LA NOCHE DE ADINE (TINDOUF)

 

I

 

Que sea la luz lo que te nutra,

               y llueva,

llueva entre la luz hasta anegarlo todo.

 

En tu pecho vibren las palomas,

al aire abras tu mano y a é l vengan los cielos

violetas que so ñ aste, el abatido tigre,

el fuego con su voz y sus pavesas,

el latido azul, la noche transparente,

su dios rendido y la palabra exacta.

 

 

 

II

 

Nada sabe Adine del sol sobre los bosques,

y a veces sue ñ a con p á jaros azules

que, dormidos, se posan en la nieve.

Nada sabe Adine sobre la p ó lvora,

del hombre en cuyo dedo

descansa el florecer de los jardines y la noche.

Nada sabe Adine del tigre que escupe carbonilla

en el despavorido arroyo de sus pechos.

 

Nada sabe Adine y ha pintado en la palma de su mano

una alada y temblorosa barquichuela.

 

 

 

Umar Abass nació en Ad Dakhla (Sahara Occidental) en 1942. En 1960 se traslada a París, ciudad en la que permanecerá diez años. A mediados de 1970 se incorpora al Frente Polisario y es detenido en su ciudad natal por las fuerzas coloniales españolas. Tras un corto periodo carcelario es expulsado del país, y se instala en Damasco, ciudad que abandona en 1975 para incorporarse como combatiente a la lucha de su pueblo. En 1976 participó en la proclamación de Bir Lehlú y tres años más tarde fue herido en combate. Desde 1987 reside entre Madrid, Tindouf y Kirsehir, ligado a organizaciones humanitarias pro-saharauis e impartiendo clases universitarias. Ha publicado el libro de viajes: Por el camino de Luhr (Ed. Izmir, 1996), fruto de su viaje a pie por la región norte de Irán y traducido a poetas sufíes como Rumi, Sadi y Feridu-d-Din a nuestro idioma. Su poesía (siempre en soporte castellano) escrita entre 1977 y 1998 fue recogida por ĹHarmattan (París, 1999), bajo el título de Tregua / Trêve. El sueño de Dakhla, acoge su poesía en castellano desde 1999 hasta 2005.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Manuel Moya. [… de “El Libro de Ahab”] Escritor, traductor y crítico literario, nació en Fuenteheridos ( Huelva ) en 1960 . Se define como un viajero incansable que en la actualidad reside en su pueblo natal y desde donde dinamiza la vida cultural de la comarca serrana, llevando adelante proyectos como la Asociación Literaria Huebra o la revista electrónica de literatura: Hwebra .
Obra poética: Tardes extranjeras . (Huelva : Diputación Provincial, 1993); Memoria del desierto : La noche extranjera. (Torredonjimeno, 1994, 2º ed. Dip. Almería, 1998); Las horas expropiadas . (Talavera de la Reina, 1995); Las islas sumergidas . (Béjar : Sornabique, 1997); Salario . (Rute : Ánfora Nova, 1998). Premio "Mariano Roldan"; Habitación con islas: (antología, 1984-1998) . (Huelva : La Voz de Huelva, 1999) (Reeditado en el 2005 por la Consejería de Educación y Cultura de Castilla y León); Lección de Sombras . (Sevilla : Renacimiento, 2001); Pese al combate . (Las Palmas : Ayuntamiento, 2001). Premio de poesía "Ciudad de Las Palmas"; Taller de máscaras . (Soria : Diputación Provincial, 2002); Años de servicio : antología 1978-2005 . (Aracena : Asociación Literaria Huebra, 2006); Interior con islas . (Valencia : Pre-Textos, 2006); Jerruje . (Málaga : Rafael Inglada, 2006)

Bajo el pseudónimo de Violeta C. Rangel también son suyos los libros: La posesión del humo . (Madrid : Hiperión, 1997); Para nada , edición bilingüe castellano/portugués, traducción de Augusto Oliveira Mendes, (Ayamonte, Huelva : Asociación Cultural Crecida, 1999); Four roses. (Granada : Cuadernos del Vigía, 2002); Cosecha roja . (Tenerife : Baile del sol, 2007)

Obra en prosa: Regreso al tigre . (Sevilla : Ediciones AR, 2000), compuesto por piezas generalmente muy breves e intensas, constituye su primer volumen de relatos; La Mano en el Fuego . (Palma de Mallorca : Calima, 2006) ; La sombra del caimán y otros cuentos . (Huelva : Onuba, 2006)

 

 

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