Tres poemas
por Chema Barredo
Minuto extra
Nunca será tarde del todo
para el viejo proyecto inacabado,
sabremos encontrar la última hora
en el rincón final del día,
la magia del imprevisto minuto,
los sesenta segundos de otro tiempo
que alguien concede sin cobrarlos.
Un rayo más de sol, el pie en el estribo
del vagón para soñar el viaje
que nunca iniciaremos, la calle que va
a ninguna parte, pero por la que siempre
quisimos caminar, loco capricho
en un minuto interminable.
Respirar por respirar, bendito aire.
Sólo un minuto, feliz, inesperado.
Nunca será del todo tarde
para explorar el ángulo secreto
que oculta el desorden de la vida.
Nombres
No sé de quién se trata,
viejas fotos que habitan la pared
y la pregunta sobre un nombre,
que no me dice nada,
no descorre ningún velo, ignoro todo
de sus vidas, fantasmas sumergidos
en un sueño que ya nadie lo sueña.
Las fotos suspendidas sobre un mueble,
vaga memoria de familia,
marcos ovalados en un muro,
o en la sombra del pasillo
donde apenas se les ve, figuras
que no aparentan ser distintas
a cualquiera de nosotros
y están allí, en grupo, o por parejas,
de pie o sentados, satisfechos
y sus rostros son el eco, la historia de unos años
que ya es niebla en el recuerdo,
apenas siluetas, nombres de los antepasados
que no reconocemos y sin embargo
hay vida en esas caras,
en ese jardín que les acoge, el espacio
donde se aposentan, en el falso decorado
en que sonríen, ufanos, tal vez aguardan
que recordemos sus precisos nombres,
o acechan contra el tiempo
y hasta puede que hablen entre ellos.
Quizás es que sólo esperan, pacientes,
con la certeza del que sabe
que el tiempo no dura casi nada,
confían que la decrepitud
culmine su trabajo y el velo
que ha de ceñirse, lo saben,
se cierre sobre cada uno de nosotros.
Vorágine
La vorágine absurda de la calle,
el estruendo de una moto que no cede
su soberbia y el eco inapelable
de voces que taladran las ventanas.
También un grito que es ladrido
en la mañana rota por el dique
que desborda, que arroja un tráfico
implacable, sin horas que lo frenen,
o el vaivén de una masa irregular,
sombras que se mecen en el brazo
de un compás, siempre dibujo inacabado
cuando la brújula perfila un solo rumbo,
que gira, espiral de la vorágine.
Todos ellos roedores del silencio.
El mundo se desplaza y no lo hará
sin ti, sin ninguno de nosotros,
los émbolos, pistones, las bujías
que alientan el motor de cuatro tiempos,
rueda sin fin, circunferencia de furor,
interminable laberinto
donde labra la vorágine absurda de la calle.
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© José María Barredo Viudes, (Madrid) ha publicado poemas en las revistas “Poética digital” “Almiar” “Arrebato. Libros “ Es autor de las colecciones de relatos “Varios asuntos y alguna ocasión para el portento” (Edit.Virtualibro) y “El rito cotidiano”. Ganador de los Concursos de relatos Ayto. de Benferri , Júbilo. Ciudad de Getafe. Poemas seleccionados en Premio Poesía. Diputación de Alicante y Circulo de Bellas Artes de Palma de Mallorca.
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