Turbios destinos de otoño
por Félix Hernández de Rojas

"Dónde empieza y dónde acabara
el destino que nos une y que nos separará"
Amaral

El del amor traicionado

 

No me acostumbro a perder las entrañas en los ascensores
a decirte adiós por las noches
a darme la vuelta por la calle

Te lo digo, te lo escribo por pasiva, lo pienso, pero no:
no me digas por qué hipotecaste nuestra casa
por qué arrojaste cianuro a mis zapatos
cuándo pusiste el reloj a cero

Y yo me quedé fuera,
como el lisiado del ventrículo derecho
como la marioneta,
el clown,
el lutier que fabricó cien desilusiones

Del camino, un guijarro
del Otoño, el fruto con bicho:
de la cesta, otra manzana devorada.

 

El de la paternidad propicia

 

¿Qué le contaré a mi chaval cuando nazca? Si quiere venir, que lo haga, que venga y que venga alterno, que venga virgen, pero que venga. Entonces le diré que como caen las hojas así se nos cae el Otoño del Bierzo, que como cae la noche así la amistad se nos fractura a veces, pero qué nos importa si quedan algunos bosques de robles, le diré también eso, y que los mejores que pasean dan la sombra más profusa y cobijan en sus troncos las heridas más graves. Allí donde los animales y los hermanos se refugian.
Quiero que venga el Otoño y lo arañe todo, que se lleve la sentina del calor de Agosto. Que venga la muerte y no duela, que me chive que la vida fue un río, o mejor, un Heráclito jugando al "Trivial" contra el Parménides tramposo, a ver quién sabe responder más preguntas al señor destino, cuando yo podría soplarles una: del que nacerá del vientre, su nombre.

El del escritor alquilado por horas
Todas las historias escriben su final: La del trapecista del orgullo. La del ingeniero de torpezas. La del candidato a lampista de vientres. Los poetas las persiguen y las enfundan en los corazones. Tengo un cubo de hojas muertas que desparramo en mi trastero para fabricarte un Otoño a medida. Les prometí ciento un argollas, les prometí de todo, irme a la ciudad de Argel, pintarme de blanco, y aún así hubo lectores que intercambiaron mensajes: querían la cabeza del mago entera, querían sus labios y sus palabras raptadas y completas.
Hoy los poetas son puro vicio, son el virgo, el morbo y la pornografía del que malvende su vida por entregas en Otoño.

 

El de la amistad fracturada

 

Otrora virgen / me siento por hueco / penetrado / partido o vendido.

Marioneta salvaje
Otoño cadáver por destino
fuimos el hueso por roer
la pata del ave precocinada

Y si pienso en eso mientras
hay andamios que se nos desmoronan

Y si pienso que no hubo un momento
y casi lo perdimos todo por no mirarnos al frente y sincerarnos

Hoy lo escribo, o lo reclamo en todo o nada

Es cierto que si un roto no dura
nada habría de perdurarnos

Y es tan inútil ordenar el armario
cuando la polilla crece

Cuando consulto el dictamen
de la enfermedad que avanza y se llama cáncer

Y si fuimos cuatro
ahora cada día somos y abultamos menos

Y si por no sumar nos restamos
por no emborracharnos a plazo fijo

Pues, ¿Qué nos queda?:
Que paseamos a perros,
y manipulamos la fábrica,
y fotografiamos las cornejas,
que escribimos los versos.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Félix Hernández de Rojas. Nació en Valladolid en 1973 y allí cursó estudios de Ingeniería Superior de Telecomunicación. Finalizó posteriormente un master en gestión de empresa en ESADE. Actualmente reside en Madrid y trabaja dentro del sector tecnológico y del ámbito de Internet. Literariamente siempre ha mantenido una intensa vida, participando en tertulias y grupos literarios, publicado una novela corta "Héroe Local", así como múltiples poemas en multitud de antologías y revistas electrónicas, entre ellas en Ariadna RC.

 

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