MUSICA PARA AEROPUERTOS

Saudade
Frankfurt am Main, 13:15

por Pedro Díaz Del Castillo

 

Yo les miro. Sentado entre parejas de pelo cano, les miro con el cansancio de una larga noche atlántica. Les miro mientras espero la apertura de la puerta de los cielos. Ella me mira sin ver.

Sentada en el suelo frente a mí, se cubre el rostro con las manos y llora lágrimas de aeropuerto sólidas y frías. Los dos rapados que le acompañan se abrazan y miran. Él intenta unas palabras de consuelo que apenas alcanzan su boca. Su mano le roza el pelo empapado por el llanto y se convierte en una caricia húmeda de lluvia. De esa lluvia que moja también aquellos aviones que nos contemplan al otro lado del cristal bramando tristeza. Una tristeza que habla un portugués áspero de lejanas rimas, que le susurra palabras que no alcanzo a comprender, que evoca largas tardes de lluvia tras un cristal, lejos de casa.

Una mujer sin aliento entra en la sala de cristal apresuradamente. Se inclina sobre ella y sin mediar palabra le entrega un trozo de papel con algo escrito. Parece una factura o un resguardo bancario que arruga con la mano derecha después de leerlo. Ella observa y yo no comprendo. Las dos mujeres se miran a los ojos, mientras la recien llegada trata de explicar. Ahora el portugués es pausado y silencioso. Al fin, el llanto es enterrado por las palabras y parece extinguirse. Los rapados lo celebran con un beso que nunca terminará. Un beso profundo y reparador. Un beso infinito que me hace consciente de nuevo de los dolores de la espera y de la inmensa lentitud de la distancia.

 

12 de junio de 1998

© Pedro Díaz Del Castillo

portada


a r i a d na