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Escondía la mano para
dejar
sobre los libros la huella de un dios,
pero encontró la voz del silencio.
Halló, en las esquinas del olvido,
milagros y preguntas de ancianos,
los latidos exactos..., la perfección. (17/XXII/93)
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Cómo podría advertir a
los demás de mis errores, cómo decir a los demás :
mirad aquí encierro contradicciones inevitables, dolor
de las pérdidas, inigualables encuentros ya nunca
redescubiertos, la falsedad de las palabras, el corazón
dolorido por la acción y el reflejo de una mirada que
descubre mi ridículo. (29/X/95)
Me acerco a la duda de los espejos: apenas
puedo decir si la sonrisa se hizo en el instante de la
terrible abertura o la imagen es el ademán irrevocable
de lo que no se refleja. (8/VII/97)
Tal vez sea necesaria la máxima
inclinación, el vértigo, para que corra la tinta sobre
el papel. Saber que al final la caída tiene los pies
alrededor de los tuyos, tocándolos con suaves golpes,
rozándolos con tenue sudor. Así el frío del silencio.
(13/VII/97)
Duermes en tu dilatado corazón
y apenas siento qué soy en tu silencio,
qué ritmo marcan las gotas
que se sumergen en tu seno. (25/VII/97)
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