VERSOS ![]()
Sin ser esclavizada por la lenta
destrucción de la hermosura
Isla Correyero
Mi amigo es una estatua de fuego
prehistórico,
desnudo guerrillero con luto planetario
en las mejillas.
Voluntariosa boca. Pulso enguantado
para mi tristeza.
Tres días paso esperando su dulce
estampido hasta mi lecho
y en tres minutos escribo con su piel
pájaros y animales.
Yo le traigo a mi amigo el corazón
salvaje que me da su hermosura,
la pálida fatiga de haber sido amada en
la noches de caza cuando bebíamos
juntos.
Mi amigo es triste, estético y dramático.
Ordena. Disimula. Convive con la luz. Es
pueril, enigmático,
sediento, - simple o simplemente un
hombre - tórax de Rodin para mis brazos -,
orgullo subterráneo en el silencio.
Se trata de mi amigo a quién yo amo, con
el dolor que da no estar en una isla
y florecer de pronto por lugares ocultos y
ocultarse.
Mi amigo es la sombra de Marcel
Proust, mistérico y callado,
drogadicto de mis escamas plateadas por
el humo.
Me deja prendida a la memoria siempre
su olor a desierto y a camino, el deseo
retornante de acariciar sus plumas.
Bebo de su garganta los vinos más
marinos y de sus ojos bebo la música de
Mahler,
cobra de húmedos labios, doncel amado
que regresa polen,
mi amigo es bello, vergonzoso y
anochece.
Como cuando coges una trucha en las manos. Ed. Piratas, 1998
© Isla Correyero
a r i a d na