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Traición
Publicado
en el libro "Latidos" en la col. Ababol de Ediciones
y Distribuciones Requena 1998. ISBN 84-89887-16-0. D.L. AB_526-1998.S
De
his qui per scelera ad principatum pervenere
(De
los que llegaron al principado por medio de crímenes)
Nicolás Maquiavelo
Il Principe
A
la traición jamás le faltaron alianzas. El caso
es que Agatocles de Siracusa encontró las suyas en Almilcar
-hombre ungido siempre por la conquista a cualquier precio- y
una mañana muy soleada -cuentan-, fueron citados los senadores
al ágora mientras la muerte los sorprendió a una
señal del que había sido su anfitrión. Ocurrió
entonces que el resto de los hombres cesaron un instante en sus
ocupaciones cuando hasta ellos llegó el pesado dulzor
de la tragedia.
En
Fermo -como en su día sucedió en Siracusa- olía
al mismo tiempo a heno recién segado y a sangre negra,
caliente y viscosa. Oliverotto -a la sazón futuro gobernador-
mandó, en una soleada tarde llamar a los que en él
confiaban. Antes del anochecer nobles y leales fueron pasados
a cuchillo.
Aquel
día cesaron también las labores. Los campesinos
vieron pasar primero una partida que empuñaba alfanjes
ensangrentados; al poco fue una delegación de hombres
serios y callados; y más tarde, algunas mujeres que lloraban
en las lindes del camino, descubrieron la caravana bajo cuyas
harpilleras escondían lujosos tesoros. Y así durante
mucho tiempo contemplaron legiones que se cobraban la pecunia
de la traición; y comoquiera que los hombres y mujeres
cesaban por un instante las labores en tierras de Orsinis y Vitellis,
el hambre y la pobreza instalaron su embajada en aquellos páramos.
Todavía
hoy cuando los campesinos descansan un momento, las gentes del
lugar se detienen para comprobar si a lo lejos pasa alguna caravana.
©
Antonio Polo