A NOLA, al
recuerdo de sus calles abarrotadas siempre, a los toldos rayados de
cinabrio, y a sus habitantes que ahora viven la pesadilla de los
huracanes.
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New
Orleans en
Lavapiés
Relato
publicado en el libro titulado "Lavapiés" y
editado por la Editorial Ópera Prima. Primera edición
Noviembre de 2001. Depósito Legal:M.47.693-2001 ISBN.:84-95461-12-9
Estoy
esperando que suceda algo aquí, en Lavapiés. No
sabría decirlo con seguridad, pero creo por el hormigueo
de mis piernas que bien podría tratarse del Jazz. ¿Que
no? Tampoco es tan extraño. Cuántas cosas no habrán
nacido en varios sitios a la vez, es más corre por ahí
una teoría -la de la inspiración compartida- en
la que se apoyan todas mis sospechas, y que sostiene que algunos
acontecimientos pueden repetirse una y otra vez, es más
tienen que renacer continuamente para mantenerse vivos. Vamos,
me juego lo que ustedes quieran a que dentro de un rato, un Jazz
rejuvenecido se baja desde la Plaza de Cascorro alborotándolo
todo. Y aunque yo sea de los que creen que el Jazz surgió
al calor de los prostíbulos gracias a unos africanos hace
casi ciento veinte años, en realidad ahora se sabe que
el Jazz nació exactamente el 17 de noviembre de 1887 en
una pescadería de New Orleans cuando el ayudante de barbero
Jazzgo hizo sonar su trompeta. Aquel inmigrante tocó de
una forma tan inusual -como rompiendo el ritmo decimonónico
que entonces se llevaba- que pronto se reunió a su alrededor
una multitud animándole a repetir semejante sonido.
-Hazlo
otra vez Jazzgo, que así es como se llamaba aquel virtuoso
músico, hazlo otra vez ?repetían enloquecidos.
Por
eso sigo aquí esperando en Lavapiés, porque ya
sé que va a pasar algo. Seguro. Al principio sólo
era un presentimiento, pero ahora estoy completamente convencido
que de un momento a otro podría aparecer -pongamos por
caso- una comitiva fúnebre, como las que aún hoy
se originan espontáneamente al morir un músico
en New Orleans. Y si no díganme entonces qué es
aquella turbamulta que baja por Mesón de Paredes. No.
Mejor no me lo digan, ya lo adivino yo: un funeral.
No
crean que me ha resultado fácil predecirlo, porque a pesar
del olor a rancio que invade sótanos y soportales, a pesar
del comején que asedia las vigas riostras de las antiguas
corralas, y de las pátinas de un dedo de espesor que cubren
petriles y barbacanas, a la muerte lo que de verdad se la pone
dura es darse una vuelta por la carretera de La Coruña
y no incoarle un expediente al chino del Todo a Cien de la esquina.
Y no es que no se muera nadie aquí, que se mueren y muy
a disgusto que lo hacen, pero si ustedes se tomaran la molestia
de echarle un ojo a las calles a cualquier hora del día,
comprobarían que la agitación y la vitalidad son
de tal calibre que lo que más desentona en Lavapiés
son los empleados de la funeraria, y más con esos ternos
grises tan sombríos y desgastados que apenas dejan ocultar,
para mayor pesadumbre de las dolientes familias, un pin con el
escudo del Real Madrid. Por eso, el barman del Moskito's Bar
que conoce de sobra mi sexto sentido, ha sentenciado que aquello,
aunque desacostumbrado, no podía ser otra cosa que un
funeral. Y eso es lo que era: un extravagante funeral, inacabable
y sinuoso como una serpiente multicolor.
Abriendo
la comitiva desfila un grupo de afroamericanos que tocan el ya
inmortal High Society (tema que viene pintiparado para la ocasión)
y al que dio vida una noche de julio Louis Armstrong junto a
los All Stars en el Symphony Hall de Chicago. Pero estos de ahora
no son los All Stars, en realidad a esta docena de indocumentados
no los conoce nadie en el circuito profesional, en cambio la
Shockproof Tree's Quartet, que así es como se hacen llamar,
es todo un acontecimiento tres calles más arriba. Sin
ir más lejos, la señora Paca de Sombrerete 6, afirma
que los Chucrut Tres Cuartos (como ya se los conoce en la corrala
de la calle Amparo) han creado un estilo propio, algo intermedio
entre el maestro Barbieri y Benny Goodman: el autentico sonido
Chucrut. Inmediatamente detrás pueden apreciarse los turbantes
azules de los paquistaníes (sobresalientes y majestuosos)
que suponen un contrapunto al libertino pasacalle de los americanos.
No obstante las fascinantes notas de éstos últimos,
con todo su ritmo y su alborozo han ido a posarse sobre los tranquilos
compases de la Sinfonía Bengalí, la cual es magistralmente
ejecutada por el virtuoso Raga Marva, músico por lo demás
conmovedor y místico, y cuyas contemplativas cualidades
no están reñidas con la buena mesa, aunque a veces,
la desaforada puesta en escena de un plato típico como
la "pava borracha" lo haya espantado en mitad de una
cena.
Después
le llega el turno a los somalíes a cuya cabeza desfila
el balofonista Amadeo Koité, hermano del difunto. Koité
el balofonista y Prudencio el pescadero desaparecieron el martes
por la mañana cuando ambos ensayaban un duetto de percusiones
endemoniadas. Dicen que el somalí picaba un solo de balofón
bajo la marquesina de la pescadería y que Prudencio le
seguía al compás mientras limpiaba de espinas una
palometa. Después llegó la tragedia. Un socavón,
negro como el mismísimo infierno, se los tragó
al paso de la tuneladora del Metro. La Chata dicen que ha sido.
La puta de la Chata que a ver porqué no se come a un político
por los pies y deja que nos reinventemos nosotros el barrio,
el Jazz y las gambas a la gabardina si hace falta -gritan exaltados
los amigos del Prudencio. ¡Que no hay derecho, hombre!
¡Que no hay derecho! -añaden. Y finalmente, cerrando
la comitiva viene un batiburrillo de etnias y culturas de toda
índole. Los magrebíes que han logrado incorporar
al duelo el olor de los dátiles y la Rumba argelina; los
peruanos que montados sobre una quena arropan la cálida
voz de un saxo tenor sin papeles; los ecuatorianos que aunque
no tocan nada van repartiendo arepas, y cerrando el fúnebre
cortejo vienen media docena de saharauis enarbolando una vieja
bandera del Polisario. Y así todos los vecinos juntos,
que desde Torrecilla del Leal pasando por Abades y Sombrerete
hasta Espino y Provisiones han reinventado las comitivas fúnebres-festivas,
el verdadero sonido Chucrut y esa expresión tan nuestra
y que tan poco gusta a los políticos locales: "Hay
que joderse con la puta de la Chata".
©
Antonio Polo González
Madrid, 19 de agosto de 2001