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El
cierre de SEPU
(Después
de 68 años, los primeros grandes almacenes de España
cierran sus puertas al declarar una situación de quiebra.
Con una semana de antelación a la fecha prevista, el cierre
ya es efectivo. Los ochenta y dos trabajadores son despedidos).
Opinión
del Lector
"El País"
Estimado
Director:
Desde
que tuve noticias del cierre de los almacenes SEPU de Madrid,
tengo la certeza de que si alguien, después de 25 años
de servicio en una misma empresa, puede acabar en la calle con
una mano delante y otra detrás entonces es que el Estado
de Bienestar es un camelo. Y esta certeza es igualmente válida,
tanto si el ámbito de semejante despropósito es
público o privado, por mucho que el Fondo de Garantía
Salarial trate de ponerle un parche a un pinchazo de tal calibre.
Lo que ya no tengo tan claro es si, en estos tiempos de indignidades
e infamias que corren, el sicario que ha logrado llevar a estos
almacenes a la quiebra va a soportar con decoro ese último
e inequívoco viaje. Lo dudo. Lo dudo porque hoy mismo
he tenido la oportunidad de vivir algunos instantes de esa quiebra
por dentro. Y aunque es difícil hacerse una idea de la
sensación de vacío e impotencia que puede llegar
a reinar en un almacén desolado, había allí
más dignidad que la que nunca habrá en muchos Consejos
de Administración. Hasta el último momento, aquellos
hombres y mujeres se afanaban por hacer su trabajo con tanta
seriedad como si en cualquier momento fueran a abrir las puertas
al público para presentar la nueva campaña de otoño-invierno.
Y es que hay empresarios que no se merecen a sus empleados. Por
eso no voy a ser yo (aunque mi hermano ahora esté allí
pasando por ese trance) quien empañe tan encomiable actitud.
Sin embargo, desde hace unos días, cada vez que me acuerdo
del ínclito sicario, me viene a la memoria una famosa
cita de "La historia universal de la infamia" de Borges,
y que refiriéndose al incivil maestro de ceremonias Kotsuké
no Suké decía así: "En vano propusieron
ese decoro a su ánimo servil. Era varón inaccesible
al honor; a la madrugada tuvieron que degollarlo".