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Poesía

 

 

Poesía
Página Personal de Antonio Polo

 

Hastío.jpg

 

 

 

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La casa cerrada

 


Foto de Luis Poirot

A Lautaro Chavez por su plática

 

Entonces fue Neruda. Fue el eco
de la caracola arrumándose, el sol
de trementina sobre el pecho
del navío, los libros salvados
de la quema.

Fueron los rayos taimados, la tormenta
que nunca cesa a barlovento, las cartas
amontonadas del zaguán, el gramófono
comunista del cartero. Fue la discusión
de los gatos dispuntándose
un ovillo, el soneto
de unos helechos más al Sur, los senos
de madera en los que acaso navegué.

Entonces fue Neruda. Fue la casa
reventada a taconazos, los sables
que cercenaron una estrofa, el desafuero
de las persianas bajo el sol, el ancho
espacio de la abulia. Fueron los caballitos
cromáticos de tus dedos, la caricia
de un vals sobre mis hombros, la negra
isla  de tus ojos australes.

Entonces fue Neruda. Fueron los salares
de Antofagasta, la capitanía
rotunda de sus versos. Fue la claridad
de tu risa en medio de septiembre, el desabrido
camarote del salón, el café de guardia
frente al rizado horizonte de la espuma.
Fue la casa y su lúcido
olor a algas frescas, la estrella de madera
hincada en el jardín, el desbordado
alboroto de los anaqueles, el doloso
embuste de las nasas.

Entonces fue Neruda. Fue la piedra
volcánica moliéndose en la playa, el mascarón
aventajado en la cancela, la cisterna
negra del acantilado. Fue tu marcha
inesperada aquella tarde, los gritos
ahogados de los desaparecidos, las desalentadas
caracolas de Valparaíso.

Entonces fue Neruda.  Fue la diáspora
cobriza del minero, el nostálgico
obsequio de la arepa. Fueron los años
de exilio, la navaja del barbero
sobre el calendario, la amarga sensación
de estar tan lejos.

Entonces fue Neruda, el último,
el que nos abrió la casa.

 

 

 

 

 

© Antonio Polo González
    Madrid 2007

   

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