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Buscando Tesoros

(Publicado en el diario "El País" el 7 de septiembre de 2002 en la Opinión del lector.)

Me llamo Antonio y trabajo en una oficina de Núñez de Balboa, aunque después de ver cómo está la calle no conseguiría convencer a nadie de que ni me llamo Saíd ni vivo en Ramala. Sin embargo puedo asegurarles que hay un ejército de ocupación haciendo boquetes a todas horas, un ejército que no descansa ni en verano. Suele preguntar Dani de Vito, cada vez que pasa por Madrid, si ya hemos encontrado el tesoro, ¿porque en Madrid hay escondido un tesoro, verdad? pregunta a todas horas. Y algo de eso tiene que haber. Es más si uno se fija bien, puede darse cuenta de que dirigiendo las obras ya no quedan capataces como los de antes. No, ahora puedes tropezarte con un profesor de Historia Antigua metido hasta la cintura en una zanja. Es más en el cruce de Ayala con Nuñez de Balboa me encontré hace unos días a un tipo que lucía látigo y sombrero como si fuera el mismísimo Indiana Jones en busca del arca perdida. Porque de eso se trata, de excavaciones arqueológicas.

Por ejemplo, ahora el Canal de Isabel II quiere hacernos creer que está sustituyendo las conducciones antiguas, aunque en realidad sabemos que anda detrás de una pieza tan codiciada como es el Santo Grial; Madritel por ejemplo, estuvo dos meses perforando el barrio a la búsqueda de una Venus Neolítica, y Gas Madrid llegó a remover los entresijos de la capital con tal de dar con un sarcófago merovingio que confinaba los restos de Tarik el Grande.

Sin embargo, este inusual verano debe esconder algo muy gordo en el subsuelo de la capital porque a las susodichas compañías se les ha unido también lo más granado del inefable mundo de la piqueta. Dicen que es el Arca de los Dones, o el arcón custodio del oro de Moscú o acaso el dinero negro al que trata de dar caza el Departamento de los Hombres de Negro del Ministerio de Hacienda. Y si ustedes creen que exagero, entonces que me diga alguien a qué viene ese inmisericorde afán por perforar las calles una y otra vez. Es más que alguien me diga porqué me miran con sorna los residentes del barrio cuando coloco, en este demoledor agosto, un boleto de la ORA sobre el salpicadero de mi coche, el cual se pasa las horas muertas acumulando polvo entre las zanjas que hay en el cruce de Ayala con Nuñez de Balboa, es decir, en el mismísimo centro de Ramala.

 

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