La muñeca
porFelipe Fernández Sánchez
I
Una muñeca de primera comunión se mostraba en el escaparate,
una mirada y un recuerdo, brotando, te llegaron a los ojos.
En días de incertidumbre, de un momento olvidado,
ojos en silencio, con pequeños pasos,
acosada por mi inquisición
—-¿Estás bien?
Instantes, en los que cualquier solicitud es mal recibida.
Un pasar discreto entre los ruidos de la ciudad, y la sombra
de quién camina triste, aquel día, a esta hora.
Hablaste por fin, en una mesa de aquel café.
Y era un cuento pretérito,
la historia de una muñeca,
conservada por años,
guardada todo un periodo largo de tu vida.
La muñeca a la que quisiste tanto.
Y se nos llegó tu recuerdo.
Es la historia de otra contrafigura
de primera comunión,
la que tuviste por años,
y ahora se presenta
cuando los extravíos del tiempo
nos paseaban por una ciudad
entre nuestro hoy y tu ayer,
accidentalmente.
II
Con los ojos gachos,
con un nudo ahí, de donde sale la voz.
Y la narración iba de tu estancia
a una habitación de hospital,
donde cada cual está,
con su deterioro,
con su quejido,
con la mirada de otros sobre ti.
Pobrecita.
Ambas recibís en el lecho las visitas de los doctores,
que, de punta en blanco, os auscultan.
Y que, seriamente, sonríen.
Os animan.
Os alientan.
Os exhortan a ser valientes.
A tener confianza.
Ya verás.
Ya veréis.
Todo saldrá bien.
No tengas miedo.
anqué naciesen con un corazón incompleto
las niñas de este cuarto de tu pasado.
III
De la estancia con dos camas,
la que partió primero, no volvió.
Y la segunda regresó
con una cicatriz recorriéndole el pecho,
y agujas en los brazos.
Ahora duerme, cariño, todo fue bien.
Hoy se llegaron los otros padres.
Vienen de visita,
y se trajeron
junto con su cariño, una muñeca
de primera comunión,
que ahora es aceptada
por quien le tocó sobrevivir.
IV
Tiempo después,
cuando las cicatrices
aún permanecen, sí,
pero se van perdonando,
se van olvidando,
se quedaron solo en la memoria.
Entonces tu madre quiso contarte,
explicarte lo sucedido,
algo que ya sabías
sobre una vida perdida,
de unos corazones quebrados,
de uno sanado,
que ahora son
recuerdos de un hospital.
«Ya lo sabía, mamá».
Y, entre las dos, completasteis un rezo.
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