í n d i c e  d e l  n ú m e r o


 

La retórica como ritmo

Presentación del libro “La vida en las calles” de Antonio Polo

 

por Rafael Pérez Castells

 

La vida en las calles
A vida nas rúas
Antonio Polo


Los libros de Ariadna, 2022

 


 

Hay una difusa y peligrosa frontera entre la prosa poética y la poesía. “La prosa poética corresponde al segundo tipo de obras líricas que existen. En ella se pueden encontrar los mismos elementos que en el poema: hablante lírico, actitud lírica, objeto y tema, pero sin los elementos formales (métrica, rima) que caracterizan el verso. Se distingue del poema por estar escrita en prosa y del cuento o del relato, porque su finalidad no es específicamente narrar hechos sino transmitir sentimientos, sensaciones e impresiones”(Wikipedia).

Su iniciador fue el francés Aloysius Bertrand, su redescubridor Charles Baudelaire, con su libro El Spleen de París, y un ferviente seguidor, Arthur Rimbaud, particularmente en el libro Iluminaciones. En Español Gabriel Miró, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo Marechal y Caballero Bonald, y los hispanoamericanos José Enrique Rodó, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Oliverio Girondo.

Y en esa difusa y peligrosa frontera se mueve la poesía de Antonio Polo. Y digo peligrosa porque sin ser un maestro en la escritura, en esa frontera se puede perder el norte. Pero como estamos con un maestro de la escritura, en “La vida en las calles”, Polo entremezcla prosa poética con poemas, moviéndose del uno al otro en un juego sugerente.

La poesía de Antonio Polo basa su ritmo en el juego retórico, liberando al verso de métrica y rima que son los elementos tradicionales del ritmo del poema. Y, también, en la creación de imágenes inesperadas, mágicas, adjetivando objetos cotidianos con atributos que los convierten en enigmas o en sólidas efigies, y que actúan como golpes rítmicos a la imaginación del lector. Antonio adjetiva muy bien, hispanoamericanamente bien, los castellanos somos muy secos, se nos queda pequeño el verso de Huidobro “el adjetivo, cuando no da vida, mata.” Pero en otras tierras, Andalucía, Galicia e Hispanoamérica se valora una buena y bella adjetivación. Polo pertenece a esta escuela.

José Ángel Fernández Colón explica muy bien esa imaginación onírica de Antonio, que me recuerda a Montanelli, y a Ambrose Briece, no en su forma de escribir, pero sí en los ambientes que crean. En la introducción del libro, refiriéndose a nuestro escritor dice: Antonio Polo “Está en el callejón Croquer, que es el título del primer poema, un trecho corto y apretado de San Fernando, hay arcos, una loseta rojiza con dibujos geométricos en el suelo, las paredes blancas; pero él ve y nos hace ver un barco navegando “entre geranios y albahacas”. Allá vamos, crédulos, con él sin remisión persiguiendo las palabras: cierro, amárico. El rapto poético es, también, el rapto de sus lectores, una tripulación perpleja y obediente ante el retablo de las maravillas.”

Hacer todo esto bien solo es posible dominando el arte de la escritura y poseyendo la sensibilidad poética necesaria. SI se añade la personalidad del poeta, su forma de afrontar la vida, su especial forma de mirarla, tenemos esta joya titulada “La vida en las calles”.

Pero ojo, como bien dice Álvaro Muñoz Robledano en su “A modo de prólogo”: “A Antonio hay que leerlo despacio y con atención; tampoco estaría de más colocarse en la cabeza una visera de jugador y cubrirse las espaldas, porque en el momento en que menos se espera salta el sutil mecanismo de la celada y se cae en ella de lleno y de cabeza.”

Y ahora me gustaría hablar más íntimamente de nuestro escritor, de Antonio Polo González al que conozco desde hace 40 años y con el que he tenido muchas pequeñas aventuras, viajando por El Mundo, por Hispanoamérica, Italia, Portugal, por España. Todos esos viajes hacen que conozcas muy bien a la persona que tienes a tu lado. Puede pasar que te caiga como un tiro y entonces es una pesadilla, o puede pasar que te encuentres a un ser encantador como es Antonio, que sea un compañero de viaje profesionalmente perfecto y además muy entretenido, porque coincidíamos en nuestras aficiones literarias y discutíamos en las políticas. El Antonio exterior es un hombre tranquilo, vais a disfrutar de una voz muy hermosa, muy embaucadora, y siempre, suave, sutil. Yo creo que Antonio sabe gritar, pero yo no lo he oído gritar en la vida, en cualquier situación tensa, siempre busca el apaciguamiento por la palabra. Aunque es un hombre de pocas palabras, cuando dice algo lo piensa, a veces te puede poner nervioso, porque lo piensa mucho, pero no mete la pata, profesionalmente no le he visto meter la pata nunca y personalmente jamás, o sea prudente al cuadrado. En cambio, dentro tiene un mundo burbujeante de imaginación, como se demuestra en su obra. De hecho, tiene tanta imaginación que necesita escribir para sacarla adelante, porque él ve El Mundo cómo es, no se engaña a sí mismo, pero también como él lo percibe, que es como si lo viera entre bastidores, como si hiciera una radiografía de él con sus palabras. ¿Para qué?, ¿para disfrazarlo quizás?  ¿para soportarlo? o ¿para decir las cosas buscando en ellas la belleza?

Como os digo, Antonio es hombre de paz, tanto de fuera como por dentro. Por dentro es una selva llena de belleza, aunque por fuera pudiera parecer sólo un buenazo. Y eso es un gran error. Una de mis mayores virtudes fue detectar quién era Antonio, desde que le miré a los ojos en el laboratorio. Durante muchos años fue mi equilibrio profesional, yo era un jefe muy nervioso, que enseguida quería hacer las cosas y hacerlas muy rápido. Después de una reunión de trabajo, a los pocos minutos, entraba Antonio y decía: “oye Rafa, a ti no te parece que”, y hacíamos “el a ti no te parece que” porque era más razonable.

Quiero dejarlo aquí, ahora disfrutad de su voz, disfrutad de su imaginación, dejaros llevar por los mundos que crea, porque es como viajar.

Os dejo con Antonio

San Sadurniño, 27 de septiembre de 2022
Rafael Pérez Castells

 

 

© Rafael Pérez Castells

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