Tres poemas
porGustavo M. Galliano
Seducción, labios y mar
Localicé el ocaso del día
en mí,
creyendo ver tu sonrisa
en la bruma,
evolución del silencio
en frescura,
cual tesis desleal
de mis sentidos.
Perduras, el olvido
aún no erosiona,
te sumerges y emerges
en las aguas,
cristalinas aguas de voluptuoso oleaje,
donde Poseidón no reina,
sólo mi mente.
¿Fue la seducción
mi soledad?
no, creerías que profané
la necedad,
fueron tus labios
con reminiscencia a Mar,
néctar divino que incendió
a mi alma.
Lapso, detente
impertinencia burda,
monólogo destructivo
de mi ser,
agitarás el recuerdo
hasta agotar la luz,
al resucitar tus labios
estos versos.
Contemplé el respirar
de la noche en mí,
creyendo ver tus ojos
en la penumbra,
cristalizó el resplandor
de la tiniebla,
ofrenda mortal,
en la Bahía del Adiós. -
Pulsaciones
Perlas nacaradas de sal
corrompen tus encías con sonrisas,
bebiendo el peregrino sudor de mirra,
la flema del ajenjo, ángel desértico.
Letras circulando arterias
en el corazón vertiginoso del alma,
cual biblioteca humana transmigrada
bifurcándose por venas y vectores.
Manos vacías de tímidas caricias,
brazos exiliándose de abrazos,
vano será cada latido entonces
si esos ojos se hacinan en sus cuencas.
Músculos amnésicos de tensiones,
tendones distendidos, holgazanes,
fortaleza erigida en ruina ardiente,
Infierno de la otrora joven Muralla.
Destellos implosivos, disonantes,
música del alma amarrando ensueños,
desesperados tulipanes sofocando puentes
y ante el menor desliz truenan Tocata y Fuga.
Cartas de amor jamás escritas,
rostros desfibrilando memorias,
cartílagos de pasión deshilachados,
derrotero del olvido perpetuo y marmóreo.
Letras, caricias y abrazos,
pasión y sensualidad anquilosadas,
braman las perlas rumbo al averno sensitivo,
pulsaciones aceleran el beso,
in aeternum, a tu cuello.-
Susurros de la noche
El aura de la noche
gime en avalanchas,
serpenteante, candorosa,
transpirando color.
Montada sobre nubes
tus brazos, cual férreas aspas,
emprenden cabalgatas, eternas,
por sobre el éxtasis del amor.
Remolinos de seda,
entrelazados al gozo,
mientras espasmos fragorosos
beben aguardiente del crear.-
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