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En presencia del aire (y otros poemas)
porJavier Úbeda Ibáñez

 

Solo

Solo, navego en silencio
por las agitadas aguas
de mis pensamientos.
 
Me sumerjo en las profundidades
de mi memoria acuática,
de mis mareas más oscuras:
Mi fondo es negro azabache
y está rebosante de piedras y conchas
sumergidas en la arena.
 
Pero, como ola encrespada, me agito,
y voy desenterrando lo enterrado,
voy removiendo el limo
buscando llegar hasta la playa en medio
de rocas, salitre y espuma.
 
Y, al final, lo consigo,
emerjo pletórico y renovado
en un mar de olas radiantes
que me llevan hasta las costas,
donde me deshago en salobres estelas,
que se pierden en un mar de brillos.




En presencia del aire

Rodeo el sonido del aire
para darte un beso de jazmines y rocío.

Tú, ebria de olores y noches,
me recoges en tus labios y
me pides silenciosa
que beba de ti
pasiones y pétalos.

Quiero quedarme a vivir en tu boca,
aterciopelada y desnuda.

—Sí, quédate —me susurras.

Y mi alma voladora,
aleja sus furias
y se entrega a ti,
en presencia del aire.

 


Agua

Cerca del mar
sosegadamente murmura la tierra
mientras la madrugada melancólica
humedece y da vida a mis recuerdos.

El silencio me embarga
y respiro ansioso este vívido momento
entre haces de luz.

Una serie continua y arrulladora
de olas baña mis pies y enciende
mi mirada hasta terminar por rodear a
mi alma con una espléndida aurora boreal.

El cielo, enigmático y mudo,
guía mis pasos hacia mis encendidas aguas.

Y yo suspiro y vuelvo a suspirar de nuevo
divisando estrellas que se alejan
entre las olas de mis recuerdos.

 

¡Cómo eres!

Tus pasos van siempre
a mi lado como un ángel custodio
por la senda de la vida y el amor.

Y en el cruce de la verdad,
me agarran con vehemencia
y me regalan un te amo
de luceros y amaneceres.

¡Cómo eres!
¡Cómo resuena tu tacto
en mi mente y en mi piel!
¡Cómo habitas dentro de mí!
¡Cómo ahuyentas el dolor!
¡Cómo con tu sola presencia
la vida me respira!

 

Te quiero tanto, tanto

En la lejanía y en la cercanía,
desde cualquier lugar,
viajo por el océano selvático de tus ojos,
me detengo en las tiernas montañas de tus labios
y acaricio tu cuerpo de sabrosas amapolas.

Junto a tu piel florecida de antojos
y el tacto sedoso de tus manos
me silba el alma.

Te quiero tanto, tantísimo, que
me gustas despierta y dormida,
por la mañana, a media tarde y por la noche,
cuando en tu mirada se reflejan lunas o mieses.

He caminado a través de mil vidas hasta dar contigo.

Por fin,
te encontré.

Ahora,
quédate conmigo,
instálate en mis deseos.

 

Luz

Eres como una candela en la oscuridad,
una fuente en medio del desierto.
La luciérnaga de mis sentidos y
el aliento que germina en mis entrañas.
Tú, amigo mío, me eres tan necesario
como las sales al mar.
Incansable,
tendiéndome un camino,
una salida, una puerta, un bastón,
un sofá, un millón de promesas,
un silencio acogedor y un abrazo
que me resguarda del ruido
de la soledad y del vacío.
Tus palabras son caricias transitivas,
consejos de viento; amistad marinera,
que vuela y vuela, pegadita a mi vera.

 

Oscuridades

Me siento partido en dos mitades,
creo que he llegado a la frontera
y me parece que está entera
y ensangrentada de soledades.
Qué hacer con tantas oscuridades,
necesito que prenda la hoguera
que me insufle pasión verdadera
llenándome el alma de verdades.
Busco que mi corazón sea riada
que finalice con tantos temores
sumergiéndolos debajo del agua.
Y cada llaga sea anulada
brindándome por contra mil amores
que me hagan sentir una fragua.

 

 

Sí y no

Entre un «sí» pletórico y un «no» letárgico,
corre el aire al encuentro del mar.
Entre un «sí» que acaricia silencios de lunas azules
y un «no» hundido en lo agónico de un fondo marino:
me voy, te vas, vengo, vienes, venimos, vendrán y se irán
nuestras palabras y nuestros cuerpos como las olas.

 

 

La mar enamorada

Llevo la cara vestida de azul
para anunciar que
la mar está enamorada.
Y la brisa
—vaivén va,
vaivén viene—
asegura que su amor
está inédito,
hambriento de soles y sal.

 

Las estaciones del amor 

Primavera
en tu cuerpo
sembrado de brillantes amapolas
y margaritas que contienen deseos:
¿me quieres?, ¿no me quieres?
Pero yo sé que me quieres.

Verano
en el dulce estanque
de tu sonrisa diáfana,
velero que surca caminos de agua
con un timón de soles encendidos.

Otoño
en el regazo de tus manos siempre atentas.

Un festín de hojas pletóricas de belleza
escribe en el suelo nuestra historia de amor.

Y pasa la vida
al amparo de tus rosadas manos otoñales.

Invierno
en tus resplandecientes ojos de melodías
de cristal y vientos.
Se enciende la lumbre
cuando me miras
y el frío huye al instante si tú
estás a mi lado.

 

De lunas y deseos

De las lunas de tus ojos emerge una fuente que gotea deseos
anaranjados que resbalan hasta tu boca
y salpican tu rostro,
              meciendo tus pecas,
                            removiéndote hasta dentro y por dentro…
La distancia no olvida nunca
cuando el amor es verdadero.
La distancia te amarra,
te agita y te araña con sus uñas.
Las
       distancias
                         no
                                 existen                
cuando el amor late lunas y deseos
y te siento
tan cerca
               que te puedo tocar.
Te toco.
En las lunas de mis ojos acaban de acampar unas gotas:
desveladas,
   hambrientas,
        sinuosas,
            provocativas,
                                  verdes y
                                              amarillas,
                                                            que esparciéndose                               
                                                             te buscan.
Una de ellas cruje,
le tiembla la vida.
Luego se abre,
                    me trae tu voz:
«Te sigo esperando», me dice
mientras me observa
y yo la acuno con mimos y ternuras,
                                 la acaricio con miradas, le doy mi vida.
«Y yo a ti, amor», le contesto en silencio.

 

Latidos

Hoy me siento
latido de tu corazón,
y respiro cuando
tú respiras:
tictac… tictac…
tictac… tictac…
Nos deslizamos al unísono:
tú, mi amor
y yo, que te amo.

 

La tregua

Con la calma de las montañas
cargada en mis espaldas,
y el aroma de un amanecer
prendido en mi piel,
un buen día
salí a buscar la razón de las cosas.
En mi camino
hallé:
lloros y risas,
caminos soleados,
lluvia,
tristezas y alegrías,
solidaridad,
guerras,
paz,
riquezas y pobrezas,
amor,
prisas y pausas,
desencuentros,
compromisos y traiciones,
altibajos y tormentas,
manos llenas y manos vacías,
alboradas agitadas
y frescas rosas en invierno.
Pero nadie,
nadie,
me supo explicar las razones de las cosas.
Yo alcé mi voz
para pedirle al mundo,
a los hombres,
una tregua;
y la tierra me mostró,
de par en par,
sus entrañas
y sus musgos.
Pero no me quiso dar
ninguna explicación de por qué son
como son las cosas.

 

 

 

© Javier Úbeda Ibáñez, escritor, crítico literario y miembro del proyecto REMES (Red Mundial de Escritores en Español). Nació en Jatiel (Teruel, España), en 1952. Y reside actualmente en la ciudad de Zaragoza (España). Es autor del conocido libro de relatos breves y poemas Senderos de palabras (Pasionporloslibros. Valencia, 2011), de los cuentos Daniel no quiere hacerse mayor (Pasionporloslibros. Valencia, 2011, 2ª edic.) y La Elegida (Pasionporloslibros. Valencia, 2012) y de la obra de investigación Reseñas con Huella (Círculo Rojo. Almería, 2020, 5ª edic.).
Ha publicado numerosos artículos de opinión tanto en prensa digital como en prensa escrita. Además, es autor de numerosas reseñas literarias, relatos cortos y poemas, que han ido viendo la luz en importantes revistas de España como Almiar, Ariadna-RC, Culturamas, Fábula (de la Universidad de La Rioja), Horizonte de Letras, La Sombra (de lo que fuimos) (https://lasombradelmembrillo.wordpress.com/la-sombra-14/), LetrasTRL, Literaturas.com, Luke, Magazine Siglo XXI, Narrador, Narrativas, OtroLunes, Palabras Diversas o Pluma y Tintero… y también en revistas del extranjero como Gaceta Virtual, Letras en el andén, Liter-aria, Literarte, Poeta (todas ellas de Argentina) o Cinosargo (Chile), Cronopio (Colombia), La ira de Morfeo (Chile, Argentina y Brasil), Letralia (Venezuela), Letras Uruguay (Uruguay),
Margutte (Italia), Ombligo (México), Resonancias. org (Francia), Baquiana o Herederos del k(c)aos (ambas de EE.UU.), entre otras muchas.

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