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Latidos
porAlejandra Pacheco Manone

 


1.- Hoy imaginé un cielo, o quizás lo soñé. Me gusta pensar que tenía el esplendor de los antiguos maestros italianos: una bruma de azul y lila presagiando el camino del bosque o la anunciación. 

Un cielo sin las heridas del humo y la cicatriz mundana, bajo el que navegan sin destino las criaturas.

En mi cielo, los rumores fecundos inauguran cada día, como si un destello acompañara los vientos conjurando el paso del estío.

Lo guardo como puedo en un cajón de la memoria donde van a parar algunos desamparos. Y allí lo protejo, mientras afuera inexorable y cadencioso avanza el otro cielo.

 

2.-Llueve de forma leve. Apenas la niebla ha comenzado a separarse de las cosas que ha tomado para sí, desde que inició el alba.

Hay una flor agonizando, las hojas dispersas en el piso parecen no acabar nunca. Su mendicidad ecuménica agobia. Ese llanto vegetal con el que parece renegar del día.

Detrás de su sombra, esta mañana me he mirado al espejo, como si llegara de alguna parte que no recuerdo.

Al despertar observé las cortinas, el piso, el juego de los gatos. Nuestros pequeños seres espectrales.

Al alba ya estaba presente esta lluvia, como una súbita advenediza en el territorio, marcando la forma de nuestro silencio.

 

3.- Desde el umbral te veo pequeño sauco. Cruzas el pórtico donde has dejado tu cuerpo, merodeas trashumante las alcantarillas.

 Nadie recuerda tus hojas flotando en abril, pero tú avanzas sobre los bosques, azulando el horizonte de los que te procuran.

Acaricias las heridas, adormeces los golpes, esos desconocidos que anidan en el cuerpo.

Haces todas estas tareas como pequeño duende mientras te cogen lívido y desnudo bajo el sol meridiano.
 
 

4.- He perdido el deseo de hablar del apocalipsis. Afuera anoche lentamente, imagino la niebla retomando los olores de la tarde.

Hoy soñé a la Bestia sentada en la cocina. Parecía esperar desde una cifra eterna mirando el agujero del techo por donde llegó. Ella no podía estar más triste. Absorta en un lugar oscuro y remoto.

Por eso tuve paciencia cuando acercó su cabeza. Ambas esperamos algo, mientras desde allá lejos un jirón de vacío descarnado nos mecía.

 

5.-Han dado las doce. Desde mi ventana veo una laguna. En sus aguas descansan los cuerpos muertos, entre peces y animales del limo.

Bajo un sol larvado en silencio, han ido creciendo helechos en su borde, atravesados por una lengua huracanada.

Me dices lo que debo saber: hay una huella, una grieta antigua que escapa. No sé qué responder, cómo habitar tus palabras.

Parece que tú y los tuyos quisieran renacer desde aquel sol blanco, en las piedras coaguladas, en los animales mudos que un antiguo rey dejó atrás.

Pero hacia donde miras no alcanzo a ver. Presiento tantos ríos huérfanos que la hechura de esta noche se dilata en mi interior.

 

6.- Hoy inicias tu marcha. Te veo caminar por rumbos que desconozco, pero presiento bajo la lluvia.

Exploras la periferia del pueblo como el perímetro de tu corazón.

Te escucho abrir las puertas y salir a ese mundo tardío mientras caen semillas de lima y azahares.

Pienso en tus pies que han andado tantos rumbos. Oigo como te vas hacia el crepúsculo con un rumor que desancla todas las ataduras. Un sueño se desliza cauteloso sobre el dorso de la montaña en penumbras.

Te veo ir hacia un horizonte que busca asir esa exhalación de la vida primigenia. El aletear de los pequeños búhos, el eco de las frases inconclusas.

Entonces imagino que regresas como desterrando ausencias, con los cardos y las diamelas metidas en la médula.

Y veo que tu rostro se devela como si todos los gorriones volaran hacia un lugar que hemos olvidado.

 

 

© Alejandra Pacheco Manone. Nacida en Montevideo, Uruguay. Naturalizada mexicana en 2013 Doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de Michoacán, A,C; Maestra en Psicobiología por Universidade de Sao Paulo, Brasil. Ha sido académica en varios centros de Uruguay, Brasil, México, y conferencista en Italia y otros países. Ha publicado relatos y poesía, en revista cultural Amsterdam Sur, Cronopio, MiNatura, La ira de Morfeo, Dos mares dos islas, La cabeza del Moro. Su relato ¨Agnus Dei¨, integra la antología La noche y los guerreros de fuego. Premio Latin Heritage Foundation 2011,también su poemario ¨El aliento de un animal en invierno¨, integró la antología. Años Épicos. 2010.

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