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El otro día/Duendes
porCarolina Sánchez

 

El otro día

El otro día llovió dentro de mi cuarto,
y saqué del cajón líneas de palabras,
 desamparadas letras
hace mucho tiempo arrinconadas.
 El otro día llovió justo encima de mi cama,
era una de esas nubes grises que se paran
y descargan toda su rabia.
Ese día golpeó mis sábanas,
la colcha empapada,
la almohada levemente salpicada.
El otro día llovió en mis versos,
deformados por el efecto del agua,
parecía que se movían,
parecía que lloraban.
El otro día llovió en mi ropero,
todas las prendas pesaban,
las perchas se resistían,
ante la inevitable fractura
que el derrame de la ropa provocaría.
El otro día llovió en todas partes,
en el desierto,
en la playa,
en los montes,
en la sabana... Llovió en todas partes.
pero en ningún sitio tanto,
como lo hizo aquí el otro día,
en mi cuarto.

 

Duendes

Estamos embebidos por las repeticiones
días tras día,
agotados por el abandono de la euforia.
¿Acaso ya están exprimidos todos nuestros duendes?
Aquellos seres de semblante travieso
que con su risa escandalosa hacían magia,
ignorando los códigos tediosos,
abrazando la improvisación,
alimentando con pasos arriesgados nuestra danza.
¿Dónde quedó aquel espíritu que se alzaba
por encima de todas las cabezas?
¿Cuándo cambiamos la timidez
por aquella plenitud que nos permitía
extender los brazos hasta arañar
la inaccesible grandeza?
Se hace evidente la necesidad del retorno,
y si hemos comprendido el motivo
por el cual precisamos
la reaparición de esos hechiceros impíos,
si de verdad hemos descifrado el sentido,
silbemos efusivamente y con avidez,
y nos hincharemos con gases renovados,
recibiendo con los brazos abiertos
a nuestros queridos duendes.
Solo tenemos que recordar como llamarlos,
solo hay que recordar el sonido adecuado,
solo tenemos que salir un momento
de aquella falsa fábula


 

 

© Carolina Sánchez

92ariadna